La más antigua edición parece ser la del Cancionero llamado de fray Íñigo de Mendoza, probablemente de Zamora, hacia el 1480; después se imprimió en las Coplas de Vita Christi, Zaragoza, 1492; en el Cancionero de Llavia, Zaragoza (siglo xv). Añadiéronse al Cancionero general desde el 1535, por lo menos. Hiciéronse siete glosas en verso y una en prosa. La del licenciado Alfonso de Cervantes, corregidor que fué de Burguillos, Lisboa, 1501, y última edición, Cuenca, 1552. La de Luis de Aranda, vecino de Úbeda, Valladolid, hacia el 1552. La del capitán Francisco de Guzmán, León de Francia (sin fecha); Amberes, 1558, 1598; Madrid, 1799. La del cartujo don Rodrigo de Valdepeñas, prior del Paular, Alcalá, 1564, 1570, 1588; Sevilla, 1577; Huesca, 1584; Madrid, 1614, 1632. La del Protonotario Luis Pérez, natural de Portillo, cerca de Valladolid, Valladolid, 1564. Cerdá y Rico reimprimió estas cuatro glosas en 1779. Además las dos de Jorge de Montemayor, una con sus Obras, Amberes, 1554, y en pliego suelto, Valencia, 1576; otra en pliego de la Biblioteca Nacional de Lisboa; y la de Gregorio Silvestre, la mejor de todas, en sus Obras, Granada, 1582, etc. Fray Pedro de Padilla, Jardín Espiritual (1585), y Camões, Carta terceira, las imitaron. Tradújose al latín en dísticos (Gallardo); en inglés, Revista de Edimburgo, 1824 y Longfellow, Boston, 1833; en francés algunas estrofas por Maury, L'Espagne Poétique, 1826, y Puymaigre (1873). Luis Venegas de Henestrosa les puso música, Libro de cifra nueva para tecla, harpa y vihuela, Alcalá, 1577.

Jorge Manrique. Coplas por la muerte de su padre, ed. R. Foulché-Delbosc, Madrid, 1912; ed. Biblioteca Oropesa, t. II. Consúltese: Μ. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. VI, páginas civ-cli.

403. Los Fueros de Aragón fueron impresos entre 1476 y 1481. Véase Bibliografía zaragozana del siglo xv, por un bibliófilo aragonés (don Juan M. Sánchez).

En 1476 acabó Juan de Socarrats In feudorum consuetudines Cataloniae Principatus Commentaria, impresos en 1551.

404. Año 1477. Mosén Ugo de Urríes tradujo el Valerio Máximo, transferido del latín en lengua francesa por maestre Simón de Hedin maestro de santa theologia, Zaragoza, 1495. En esta edición se dice que la traducción fué hecha el 1467; pero ya notó Latassa que no se hizo hasta el 1477. Efectivamente, en 1466 fué Urríes enviado de Embajador de Alfonso V de Aragón á Inglaterra y en 1477 lo fué, no sólo de Inglaterra y Borgoña, sino también de Flandes, y hallándose tres años después desempeñando esta triple embajada en Brujas hizo la traducción, por haberle prestado el duque Carlos de Borgoña un ejemplar de la versión que Simón de Hedin y Nicolás de Gomiesa hicieron en francés del original latino. (Bibliograf. zaragozana del siglo xv.) Además Sevilla, 1514; Alcalá, 1529.

405. Año 1477. Alonso Díaz de Montalvo murió muy viejo después de 1492, ejerció cargos con don Juan ii y Enrique iv y fué consejero y oidor de los Reyes Católicos, por cuyo encargo coleccionó las leyes y ordenanzas conocidas con el título de Ordenamiento Real. Suyas son las glosas del Fuero Real y de las Partidas. En 1477 publicó el Repertorio alfabético del Derecho. En 1484, las Ordenanças reales de Castilla ú Ordenamiento Real ó de Montalvo, Huete; Zamora, 1485; Burgos, 1488; Zaragoza, 1490: se duda si tuvo fuerza de ley. Los Reyes Católicos formaron un cuaderno de decisiones, que se publicó en las Cortes de Toro de 1505, al jurarse á doña Juana, su hija: son las Leyes de Toro. Libro de Leyes, Zamora, 1484, 1485; Venecia, 1501. Las Siete Partidas glosadas, 1491. Fuero Real Glossado, 1500, al cual acompañan los curiosos opúsculos De Consilio Regis, De los que no obedecen al mandamiento del Rey, De Doctrina addiscendi, Del procedimiento contra el reo ausente, De la excelencia del matrimonio, De la potestad del Papa y del Rey ó Emperador, De la unidad de los fieles, De la conversación con mujeres, etc. Consúltese: Elogio del Dr. Alf. D. de Montalvo, por Fermín Caballero, Madrid, 1870; del mismo, Conquenses, Madrid, 1873.

