489. Siendo populares y anónimos los romances, no es fácil saber la época en que se hicieron. Los tres más de antiguo conocidos son de Rodríguez de la Cámara, de hacia el año 1440; pero aquel poeta no hizo más que refundirlos. Otros dos se atribuyen á Carvajal en el Cancionero de Stúñiga, y una de las composiciones del mismo Carvajal (Retrayda esta la reyna) fué escrito el 1442. El Cancionero espiritual, de fray Ambrosio Montesino (1508), trae un romance sobre la muerte de Alfonso de Portugal, yerno de los Reyes Católicos (1491), y así debió componerse entre 1491 y 1508. Los más antiguos romances se hallan en el Cancionero, de Fernández de Constantina (véase nuestro núm. 485), en el Cancionero general, de Hernando del Castillo (1511), y en pliegos sueltos, impresos en la primera mitad del siglo xvi. Las primeras colecciones son dos ediciones de Amberes: una sin fecha, otra de 1550, del Cancionero de romances, publicado por Martín Nucio, y la Silva de romances, de Esteban de Nágera, impresa en Zaragoza en 1550. Este mismo año Alonso de Fuentes publicó en Sevilla Quarenta cantos de diversas y peregrinas historias, y un Romancero, de Lorenzo de Sepúlveda, vió la luz en Amberes el 1551 (otra edición, 1556): los romances de estas dos colecciones son imitaciones de los romances viejos, hechas por eruditos, como el amigo de Sepúlveda, el "Caballero Cesáreo", que se cree ser Pero Mexía, de la corte de Carlos V. El Cancionero de 1555 es el mismo de Amberes sin fecha, pero "corregido y aumentado". En 1572-1573 se publicó la Rosa de Romances, de Timoneda; en 1583, el Cancionero de Padilla, Madrid.

El Romancero general (1600-1605 y 1604-1614) no contiene más que romances de poetas eruditos del siglo xvi. Primavera y flor de los mejores romances, por Pedro Arias Pérez, Madrid, 1621.

Por este tiempo se componen romanceros particulares, esto es, sobre asuntos ó personas particulares: Romancero de los doce Pares de Francia, por López de Tortajada, 1608; Romancero de Germania, por Hidalgo, 1609; Romancero del Cid, por Escobar, 1612; Romancero de los Infantes de Lara, por Metge, 1626.

En el siglo xix se imprimen las colecciones, sacadas de los antiguos Cancioneros y Romanceros: Silva, de Jacobo Grimm, Viena, 1815; Sammlung, de Depping, Leipzig, 1817; Romancero general, de Agustín Durán, Madrid, 1849-1851, ts. X y XVI de la Bibl. de Aut. Esp.; Primavera y flor de romances, de F. Wolf y C. Hofmann, Berlín, 1856; Antología de poetas líricos, ts. VIII, IX, Χ, XI y XII, Madrid, 1899-1906, de Menéndez y Pelayo.

490. Conocido es el juicio que de los romances escribió Hegel en su Estética: "Los romances son un collar de perlas; cada cuadro particular es acabado y completo en sí mismo, y, al propio tiempo, estos cantos forman un conjunto armónico. Están concebidos en el sentido y en el espíritu de la caballería, pero interpretada conforme al genio nacional de los españoles. El fondo es rico y lleno de interés. Los motivos poéticos se fundan en el amor, en el matrimonio, en la familia, en el honor, en la gloria del rey y, sobre todo, en la lucha de los cristianos contra los sarracenos. Pero el conjunto es tan épico, tan plástico, que la realidad histórica se presenta á nuestros ojos en su significación más elevada y pura, lo cual no excluye una gran riqueza en la pintura de las más brillantes proezas. Todo esto forma una tan bella y graciosa corona poética, que nosotros los modernos podemos oponerla audazmente á lo más bello que produjo la clásica antigüedad". (Esthétique, traduction française par Ch. Bénard, 2.ª edición. 1875. Tomo II, pág. 397).

