El Canciller, en el Rimado:

"Si quieres parar mientes como pecan los doctores,
Maguer han mucha sciencia, todos caen en errores,
Ca en el dinero tienen todos sus finos amores".

Tenemos, por consiguiente, que en todos los más antiguos monumentos en verso castellano se trasmina el uso del metro del romance popular, aun en los eruditos.

El abecedario de San Agustín contra los Donatistas está escrito, como él dice, para que lo cantasen los imperitos y los idiotas: "volens etiam causam Donatistarum ad ipsius humillimi vulgi et omnino imperitorum atque idiotarum pervenire, notitiam, et corum quantum fieri posset per nos, inhaerere memoriae, Psalmum, qui eis cantaretur, per latinas litteras feci" (Retract., I, 30). Este cantar del pueblo africano está en romance, aunque en lengua latina, esto es, en trocaicos octonarios, sin cuidarse de la cantidad clásica, y con asonantes:

"Omnes qui gaudetis de pace—modo verum iudicate.
Abundantia peccatorum—solet fratres conturbare:
Propter hoc Dominus noster—voluit nos praemovere.
Comparans regnum coelorum—reticulo misso in mare,
Congreganti multos pisces—omne genus hinc et inde
Quos quun traxissent ad litus—tunc coepedunt separare,
Bonos in vasa miserunt—reliquos malos in mare...".

¿De dónde nació este metro, que es lo mismo que preguntar de dónde nació el romance castellano? Dos son sus notas características: el ritmo tetrámetro trocaico acataléctico y la rima. El ritmo dicho es bien conocido en la literatura latina, sobre todo en los cómicos, y en el siglo ii estaban los tetrámetros trocaicos bien de moda. En ellos juguetearon el emperador Adriano y el poeta é historiador Anio Floro, ambos españoles por contera. Recuérdense los versos que trae de ellos Esparciano:

Floro:

"Ego nolo Caesar esse,—volitare per Sicambros,
ambulare per Britannos,—Scythicas pati pruinas".

Adriano:

"Ego nolo Florus esse,—ambulare per tabernas,
latinare per popinas,—culices pati rotundos".