406. Año 1479. El Maestro Pedro de Osma, catedrático de Prima en Salamanca, en la segunda mitad del siglo xv. Trabajos de corrección del texto de la Vulgata. Escribió De confessione (libro herético), que refutaron Ximénez de Préxamo, Juan López, Pedro Díaz de la Costana, etcétera. Super libros Metaphysicorum, después traducido al castellano. De comparatione Deitatis propietatis et personae disputatio seu repetitio. Commentaria in simbolum quicumque vult salvus esse. In ethicos Aristotelis libros Commentaria, Salamanca, 1496. El arzobispo Alonso Carrillo juntó en Alcalá á los mejores teólogos de su diócesis y, después de oídos, condenó como heréticas las proposiciones de Osma (1479), y Sixto IV confirmó la sentencia.

Don Francisco de Toledo, obispo de Coria, escribió, en tiempos de Sixto IV (1471-1484), Theologico-iuridicum contra eos qui ad dividenda et conferenda privatis factionibus regna impotenter aguntur, commentarium. Conciones.

407. Año 1480. Fray Íñigo de Mendoza, franciscano, cuya libertad evangélica, vena satírica y privanza cortesana le granjearon envidias y detracciones por parte de algunos trovadores menos atendidos ni atendibles, fué el poeta más leído de su tiempo, y con razón, pues á la facilidad y suavidad en el versificar juntó un tono satírico sincero, una unción devota, sencilla, y, lo que más es, supo hermanar la cortesana elegancia de los antiguos trovadores eruditos con el arte popular, que en los anteriores poetas andaba todavía como en manos del vulgacho y con fray Íñigo sube á los estrados. Fué de los primeros, en efecto, que contribuyeron á enlazar en estrecho nudo las dos tendencias artísticas, la clásica ó erudita y la popular, á injerir en la fría vena de los trovadores cortesanos aquella sangre popular por ellos menospreciada, cuyas pocas muestras conservadas del Mio Cid, del Arcipreste de Hita, etc., son la única verdadera y eterna poesía que admiramos entre el fárrago erudito, seco y leñoso de la poesía medieval castellana. Él fué quien levantó el romance, cuyo origen se desconoce, por desconocerse toda la poesía popular anterior, menospreciada por su homónimo el Marqués como propia de la gente "de baxa e servil condicion", quien lo sacó de la oscuridad y lo llevó á los palacios. Esta savia popular en el fondo y en la forma hizo se leyesen tanto sus versos, porque los llenó de verdadera poesía. El desposorio de la musa erudita con el arte popular, inconsciente y por lo mismo natural y humano, quedaba consumado: desde entonces, hubo en España poesía verdadera.

Las obras de fray Íñigo son, ante todo, el poema de Vita Christi, después el Sermón trovado sobre las armas del rey don Fernando, el Dictado en vituperio de las malas mujeres y alabanza de las buenas, las Coplas en loor de los Reyes Católicos, la Cena que Nuestro Señor fizo á sus discípulos, el Dechado de la reina doña Isabel, la Justa razón contra la sensualidad, los Gozos de Nuestra Señora, la Pasión del Redentor, las Coplas al Espíritu Santo, y la Lamentación á la quinta angustia, quando Nuestra Señora tenía á Nuestro Señor en sus brazos. La más celebrada fué el Vita Christi, que llega solamente á la degollación de los inocentes, con ser bien larga, á causa de las digresiones morales y satíricas con que está salpicada la narración. Está en quintillas dobles por la mayor parte, y contiene además himnos, romances y villancicos, y una escena dramática del ángel con los pastores de Belén, precedente de las de Juan del Enzina hasta en el lenguaje casi sayagüés y ciertamente pastoril y popular, como que se inspiró en las Coplas de Mingo Revulgo, y lo confiesa el autor al hablar de la Circuncisión.