En 1435 Juan Ximénez Cerdán, Justicia de Aragón de 1390 á 1423, escribió una famosa carta sobre su oficio de Justicia de Aragón. Hacia 1437, el Justicia Martín Díaz de Aux ordenó las Observancias, de Salanova, Hospital y otros. (Nicol. Antonio, Bibl., II, págs. 237 y 242).
313. En 1436 acabó de escribir Raimundo Sabunde el Liber Creaturarum seu Naturae seu Liber de Ηomine, ...inchoatus et inceptus in alma universitate venerabilis studii Tholosani, anno Domini millesimo quadringentesimo tricesimo quarto et completus et terminatus in eadem universitate anno 1436 in mense Februarii, undecima die, quae fuit die sabbati, como ya había notado Nicolás Antonio (Bibl. vet., II, pág. 215). Tal dice el códice de Tolosa. D. Reulet, Un inconu célèbre, Recherches historiques et critiques sur Raymond de Sabonde, París, 1875. El autor murió el mismo año 1436, como se dice en la nota final del códice tolosano, y en ella se le llama Sibiude. Desde el abad Trithemio (1498), Montaigne, todos lo tuvieron por barcelonés; Reulet le ha querido hacer provenzal, pero sin pruebas (M. Pelayo, Cienc. esp., t. II, pág. 283, 3.ª ed.). Se imprimió en Deventer, 1484; París, 1509, aunque se supone hubo edición anterior. Púsolo en mejor latín Pedro Dorland: Viola animae, Milán, 1517, traducida al castellano por fray Antonio de Arés: Diálogo de la naturaleza del hombre, 1616. También lo tradujo Juan Amós Comenio al latín: Ocultis fidei, Amsterdam, 1661. Trithemio dice que escribió además Quaestiones Controversae. La bibliografía del Liber Creaturarum, en la Revista de Instrucción pública, 1857, por Suárez Bárcena. Sabido es que Montaigne lo tradujo al francés en el siglo xvi, haciendo gran caudal de nuestro filósofo, cuya obra dijo que estaba "basti d'un espaignol baragouiné en terminaisons latines"; pero "trop riche et trop beau pour un auteur duquel le non soit si peu cogneu". En los libros de actas de la Universidad de Tolosa se lee: "Raymundus Sabunde, in Universitate Tolosana medicinae professor, defunctus anno 1436".
314. Año 1437. Juan de Torquemada (1388-1468), dominico á servicio del Papa (1431), fué enviado por Eugenio IV al Concilio de Basilea y al de Florencia (1439), donde fué de los redactores del decreto de unión de la Iglesia griega; como Cardenal (1439) asistió á la Asamblea de Bourges (1440), y fué Obispo de Palestrina (1455) y de Sabina (1464). Compuso 27 obras impresas y 14 manuscritas. Meditationes, Roma, 1467, 1473; Foligno, 1479; Albi, 1481. Expositio brevis et utilis super toto Psalterio, Roma, 1470; Ausburgo, 1472; Maguncia, 1474. Tractatus de aqua benedicta, Roma, 1475. Quaestiones spiritualis convivii delicias praeferentes super Evangeliis tam de tempore quam de Sanctis, Roma, 1477. Commentarii in decretum Gratiani partes V, Lyon, 1519, 6 vols.; Venecia, 1578; Roma, 1726. Obra acabada en Roma el 1451. Summa de Ecclesia, Salamanca, 1560. Contra errores perfidi Mahometii, Roma, 1606. De corpore Christi adversus Bohemos, otros libros contra los Hussitas. Contemplationes. Apología de las Revelaciones de Santa Brígida. Quaestiones de praeceptis iuris naturalis. De Deo. Super decreto unionis Graecorum in Concilio Florentino edito, Venecia, 1561. Tractatus contra Concilium Basileense. Tractatus de decreto irritante, factus in Concilio Basileensi. Quod non liceat appellare a Concilio ad Papam. De veritate conceptionis b. Virginis, pro facienda relatione coram Patribus Concilii Basileae anno Domini MCDXXXVII. Flores sententiarum D. Thomae, etc., etc.