El Romancero es un monumento histórico maravillosamente rico de la vida interna, de las costumbres, del alma española, con todas las mudanzas que en ella han ido poniendo los tiempos y con lo sustancial é inmutable de sus cualidades de raza, de sus vicios como de sus virtudes. Ninguna literatura nos ofrece obra tan trascendental, por los siglos que abraza y la variedad que muestra en todo linaje de sentimientos, acontecimientos, tonos y colores, y por lo que ha influido en las demás obras literarias de España y de fuera de España. Las Crónicas, las Historias de Ocampo y Mariana llenas están de sus ecos. La novela y el teatro se han alimentado de él desde que nacieron en toda Europa y sobre todo en España. Á su importancia responde el sinfín de trabajos que sobre él se han hecho en todas las naciones de Europa. ¡Qué hubiera sido, si en vez de menospreciar los romances populares primitivos, los hubieran recogido é imitado los literatos antes del siglo xv!

491. Romances. Primavera y Flor de romances, ed. F. J. Wolf y C. Hofmann, Berlín, 1856; reimpr. con adiciones por M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., ts. VII á X; Romancero general ó Colección de romances castellanos anteriores al siglo xviii, ed. A. Durán, Bibl. de Aut. Esp., ts. X y XVI; Romancero general [facsímile de la ed. de 1600, por Archer M. Huntington], New-York, 1904; N. Alonso Cortés: Romances populares de Castilla, Valladolid, 1906; Romancero judeo-español, ed. R. Gil, Madrid, 1911. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Tratado de los romances viejos, en Antología de poetas líricos, etc., ts. XI y XII; M. Milá y Fontanals, De la poesía heroico-popular castellana, Barcelona, 1874; R. Menéndez Pidal, Catálogo del romancero judío-español, en Cultura española (1906), págs. 1045-1077; R. Menéndez Pidal, El Romancero español, The Hispanic Society, New-York, 1910; R. Menéndez Pidal, L'Epopée castillane à travers la littérature espagnole, París, 1910; F. Wolf, Ueber die Romanzen-poesie der Spanier, en Studien, págs. 303-354; señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Romanzenstudien, en Zeitschrift für romanische Philologie (1902), t. XVI, págs. 40-89; E. Teza, Dai romanze di Castiglia, Venecia, 1895; V. A. Huber, De primitiva cantilenarum popularium epicarum (vulgo romances) apud hispanos forma, Berlín, 1844; R. Foulché-Delbosc, Essai sur les origines du Romancero, Prélude, París, 1912; R. Menéndez Pidal, Revista de libros, 1914, marzo.

492. Año 1500. Juan Sobrarias Segundo nació en Alcañiz, no se sabe cuándo, hacia el 1460; pasó á Italia, donde se perfeccionó en las Humanidades y Medicina en el Colegio de Bolonia; se dió á conocer como poeta lírico latino y se graduó en Letras y Medicina. Volvió á Alcañiz y Zaragoza el 1502. En 1504 el Rey Católico le armó caballero. Explicó Humanidades en Zaragoza desde 1508; en 1515 estaba en Alcañiz enseñándolas; allí murió en 1528. Escribió en latín Libellus carminum, 1506. Paschale Sedulii cum commento (1500). Michaelis Verini disticha (1503). Panegyricum carmen Ferdinandi Regis (1511). Oratio de laudibus Alcagnitii (1506). Publii Maronis opera (1513). De divi Adriani VI ad pontificatum divina electione (1522), todas ediciones primeras de Zaragoza.

En 1500 Gómez García, presbítero toledano, publicó el Carro de dos vidas... vida actiua e vida contemplatiua, Sevilla. Lamedor espiritual y algunos discursos devotos, Sevilla, 1516.

Hacia 1500 fray Gonzalo de Arredondo y Alvarado, benedictino de Arlanza, cronista regio, escribió Historia del Conde Fernán González (Ms.). Castillo inexpugnable de la Fe, Burgos, 1528, 1564.