321. Alfonso Martínez de Toledo. Arcipreste de Talavera, ed C. Pérez Pastor, Soc. de Biblióf. españoles, 1901. Consúltense: Arturo Farinelli, Note sulla fortuna del Corbaccio nella Spagna Medievale, Halle, 1905, Miscelanea Mussafia.
322. Año 1438. Juan de Mena (1411-1456), nació en Córdoba, fué nieto del señor de Almenara Rui Fernández de Peñalosa é hijo de Pedrarias, regidor ó jurado de aquella ciudad. Quedó huérfano muy pronto y con mediana asistencia de los suyos, de modo que pasó mal su mocedad y sólo comenzó los estudios cuando tenía veintitrés años, los cuales hizo en Salamanca, Córdoba y Roma, no sabemos á la sombra de quién. Vuelto á España, tuvo en la corte el cargo de Secretario de cartas latinas, después el de Veinticuatro de Córdoba y el de Cronista regio. Valióle la amistad de Santillana, que le honró en vida y en muerte y fué el poeta más valido de don Juan ii y de don Álvaro de Luna, á quienes no fué, como otros, desleal. Fué dulce en sus palabras y modales, pálido, enfermizo y gran trabajador. Corren dos variantes acerca de su muerte. Valerio Romero dice que de un "rabioso dolor de costado"; Fernández de Oviedo (Quincuag., pte. II, est. 13), que "una mula le arrastró e cayó della de tal manera, que murió en la villa de Torrelaguna", pero todos convienen en que en Torrelaguna murió y fué sepultado.
Á pesar de haber sido el cronista de Juan II, no tuvo parte en la Crónica de aquel Rey y sólo tenemos de su pedantesca é infame prosa el comentario á su poema de la Coronación y el breve compendio de la Ilíada en romance, tomado de las Periochae de Ausonio y del seudo Píndaro tebano, donde gana al mismo Villena en hinchazón y erudición intempestiva. En los versos cortos no se diferencia de los demás poetas cortesanos de su tiempo. Las coplas de Lo claro escuro encierran una tal mezcla de conceptismo sutil y de oscuridad enigmática, que se adelantó más de un siglo á Góngora, su compatriota.
La Coronación ó Calamicleos (1438), en 51 quintillas dobles, es ya un poema alegórico en que se finge arrebatado al Parnaso y ve coronar á Santillana; pero se detiene más hablando "de la miseria de los malos y de la gloria de los buenos, por que un contrario puesto cabe otro, más reluzga". Para más imitar á Dante piérdese el poeta en bravía selva, yendo á parar al infierno, donde contempla "los tormentos de los damnados". Tan oscuro hacen este poema la rimbombancia y las descabelladas alusiones á la historia, á la fábula y á la astronomía, que tuvo que añadir su correspondiente comentario "literal, alegórico y anagógico" á una obra, que según dice, pertenece al género "cómico y satírico", porque empieza por el infierno y acaba en el cielo, como la Divina Comedia, esto es, porque empieza por males y acaba en bienes, al modo de la Comedieta de Ponza. El comento regocija á veces por lo cándido, pueril, pedante, y la prosa y los versos desregocijan por el hipérbaton, los horribles latinismos y la erudición. Las Coplas contra los siete pecados mortales, que en los códices llevan el título de Debate de la Razón contra la Voluntad, son algo mejores, ó si se quiere, menos malas que el poema de la Coronación. Es la última obra que hizo Juan de Mena, y no está acabada; no tiene los latinismos y extravagancias eruditas de sus demás obras, pero es seco, adusto y sin rasgo poético alguno. Continuaron este sermón rimado Gómez Manrique, Pero Guillén de Segovia y fray Jerónimo de Olivares, de la Orden de Alcántara, añadiendo las disputas de la Gula, Envidia y Pereza y la sentencia de la Prudencia.
