En las Semblanzas: "No pequeña confusión para Castilla, que los grandes, prelados é caballeros, cuyos antecesores á magníficos é nobles reyes pusieron freno, empachando sus desordenadas voluntades con buena é justa osadía por utilidad é provecho del reino é por guarda de sus libertades, que á un hombre de tan baxa condición como éste así se sometiesen. Y aun por mayor reprehensión e increpación dellos digo que no sólo á este simple hombre, más á una liviana é pobre mujer, ansi como Leonor López, é á un pequeño é raez hombre, Hernán López de Saldaña, ansi se sometian é inclinaban, que otro tiempo á un señor de Lara ó de Vizcaya non lo hacían ansi los pasados. Por causa de brevedad no se expresan aquí muchas maneras é palabras desdeñosas é aun injuriosas, que los susodichos dijeron á muchos grandes é buenos: lo qual es cierta prueba é claro argumento de poca virtud é mucha cobdicia del presente tiempo; que con los intereses é ganancias que por intercesión de ellos avian, no pudiendo templar la cobdicia, consentían mandar é regir á tales que poco por linajes é menos por virtud lo merecían... Ca, en conclusión, á Castilla posee hoy é la enseñorea el interesse, lanzando della la virtud é humanidad". De don Juan II dice que ni antes ni después de la muerte del Condestable "hizo auto alguno de virtud y fortaleza en que mostrase ser hombre". De Enrique III dice que era "asaz de buena disposición..., blanco é rubio, é la nariz un poco alta; pero cuando llegó á los diez y siete años hobo muchas y grandes enfermedades, que le enflaquecieron el cuerpo é le dañaron la complesion, é por consiguiente se le dañó é afeó el semblante", "muy grave de ver é de muy áspera conversación, ansi que la mayor parte del tiempo estaba solo é malenconioso", de no mucha discreción, pero "á los rreyes menos seso y esfuerzo les basta para regir que á otros hombres, porque de muchos sabios pueden haber consejo".

La Floresta de philosophos, publicada en la Revue Hispanique, 1904, según el único Ms. de la Nacional (P. 156, hoy 4.515), se atribuye á Fernán Pérez de Guzmán: tiene muchas sentencias de Séneca.

309. En 1431 entregó á Eugenio IV Andreas de Escobar, benedictino, Obispo de Megara, su Gubernaculum Conciliorum. En 1437 compuso el Tractatus copiosus contra quinquaginta Graecorum errores.

El cardenal y obispo de Cesárea Juan de Segovia, uno de los que ilustraron el Concilio de Basilea (1431-1442), copiló las Concordantias biblicas vocum indeclinabilium. De processione Spiritus sancti ex Filio. De summa auctoritate Episcoporum in universali Concilio. De actis Concilii de Basilea. De immaculata Virginis Deiparae conceptione, impreso en Bruselas, 1664. De mittendo gladio spiritus in Saracenos. Con él ilustraron el Concilio Juan de Torquemada y Juan Polemar, además de Alonso de Cartagena, árbitro del Concilio.

Juan Polemar ó Palomar, que asistió al Concilio de Basilea, archidiácono barcelonés, capellán de Eugenio IV y oidor del Sacro Palacio, escribió Contra Basileense Concilium. Positio super possessione bonorum temporalium ab Ecclesia. Pro temporalitate et iurisdictione Ecclesiae, etc.

Juan de Casanova, natural de Barcelona, que entró en la Orden dominicana ya de edad madura, en 1403, y murió en Florencia, en 1436, maestro del Sacro Colegio, Obispo de Cerdeña y de Elna, confesor de Pedro V de Aragón, cardenal desde 1430: Contra schismaticos Basileenses. De potestate Papae supra Concilium. Obras dirigidas á Eugenio IV (1431-1447).

En 1433 Fray Lope Ferrández, agustino, escribió Espejo del alma. De la Penitencia (Bibl. Escor.; Nic. Ant., Bibl., II, 236).

310. Año 1434. El Libro del Passo honroso defendido por el excelente cavallero Suero de Quiñones fué redactado por el notario Pero Rodríguez de Lena, testigo del famoso torneo que sostuvo aquel caballero con nueve otros contra cuantos aventureros se presentaron, el año de 1434. Resumiólo en 1588 el franciscano Juan de Pineda.

311. El espíritu aventurero, debido en parte á las leyendas caballerescas, pusieron de moda en España los torneos y justas, como las que se celebraron en la plaza de la Petite Brétagne y en la Cousture Sainte-Catherine, cerca de París, á las cuales asistió Pero Niño, en tiempo de don Juan II, como aventurero. Don Álvaro de Luna y Santillana tomaron parte en ellos. Aventureros como Suero de Quiñones tuvimos, entre otros, en España, á Juan de Merlo, Gonzalo de Guzmán, Juan de Torres, J. de Polanco, Mosén Pero Vázquez de Saavedra, Gutierre Quixada, Mosén Diego de Valera y Diego García de Paredes. El más famoso de los celebrados en España fué el llamado Paso honroso, de Suero de Quiñones, caballero que votó llevar al cuello todos los jueves una anilla de hierro en señal de servidumbre para con su dama y se presentó á defender con otros nueve el puente de San Marcos, de Orbigo, cerca de León, contra cuantos campeones extranjeros le disputasen el paso. Duró la justa desde el 10 de julio hasta el 9 de agosto de 1434 y describióla Lena, que se halló presente, con los pormenores de un proceso verbal. Quedaron heridos Suero de Quiñones y ocho de los suyos; murió uno de los contrarios, y otro, por haber bien librado, juró de no cortejar más á las monjas de allí adelante. Setecientos combates se tuvieron con un sinnúmero de peripecias, que se leen con gusto, sobre todo en Juan de Pineda. Passo honroso defendido por el excelente cavallero Suero de Quiñones. Copilado de un libro de mano, etc.; Salamanca, 1588 [facsímile por Archer M. Huntington, New-York, 1902]; ed. Real Academia de la Historia, 1783 (compendio hecho por fray Juan de Pineda del libro de Pedro Rodríguez de Lena, libro que no se ha publicado íntegramente).

312. En 1434 Diego de Lobrañan, criado de Alfonso González de León, contador del Rey, tradujo el Valerio Maximo. (Nic. Ant., Bibl., II, 237).