Santillana es un poeta que ni remotamente puede compararse con el Arcipreste de Hita. No es original ni en los asuntos ni en la manera de tratarlos, ni en el estilo, en el brío, en el color, en la delicadeza y sentimiento, ni en el lenguaje. Tampoco era un sabio, ni sabía latín ni menos griego, ni supo sobreponerse á las falsas interpretaciones que la erudición de su tiempo daba al arte clásico, ni á la doctrina estética reinante. Fué con todo un artista imitador de cuanto bueno hallaba á mano, un erudito de los mejores de entonces, uno de los que mayor empuje dieron al estudio de las letras y al Renacimiento italiano, trayéndolo á España. Tentólo todo y todo lo hizo adelantar. Admirador de Dante, Petrarca y Boccaccio, les imitó y hasta les copió no pocas cosas, siendo de los más gloriosos precursores de Boscán. Fué un aficionado de las Humanidades, sin llegar á ser humanista, que no los podía haber en aquel siglo. Rodeado de una verdadera corte literaria, encargó á otros versiones de libros de que poderse aprovechar y con que aprovechar á los demás. Conocía la literatura francesa de los siglos xiv y xv, la catalana y la italiana, de la antigua provenzal harto poco y de segunda mano. Lo que no conoció ó menospreció fué la poesía española de origen popular, porque no veía más que la erudita y culta. Ni siquiera el nombre de cantar de gesta suena en sus obras; aun del mester de clerezia sabía bien poco, pues ni nombra á Berceo. Sus aficiones estaban en Italia, y así creyó que sus sonetos serían su más alta gloria, pero se engañó. Santillana vive y vivirá por sus decires y serranillas, no porque fuera el primero que las hizo, ni siquiera el que mejor las hizo, sino porque en aquel siglo no hubo otro que las hiciera mejor desde el Arcipreste, que le sobrepuja de cien codos, hasta Juan del Enzina y Gil Vicente.
304. Sobre la Comedieta, dice su autor en el prohemio: "É intituléla deste nombre por quanto los poetas fallaron tres maneras de nombre á aquellas cosas de que fablaron, es á saber: tragedia, satyra, comedia. Tragedia es aquella que contiene en sí caydas de grandes reyes é príncipes, asy como de Hércoles, Príamo é Agamenón é otros atales, cuyos nascimientos é vidas alegremente se comenzaron é grand tiempo se continuaron é después tristemente cayeron. É del fablar destos usó Séneca el mancebo, sobrino del otro Séneca, en las sus Tragedias, ó Johan Boccaccio en el libro De casibus virorum illustrium. Satyra es aquella manera de fablar que tovo un poeta que se llamó Satyro, el qual reprehendió muy mucho los vicios é loó las virtudes; é desta manera después dél usó Oracio é aun por esto dixo Dante: "L'altro è Oracio sátiro, che vene...". Comedia es dicha aquella cuyos comienzos son trabajosos é después el medio é fin de sus días alegre, gozoso é bienaventurado; é desta usó Terencio, Peno é Dante en el su libro, donde primero dice haber visto los dolores é penas infernales é después el Purgatorio é después alegre é bienaventuradamente el Paraíso".
Los pecados capitales del estilo de Santillana son debidos á ser de los primeros que traían á España el renacimiento clásico, lo cual desarma á cualquier crítico, aunque á la vez retraiga á los lectores comunes: la comezón por rebutir sus escritos de nombres mitológicos y erudiciones lejanas, que, no diciendo nada á los lectores españoles, les deja fríos y ahitos de tan trasnochada erudición, y el hipérbaton y voces latinas con que retuerce y enturbia la lengua castellana creyendo ennoblecerla y engalanarla. Eran los primeros pinitos del clasicismo y nada tiene de extraño anduviese á trompicones; mayor culpa les cupo á los que le siguieron, no acabando de dejar esta material imitación y no acertando á beberle al clasicismo su verdadero espíritu, que cabalmente está en la sublime naturalidad y en el arraigo, cuanto al pensar, sentir y hablar, en las entrañas y alma del pueblo y de la raza.
Herrera, en su Comentario á Garcilaso: "No en la edad de Boscán, como piensan algunos (se introdujo la versificación toscana); que más antigua es en nuestra lengua, porque el Marqués de Santillana, gran capitán español y fortísimo caballero, tentó primero con syngular osadía y se arrojó venturosamente en aquel mar no conocido y volvió á su nación con los despojos de las riquezas peregrinas. Testimonio desto son los sonetos suyos, dinos de veneración por la grandeza del que los hizo y por la luz que tuvieron en la sombra y confusión de aquel tiempo".