La única gloria poética que suelen reconocer á Mena estriba en El Laberinto de Fortuna (1444), ó como los editores después le llamaron Las Trezientas, por las estancias que unos dicen tuvo en los manuscritos, aunque otros afirman no tener más que 297. Es tradición añeja que don Juan II deseó fuese el número de estancias igual al de los días del año, según dice Hernán Núñez (1475-1553) en el comentario que publicó de este poema en 1499, y que así Mena compuso hasta 24 de las 65, tomándole la muerte antes de llegar á este número. Según investigaciones de Foulché-Delbosc, semejante anécdota no tiene fundamento y las 24 añadidas no son de Mena, cortesano por temperamento y por oficio; con las otras tres, que dicen faltaban á las 300 en los manuscritos, hacen parte de un poema fragmentario independiente, escrito por un desconocido que juzga severamente la debilidad del Rey. Es un poema alegórico el de Mena, tan frío y abstracto como todos los que compusieron los imitadores de la Divina Comedia, cuya grandeza está en la fuerza plástica descriptiva, siendo la alegoría un medio secundario para darle unidad; mientras que sus imitadores, no sabiendo ser poetas en la descripción particular, lo reducen todo al camino alegórico, amontonando cosas y vocablos que aluden á recónditas y frías erudiciones. Los personajes y escenas del Dante son vividas, tomadas de la realidad ó creadas por el pueblo cristiano, no abstracciones de vicios y virtudes ó mitologías traídas de allende, al pueblo enteramente ajenas. El camino del bastardeamiento lo abrió Petrarca en sus Triunfos, con la personificación del Amor, la Castidad, la Fama, el Tiempo, etc. Juan de Mena no poseía la visión poética de Dante ni el ingenio y gusto de Petrarca, y así se quedó con la huera corteza de la alegoría y con las secas abstracciones, amontonando de su cosecha indigestas erudiciones y plagando sus versos de voces latinas y retorciendo el habla con el hipérbaton. Hay, cierto, grandeza en algunos trozos y versos bien sonantes, pero nada más, en este poema tan celebrado por los eruditos de su siglo y del siguiente, fárrago indigesto, sin pizca de verdadera poesía, que todavía admiran algunos literatos. Dicen que Mena fué aficionadísimo de Lucano y de hecho le alude y le saquea, mayormente en sus erudiciones, y es tan ampuloso como él; pero su pincel no era nada fino y sus tintas demasiado aguadas, para que ni de lejos se le pueda comparar con su antiguo compatriota. Mena supo como nadie rimar en el arte mayor: es su único merecimiento. El Laberinto tuvo necesidad de glosa y comentario como los demás poemas, porque al fin y al cabo es un verdadero laberinto. Hízolo cumplidamente el Comendador Hernán Núñez y luego el Brocense; pero una obra poética que recién escrita necesita comentario, más tiene de enigma que de poesía.
Juan de Mena es más poeta que Villena y Santillana y, por lo mismo, es mayor duelo que, enredado en la poesía erudita y dantesca, no hiciera más que frías alegorías repletas de vanas erudiciones, sin poner los ojos en las almas y en el mundo que le rodeaba, donde la verdadera poesía siguió oculta por no saberla él sacar, teniendo verdaderas facultades para ello. El habla literaria, prosaica y poética, por la comezón de latinizarla, salió tan manchada y tan retorcida de sus manos, que fueron menester algunos años para que otros ingenios, acudiendo al puro minero popular, la desencostrasen de tan bárbara inmundicia. Si la erudición vale para algo en poesía, vióse en Mena hasta dónde puede alcanzar. ¡Á ese emporcamiento del lenguaje le llamaron algunos propósito de crear una lengua poética! Y no nos vengan con que algunas de sus extravagantes voces latinas han llegado á usarse después, porque los eruditos que las generalizaron hicieron con ello tanto daño al idioma como Mena y eran de la misma escuela erudito-pedantesca.
323. No se sabe si son suyas las Memorias de algunos linajes antiguos e nobles de Castilla que va escribiendo Juan de Mena... por mandado del muy ilustre señor don Álvaro de Luna, que se halla en el códice K-161 de la Biblioteca Nacional; aunque sólo unas veinte hojas de más de ciento que hubo de tener. Seis códices se conocen de la Ilíada, de Mena, cinco en la Biblioteca Nacional, y uno en la de M. Pelayo; se imprimió en Valladolid, 1519. En el Cancionero, de Herberay des Essarts, del cual publicó la parte inédita Pascual Gayangos en el t. I del Ensayo, núm. 484, de Gallardo, hay una docena de poesías de Juan de Mena; las Otras no son suyas; otras hay en el Cancionero general, en el de Baena, Stúñiga, Gallardo, etc., además de las que suelen hallarse con sus tres poemas mayores. Las Coplas de ¡Ay, Panadera! (1445) es imposible que sean de Mena; si lo fueran, hubiera sido verdadero poeta una vez en su vida, poeta popular y satírico. Pero no es esa su vena, y así no me persuado sean suyas tampoco las coplas "Sobre un macho que compró de un Arcipreste", que, con no ser cosa del otro jueves, son populares y de un donaire que no es el suyo. ¿Las hizo acaso alguno sobre la leyenda de su muerte? Si son de Mena, con ser bien poca cosa, es lo único legible hoy en día que compuso.
La continuación de Olivares á las Coplas de los siete pecados mortales es la que ha solido imprimirse en las ediciones de Mena; las de los otros dos poetas están en sus propios Cancioneros, inédito el de Guillén de Segovia. En el Cancionero, de Gallardo, y en otro códice de M. Pelayo: "Fenesce este tractado fecho por Juan de Mena et presentado al rey don Juan II, nuestro señor, en Tordesillas, á veynte e dos días de febrero, año del Señor de mill e quatrocientos e quarenta e quatro años". Según M. Pelayo, tenía 300 estancias; pero las tres últimas parecen realmente añadidas después, así como las 24 que se siguen aparte en las impresiones.