315. Año 1438. Alfonso Martínez de Toledo (1498-1470?), arcipreste de Talavera, nació probablemente en Toledo, debió de estudiar en Salamanca, tomando el grado de Bachiller en Decretos, pasó luego al reino de Aragón, donde estuvo de 1420 á 1430, poco más ó menos, y vuelto á Castilla logró el Arciprestazgo de Talavera. Escribió en 1438, siendo capellán de don Juan II, el Corbacho ó Representación del amor mundano, ó como el autor quiso que su libro se llamase, el Arcipreste de Talavera. En 1443 escribió la Chronica intitulada Atalaya de las Corónicas, que contiene los grandes hechos de los Godos y Reyes de España sus subcesores, escrita por Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera y Capellán del Rey Don Juan el Segundo de Castilla, que comprende la historia de España desde Walia hasta don Juan I, ambos inclusive. En 1444 acabó de escribir las Vidas de San Isidoro y San Ildefonso, ilustrándolas con algunos escritos de ellos. En 1448 era ya Racionero de la iglesia de Toledo y capellán de la Capilla de los Reyes, de la misma iglesia, y allí debió de morir hacia 1470.
316. Él mismo dice tenía cuarenta años al escribir, en 1438, el Corbacho. En nota ológrafa, que puso en un ejemplar de la Crónica Troyana, se lee: "Ego Alfonsus Martini, archipresbiter Talaverensis... porcionarius eclesiae Toletanae, eadem oriundus civitate". En la Vida de San Ildefonso dice: "O cibdadano del cielo emperial | Ildefonso de Toledo natural, | ruega á Ihu X[=ρο] eternal | por mi Alfon aunque non tal, | porque nascí pecador | donde tu fueste señor". De su estancia en Valencia véase edic. 1901, pág. 266; en Tortosa, pág. 71; en Barcelona, pág. 72. Ediciones del Corbacho, con varios títulos, sobre todo: El Arcipreste de Talavera, que fabla de los vicios de las malas mugeres ᘔ complexiones de los hombres, Sevilla, 1495 (desconocida, cítala Panzer); Sevilla, 1498; Toledo, 1499, 1500, 1518, 1529; Sevilla, 1547; Madrid, 1901 por la Socied. Biblióf. Españoles.
El autor quiso que su libro "sin bautismo sea por nombre llamado Arcipreste de Talavera, dondequier que fuere levado". Pero cada editor mudó el título á su talante. Pérez Pastor tomó para su edición de 1901 del Corbacho el códice iij-h-10 de la Biblioteca de El Escorial, citado por Gallardo (t. III, 666), que es del siglo xv, anotando las variantes de las ediciones incunables de Sevilla, 1498, y Toledo, 1500, con las que corrige y completa el códice, el cual parece escrito en 1466; pero el libro, según su epígrafe, fué compuesto por Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talauera, en hedat suya de quarenta annos, acabado a quinze de Março, anno del nascimiento del Nuestro Saluador Ihesu X.º de mil e quatroçientos e treynta e ocho annos. Copia de un original de la Chronica, coetáneo del autor, y que sacó Pedro Rodríguez Campomanes, está en la Academia de la Historia, y merece publicarse. Un códice de las Vidas hay en la Nacional (1178); otro en El Escorial (b, iij, 1); otro en la biblioteca de M. Pelayo. El cargo de Capellán en Toledo, etc., se halla en nota autógrafa que puso en su ejemplar de la Crónica Troyana, que para en la casa de Alba. Hay documento (Archivo de la capilla de los Reyes Nuevos) donde firma el primero como el más antiguo de los capellanes, año de 1466. Pérez Pastor (edic.): "El Léxico del Arcipreste de Talavera es tan variado y original, que desde antiguo llamó la atención de los eruditos, ya porque algunas voces usadas en este libro no se encuentran en ningún autor de los que han escrito en castellano, ya también porque el autor tomó muchas palabras y frases del lenguaje popular y recogió no pocas del mismo arroyo". Es probable que á Martínez de Toledo deba atribuirse una de las versiones castellanas de los libros De summo bono, de San Isidoro, que se hallan en la Biblioteca Nacional.
317. Es el Corbacho un "tratado contra las mujeres, que con poco saber, mezclado con malicia, dicen é facen cosas non debidas", "reprobación del loco amor", "compendio breve y muy provechoso para información de los que no tienen experiencia de los males y daños que causan las malas mujeres". Es, pues, una sátira de costumbres, como la obra del de Hita y como la Celestina, pero en prosa, y sin ser drama, sino tratado. Corbacho, por otro nombre, á imitación de Il Corbaccio ó Laberinto d'Amore y el tratado De claris mulieribus, obras ambas de Boccaccio, pero sin la exageración con que en la primera se ensaña en ellas y las alaba en la segunda. Además, es sátira sin alegorías, más desinteresada y general, más amena, regocijada y chistosa. Eslabones de una misma cadena de las obras maestras de la literatura castellana son el Libro de Buen Amor, el Corbacho, La Celestina, el Lazarillo y el Quijote, todos satíricos, de asunto ético, de habla castiza y popular, todos imitadores, cada cual de su predecesor.