Sobre sus trabajos dice el Marques: "Á ruego é instancia mía, primero que otro alguno, se han vulgarizado en este reyno algunos poemas, así como la Eneyda, de Virgilio; el libro mayor de las Transformaciones, de Ovidio; las Tragedias, de Lucio Aneo Séneca, é muchas otras cosas en que yo me he deleytado fasta este tiempo é me deleyto é son asy como un singular reposo á las vexaciones é trabaxos que el mundo continuamente trahe, mayormente en estos nuestros reynos". Su capellán, Pedro Díaz de Toledo, puso en romance el Phedon, de Platón, antes de 1450. Su hijo don Pedro González de Mendoza tradujo probablemente á Homero de la versión latina del milanés Pedro Cándido Decimbre, y bien pudiera ser el texto castellano de los cinco primeros libros de la Ilíada vertidos del latino del dicho milanés, y dedicados á don Juan II, que Volmöller ha descubierto. Véase la carta del Marqués á su hijo donde á esto alude. Sobre la biblioteca del Marqués, cuyos restos paran en la Nacional, véase Amador de los Ríos. Todavía dura, aunque no en España, el códice magnífico del Roman de la Rose, que le perteneció. Además de Guillermo de Lorris y su continuador, hállanse citados en sus escritos Michante (Michault), que escribió "un grand libro de baladas, canciones, rondeles, lays é virolays é assonó muchos dellos"; Micer Otho de Grandson (Alain Chartier), "muy claro poeta moderno é secretario deste rey Luis de Francia (Luis XI), que con grand elegancia compuso é cantó en metro el Debate de las quatro damas, la Bella Dama Sanmersi, el Revelle matin, la Grand pastora, el Breviario de nobles é el Hospital de amores, por cierto cosas asaz fermosas e placientes de oir". Todos estos poetas franceses son de la escuela alegórica y pedantesca, cuyo principal monumento es el Roman de la Rose. "Los catalanes, valencianos é aun algunos del reyno de Aragón fueron é son grandes officiales desta arte". Conoció á Pedro March el viejo, al petrarquista Mosen Jordi de Sant-Jordi "el cual ciertamente compuso asaz fermosas cosas, las quales él mesmo asonava, ca fué músico excelente"; á Ausias March, "grand trovador é ome de assaz elevado espíritu". "De los provenzales parece haber conocido las poéticas más bien que los poetas, dice M. Pelayo, y aun éstos sólo de nombre y por citas de los italianos. Así, de Arnaldo Daniel, uno de los poquísimos que menciona (sin duda por haberle encontrado en la Divina Comedia), dice expresamente que no había visto obra alguna".
Los Proverbios de Enigo de mendoça con su glosa se imprimieron, próximamente, en 1490, Zaragoza (Bibliogr. Zarag. del siglo xv). También hizo traducir Santillana del italiano las Tragedias de Séneca (Amador de los Ríos, edic. de Santillana, págs. 639 y 482).
Sobre la biografía de Santillana: Crónica de don Juan II; Tomás Antonio Sánchez, Colección de poesías castellanas anteriores al siglo xi; Amador de los Ríos, Vida del Marqués de Santillana, en la edición de sus obras; Schiff y M. Pelayo, que se citarán luego.
Centiloquio, impreso en 1496, 1558.
305. Marqués de Santillana. Cancionero. Ed. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero castellano del siglo xv. Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX; Obras, ed. J. Amador de los Ríos, Madrid, 1852; Bias contra fortuna [facsímile de la ed. de Sevilla, 1502, por Archer M. Huntington], New York, 1902; Refranes que dizen las viejas tras el fuego, ed. U. Cronan, en Revue Hispanique (1911), t. XXV, págs. 134-176; Testament du marquis de S., ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1911), t. XXV, págs. 114-133. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. V, págs. lxxxviii-cxliv; B. Sanvisenti, I primi influssi di Dante, del Petrarca e del Boccaccio sulla Letteratura spanuola, Milano, 1902, págs. 127-186; M. Schif, La Bibliothèque du marquis de Santillane, París, 1905 (Bibliothèque de l'École des Hautes Études, fasc. 153); A. Vegue y Goldoni, Los sonetos "al itálico modo" de don Íñigo López de Mendoza: estudio crítico y nueva edición de los mismos, Madrid, 1911.
En 1430 se acabó la "Biblia romanceada, por Rabí Mosé Arragel de Guadalfajara, á petición de don Luis de Guzmán, maestre de Calatrava, con ayuda é información de los muy honorabiles famosos sabios é señores angeles divinos don Vasco de Guzmán, arcediano de Toledo, é el maestro frey Arias de Encinas, guardián del convento é estudio de San Francisco de Toledo, é el maestro fray Juan de Zamora, de la Orden de Predicadores", como puso por título el mismo Mosé Arragel á la famosa Biblia que guarda la Casa de Alba. Véase: Homenaje á M. Pelayo, II, pág. 5; Gallardo, t. IV, col. 1485.