324. Escribieron la biografía de Mena el comendador Griego en la Vida de Juan de Mena, puesta al frente de las Trescientas de la edición sevillana de 1499, y un discípulo de Hernán Núñez, Valerio Francisco Romero, en unas estancias de arte mayor, que con título de Epicedio (canto fúnebre) compuso á la muerte del mismo Comendador y andan al fin de sus Refranes, Salamanca, 1555. Juan de Lucena, Vita beata: "Muchas veces me juró por su fe (son palabras que pone en boca de Santillana) que de tanta delectación componiendo algunas vegadas detenido goza, que olvidados todos afferes, trascordando el yantar y aun la cena, se piensa estar en gloria". "Trahes magrescidas las carnes por las grandes vigilias tras el libro (le dice don Alonso de Cartagena): el rostro pálido, gastado del estudio, mas no roto y recosido de encuentros de lanza". Crón. de don Alv. de Luna, tít. 95: "Era coronista del Rey e tenía cargo de escrebir la historia de los reynos de Castilla, fizo en estos días al nuestro Maestre...". No queda rastro del "suntuoso sepulcro", que dicen le levantó Santillana, y en el siglo xvi escribía Fernández de Oviedo: "Yo espero en Dios de ir pronto á España y le tengo ofrecida una piedra con epitafio", y en 1781, en su viaje por España, sólo halló Ponz una piedra en las gradas del presbiterio con la pedestre inscripción: "Patria feliz, dicha buena, | escondrijo de la muerte, | aquí le cupo por suerte | al poeta Juan de Mena". La gloria de Juan de Mena fué inmensa entre los escritores eruditos de aquellos tiempos. Unos añaden y alargan sus obras, otros las glosan y comentan, todos le respetan y le tienen, sobre todo, en cuenta tratándose de la versificación de arte mayor. Acaso en lo bien que lo manejó estribaba toda aquella nombradía, inexplicable para el que busca al poeta y no al versificador. En las artes de trovar es el dechado citado por todos. En la de Juan del Enzina apenas se alegan otros ejemplos que los de Mena. Nebrija, Gram. castellana, l. IV, c. VII: "Por el poeta entendemos Virgilio e Juan de Mena". Castillejo invoca su autoridad contra los petrarquistas. En la carta del Bachiller de Arcadia: "Hizo trescientas coplas, cada una más dura que cuesco de dátil: las cuales, si no fuera por la bondad del Comendador Griego, que trabajó noches y días en declarárnoslas, no hubiera hombre que las pudiera meter el diente ni llegar á ellas con un tiro de ballesta". Jerónimo de Arbolanches, Epístola á Melchor Enrico, en Las Habidas (1566): "No sé yo hacer, como hizo Joan de Mena, | coplas que se han de leer á descansadas, | el cual, como tenía preñada vena, | trescientas dellas nos dejó preñadas...". Lo que de Mena pensaron H. Núñez y el Brocense puede verse en sus Glosas sobre el mismo poeta. Véanse además Argote de Molina, Discurso sobre la poesía castellana, que va en su edición de El Conde Lucanor (1575), Mariana, Hist. de Esp., l. XXI, c. XVI, y Cervantes, Quijote, II, 44.
325. De La Coronación hay una edición gótica, del siglo xv, con su glosa, sin lugar ni fecha, probablemente de Zaragoza, 1499; Toledo, 1504; Sevilla, 1512, 1520 y 1534; Valladolid, 1536. Glosa sobre las trezientas del famoso poeta Juan de Mena, compuesto por Hernand Núñez de Toledo, Comendador de la Orden de Santiago, Sevilla, 1490 y 1499. Las CCC del famosissimo poeta Juan de Mena con su glosa y las cinquenta con su glosa: e otras obras, Granada, 1505, y Salamanca, 1505. Las Trezientas se publicaron además en Zaragoza, 1506 y 1509 (con glosa anónima); Sevilla, 1512; Zaragoza, 1515; Sevilla, 1517, 1520, 1528, 1534; Valladolid, 1540; Amberes, 1552; Alcalá, 1560 y 1566; Salamanca, 1582 (con notas del Brocense). Obras de Juan de Mena, Sevilla, 1528 y 1534; Valladolid, 1536 y 1540; Toledo, 1547; Amberes, 1552 y 1554; Alcalá, 1566; Amberes, 1582; Salamanca, 1582. Las CCC de Juan de Mena, Zaragoza, 1489 (Bibliogr. Zaragozana del siglo xv); Sevilla, 1496, 1499 (dos, 28 agosto y 7 de octubre, la primera con glosa de Fernán Núñez; la segunda sin ella, así como sin ella salieron las otras dos de 1489 y 1496).