398. Año 1474. Rodrigo de Cota de Maguaque, llamado el tío y el viejo, para distinguirle de otro más joven, fué toledano y judío converso, que azuzó al populacho contra los de su nación, lo cual afiló la pluma de su antiguo correligionario Antón de Montoro para endilgarle las coplas de Gentilhombre de quien so. Murió antes de 1495, ignorándose la fecha de su nacimiento. Lo que le inmortalizó fué el Diálogo entre el amor y un viejo, en 70 estrofas de nueve versos cada una, obra que pudo y hemos visto representar en Madrid, y de hecho es un pequeño drama filosófico, que va derecho al desenlace, de acción sencilla, estilo natural, lenguaje castizo, lucha de pasiones.

Tuvo imitadores y aun añadidores. Así en un códice de la Biblioteca Nacional de Nápoles, hallado por Alonso Miola. Así Juan del Enzina en El Triunfo del Amor, en la Égloga de Cristino y Febea.

399. Su origen judío se saca de unos versos suyos, dados á luz por Foulché-Delbosc en la Revue Hispanique, 1894, marzo, y cuyo manuscrito está en la Nacional (K-97), y parece fueron escritos después de 1472. En el Cancionero de 1511 se describe así el argumento del Diálogo: "Obra de Rodrigo de Cota, á manera de diálogo entre el amor y un viejo, que, escarmentado de él, muy retraído, se figura en una huerta seca y destruída, do la casa del Placer derribada se muestra, cerrada la puerta, en una pobrecilla choza metido, al cual súbitamente paresce el Amor con sus ministros; y aquél humildemente procediendo y el Viejo en áspera manera replicando, van discurriendo por su fabla, fasta que el Viejo del Amor fué vencido", y luego burlado del Amor y despreciado como una espuerta de huesos, con el consiguiente contraste dramático.

Además de incluirlo todas las ediciones del Cancionero general, se imprimió con las Coplas de Jorge Manrique, con las de Mingo Revulgo y las Cartas de refranes, de Garay, por ejemplo, en las ediciones de Alcalá, 1564; Madrid, 1632. También en el libro de Refranes, de Oudin, París, 1609; Lyon, 1614; Bruselas, 1634, etc. Reimprimióse, con La Celestina, por Amarita, en 1822; en los Orígenes, de Moratín; en la Floresta, de Bölh de Faber; en el Romancero, de Durán.

400. Rodrigo de Cota de Maguaque. Diálogo entre el Amor y un Viejo, Biblioteca Oropesa, t. IV, reimp. en Cancionero general de Hernando del Castillo, ed. Soc. de Biblióf. Españoles, 1882, t. I, págs. 297-308; Εpithalame burlesque, ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1894), t. I, págs. 69-72. Consúltense: A. Miola, Un testo dramatico spagnuolo del xv secolo, etc., en In memoria di Napoleone Caix e Ugo Angelo Canello. Miscellanea di filologia e linguistica (Firenze, 1886), págs. 175-189; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, t. VI, págs. ccclxxvi-ccclxxxiv; A. Bonilla, Anal. de la lit. esp., 1904, pág. 164.

En 1475 Juan Marbres, catalán, canónigo de Tortosa, escribió Quaestiones in octo libros Physicorum, Padua.

401. Año 1476. Jorge Manrique (1440?-1479), señor de Belmontejo, hijo cuarto del conde de Paredes, don Rodrigo, y de su primera mujer doña Mencía de Figueroa, sobrino de Gómez Manrique, nació probablemente en Paredes de Nava, cabeza del señorío de su padre, en la provincia de Palencia. Partidario, como todos los suyos, del infante don Alonso, derrotó cerca de Ajofrín á don Juan de Valenzuela, recobrando para don Álvaro de Estúñiga, su primo, el Priorato de San Juan, de que le había querido desposeer don Enrique IV. Asistió en 1474 á la elección de Maestre de Santiago, que en Uclés hicieron en favor de su padre, logrando él mismo uno de los trecenazgos de la Orden. Defendió en 1475 el campo de Calatrava por la Reina Católica contra el Marqués de Villena, sostuvo con su padre el asedio de Uclés contra el mismo y el Arzobispo de Toledo, quedando el castillo por el Maestre. Con Pedro Ruiz de Alarcón tuvo como capitán una compañía de hombres de armas en 1478 en la campaña contra el mismo Marqués de Villena; pero, según cuenta Hernando del Pulgar, "se metió con tanta osadía entre los enemigos, que por no ser visto de los suyos para que fuera socorrido, le firieron de muchos golpes y murió peleando cerca de las puertas del castillo de Garci-Muñoz, donde acaeció aquella pelea". Fué sepultado en la iglesia vieja del convento de Uclés, donde vió su sepultura Garibay.