318. La critica mordiendo y el panegírico ensalzando á las mujeres, fué tema común de aquel tiempo desde que Boccaccio compuso sus dos obras. Así Juan Rodríguez del Padrón escribió el Triumpho de las donas contra el Corbacho, de Boccaccio, y no menos Diego de Valera en su Defensa de virtuosas mujeres, y don Álvaro de Luna en el Libro de las virtuosas e claras mujeres; en cambio, Jaime Roig las satiriza en el Libre de les dones, y Francisco Eximenis en el Libro de las Donas.
319. El estilo y lenguaje del Arcipreste de Talavera no es peor ni mejor que el de los demás escritores de su tiempo en gran parte de sus libros; pero hay unos cuantos capítulos en el Corbacho que sufren el cotejo con los mejores trozos de La Celestina y del Quijote. No hay que asombrarse: Cervantes imitó La Celestina y Rojas imitó el Corbacho en esos trozos. Cuando se abaja á recoger á puñados los dichos cortados, elípticos, de rompe y rasga de las comadres del barrio y de la plaza, entonces es cuando toda prosa anterior y aun posterior, salvo los trozos semejantes de las dos grandes obras dichas, queda enteramente oscurecida. Allí se ve la pujanza realista, el nervio, el donaire, el gracejo del habla castellana en toda su desnudez del uso vulgar, sin las veladuras que los eruditos suelen echarle, sin la sosera con que la deslíen, y mucho más sin los retorcijones hiperbáticos del clasicismo de los Villenas y Santillanas. Fué el de Talavera, en prosa, en esos momentos, lo que el de Hita en verso, porque entrambos bebieron en la misma fuente el habla vulgar sin cortapisas ni artificios. Y nótese que esos trozos se oyen hoy en día por ahí, sin quitar una hilacha; ¡cuántos siglos haría que el pueblo se expresaba de la misma manera y los clérigos del mester erudito lo despreciaban! Tan lozana y fresca es esa manera de decir del Arcipreste como si hoy se escribiera, tomándola por medio del fonógrafo de entre las tías que salen á solejar á la puerta de la calle, á juntar delantales, como ellas dicen. Hay que hacer hincapié en esto, porque el criterio moderno de apreciar lo popular y ponerlo muy por cima de lo erudito queda tan resplandecientemente probado con la prosa de un Arcipreste como con el verso del otro.
320. M. Pelayo, Oríg. novel., t. I, pág. cx: "La literatura castellana del siglo xv nos ofrece un singular escritor, que, sin ser novelista, ni haber cultivado el apólogo más que ocasionalmente, influyó como pocos en el desarrollo de la literatura novelesca, transformando el tipo de la prosa, sacándola de la abstracción y aridez didáctica, de que sólo don Juan Manuel, aunque por diverso camino, había acertado á librarse, vigorizando los lugares comunes de moral con la observación concreta y pintoresca de las costumbres, y derramando un tesoro de dicción popular en el cauce de la lengua culta. La lengua desarticulada y familiar, la lengua elíptica, expresiva y donairosa, la lengua de la conversación, la de la plaza y el mercado, entró por primera vez en el arte con una bizarría, con un desgarro, con una libertad de giros y movimientos, que anuncian la proximidad del grande arte realista español. El instrumento estaba forjado: sólo faltaba que el autor de la Celestina se apoderase de él, creando á un tiempo el diálogo del teatro y el de la novela. La obra del Arciprestede Talavera fué de las más geniales que pueden darse: no tiene más precursor en Castilla que el Arcipreste de Hita, á quien algunas veces cita, y en cuyo estudio parece empapado... Se parecen (los dos Arciprestes) en lo opulento y despilfarrado del vocabulario, en la riqueza de adagios y proverbios, de sentencias y retraheres, en la fuerza cómica y en la viveza plástica; en el vigoroso instinto con que sorprenden y aprisionan todo lo que hiere los ojos, todo lo que zumba en los oídos; el tumulto de la vida callejera y desbordada... Salvo algunos textos históricos, cuya excelencia es de otra índole, no hay prosa del siglo xv que ni remotamente pueda compararse con la sabrosa y castiza prosa del Corbacho. Castiza he dicho con toda intención, porque en sus buenos trozos no hay vestigio alguno de imitación literaria, sino impresión directa de la realidad castellana. Es el primer libro español en prosa picaresca: la Celestina y el Lazarillo de Tormes están en germen en él".