Sus poesías erótico-cortesanas son como las comunes de sus coetáneos, aunque se distinguen por cierta sencillez agradable. Las que le han hecho célebre son las por antonomasia llamadas Coplas de Jorge Manrique por la muerte de su padre (1476), una de las poesías más delicadamente sentidas y más conocidas de todo el mundo entre cuantas se han hecho en España. De las 43 coplas, 17 tratan del elogio fúnebre del Maestre, con entonación de verdadero himno triunfal, no con lloriqueos ni sentimentalismos más ó menos afeminados, como preparación que son para elevarse en alas del mismo soplo filosófico y cristiano, que bullía en el pecho de los escritores bíblicos y en nuestra España en el pecho del Arcipreste de Hita, á las soberanas alturas desde donde se abarcan los estragos de la muerte y la deleznable caducidad de las cosas humanas. Semejante alteza de pensamientos, expresada con desusado brío, con verdad rajante, con colores de fuego, ha inmortalizado estas Coplas, que sobrepujan al género común elegíaco, entretenido en los sentimientos personales del poeta, pues ensanchando la consideración y generalizando el dolor á toda la humanidad, toma un tinte de eternidad que frisa en lo que llamamos sublime.

El asunto es tan común, que no hay para qué devanarse los sesos buscando las fuentes de donde lo sacó; lo original de Jorge Manrique está en haber sabido tratarlo con la verdad con que sintió la muerte de un tan esclarecido varón y padre suyo, de suerte que dejándose de las erudiciones trasnochadas y frías con que otros lo habían antes de él tratado, vistió con la gracia serena y melancólica gravedad de su propio genio los hechos desgraciados que él mismo había contemplado durante su vida. De aquí el color, el realismo, la verdad en suma, que lleva hasta el fondo del alma los levantados pensamientos y el dolor universal en que su personal dolor se transforma, que sosegada y melancólicamente va cayendo en ella con impresión inenarrable. El metro es acomodadísimo con aquellas caídas de pie quebrado en que parecen á vueltas derrumbarse las grandezas humanas.

402. Sobre la vida de Jorge Manrique véase Luis de Salazar, Historia de la Casa de Lara, 1. X, c. XV. Alonso de Fuentes, en su Libro de los cuarenta cantos (1550), dedicó un romance á la muerte de Jorge Manrique, que concuerda con la narración de Pulgar y prueba que Mariana confundió el encuentro en que murió el poeta con otro anterior en que fué desbaratado por Pedro de Baeza en el Cañabete. Las poesías de Jorge Manrique son unas cincuenta, que se hallan en el Cancionero, de Hernando del Castillo (1511), dos reproducidas en el Cancionero de obras de burlas provocantes á risa (1519) y otras en los Cancioneros de Toledo (1527), y Sevilla (1535). Juan Valera, traduciendo de Schack en el metro de Jorge Manrique la elegía que el poeta rondeño Abul-Beka hizo en tiempo de San Fernando y de don Jaime el Conquistador para llorar la pérdida de Córdoba y Sevilla, Valencia y Murcia, afirmó que "Jorge Manrique hubo de conocer los versos del poeta arábigo". Pero prescíndase del metro, que ilusiona más de lo que parece, y leída la elegía arábiga en árabe ó en otras traducciones prosaicas, como la francesa de Grangeret de la Grange del 1828, la castellana de León Carbonero y Sol, la alemana de Schack, ya no es tan ceñida la semejanza. El empleo de la interrogación es cosa que tan naturalmente ocurre al cantar la poquedad y fin de las glorias mundanas, que no puede considerarse sino como casual en ambas composiciones. Los pensamientos, las sentencias, las imágenes de las Coplas se hallan en cuantos libros se leían en el siglo xv, de la Escritura, de los Santos Padres, de los moralistas y poetas castellanos, como puede verse en Menéndez y Pelayo. Ticknor, Hist. de la lit. esp.: "Son versos que llegan hasta nuestro corazón, que le afectan y le conmueven, á la manera que hiere nuestros oídos el compasado son de una gran campana, tañida por mano gentil y con golpes mesurados, produciendo cada vez sonidos más tristes y lúgubres, hasta que por fin sus últimos ecos llegan á nosotros como si fueran el apagado lamento de algún perdido objeto de nuestro amor y cariño". Longfellow, en su excelente traducción de las Coplas: "Es un modelo en su línea, así por lo solemne y bello de la concepción como por el noble reposo, dignidad y majestad del estilo, que guarda perfecta armonía con el fondo". Lope de Vega dijo que merecían estar escritas con letras de oro. Mariana las califica de "trovas muy elegantes, en que hay virtudes poéticas y ricos esmaltes de ingenio y sentencias graves á manera de endecha".