La mayor parte de los versos que suenan bien son del mester de clerezia; por excepción hay alguno que otro del pie de romance, ni más ni menos que en el Arcipreste de Hita. No puedo yo creer que si el autor de Mio Cid se hubiera propuesto versificar en romance tuviera tan toscas orejas que no lo pudiera hacer. Ni de este metro caótico del Mio Cid pudo salir el romance. Primero, porque los más de los versos son del metro del mester de clerezia, y de este metro no salió ni pudo salir el pie de romance, por ser ritmo enteramente diferente. Segundo, porque de los versos que no suenan y son verdaderamente caóticos, ni el pie de romance ni metro alguno pudo nacer. Lo que aquí hay es que M. Pelayo, por seguir la teoría de Milá, aceptada también por M. Pidal, de que los romances son fragmentos desprendidos de las gestas, por consecuencia tuvo que afirmar que el metro del romance salió del metro de las gestas, y ya que se veía bien claro no serlo, no halló otra solución que la de atenerse á que "como representan períodos distintos de nuestra poesía épica, los romances ofrecen ya en estado relativamente fijo y normal lo que es incierto y caótico en las gestas". Pero ni los romances se desprendieron de las gestas, ni "el sistema en unos y otros es sustancialmente el mismo", como no lo es el metro del mester de clerezia, que es el de Mio Cid, y el metro de los romances. Son metros sustancialmente diferentes. El pie de romance es el octosílabo trocaico español, y el metro del mester de clerezia y de Mio Cid es el septenario yámbico francés; aquél es el metro del pueblo, éste de los eruditos; aquél el que evolucionó desde el latín, éste el que los eruditos trajeron de Francia; aquél el nacional y, por serlo, el despreciado por los eruditos; éste el extraño y, por serlo, por los eruditos llevado en palmas.
Esta doctrina la vió ya Argote de Molina, que en la edición de El Conde Lucanor (Sevilla, 1575) dijo que el pie de romance es el metro castellano, y el del mester de clerezia francés de origen. Y trae una copla de Don Juan Manuel, hecha en el dicho metro castellano, aunque consonantando ya los hemistiquios, que fué la manera de nacer la redondilla del pie de romance y sirvió siempre para la lírica popular, como éste para la épica:
"Si por el vicio et folgura
la buena fama perdemos,
la vida muy poco dura,
denostados fincaremos".
Y añade: "Deste lugar se puede averiguar quan antiguo es el uso de las coplas redondillas castellanas, cuyos pies parescen conformes al verso Trocayco que usan los poetas líricos, griegos y latinos... Leemos algunas coplillas italianas antiguas en este verso; pero es el propio y natural de España, en cuya lengua se halla más antiguo que en alguna otra de las vulgares, y assi en ella solamente tiene toda la gracia, lindeza y agudez, que más propia del ingenio español que de otro alguno. En el qual género de verso al principio se celebraban en Castilla las hazañas y proezas antiguas de los reyes y los trances y sucesos assi de la paz como de la guerra, y los hechos notables de los condes, cavalleros é infanzones, como son testimonio los romances antiguos castellanos, assi como el del rey Ramiro, cuyo principio es:
"Ya se assienta el rey Ramiro,
ya se assienta á sus yantares,
los tres de sus adalides
se le pararon delante...".
...compostura, cierto, graciosa, dulce y de agradable facilidad y capaz de todo el ornato que cualquier verso muy grande puede tener, si se les persuadiese esto á los poetas deste tiempo, que cada día la van olvidando, por la gravedad y artificio de las rimas italianas, á pesar del bueno de Castillejo, que desto graciosamente se quexa en sus coplas, el qual tiene en su favor y de su parte el exemplo deste principe don Juan Manuel y de otros muchos cavalleros muy principales castellanos, que se pagaron mucho de esta composición, como fueron el rey don Alonso el Sabio, el rey don Juan el segundo...". Y del verso del mester de clerezia dice: "Usávase en los tiempos deste príncipe en España este género de verso largo, que es de doze ó de treze y aun de catorze sillavas, porque hasta esto se extiende su licencia. Creo lo tomaron nuestros poetas de la poesía francesa, donde ha sido de antiguo muy usado y oy día los Franceses lo usan". Y trae ejemplo del poema de Fernán González:
"Entonces era Castiella un pequeño rincón,
era de Castellanos Montedoca mojón,
y de la otra parte Fitero Fondón,
Moros tenien Carrazo en aquella sazón".
136. El metro del mester de clerezia ó poesía erudita de aquellos tiempos es el alejandrino, llamado tetrástrofo monorrimo ó cuaderna vía, esto es, la estrofa de cuatro versos de catorce sílabas, consonantados:
"En el nomne del Padre, que fizo toda cosa
Et de don Jesu Christo, Fijo de la Gloriosa,
Et del Spiritu Santo, que igual dellos posa,
De un confessor Sancto quiero fer una prosa".
Este metro vino de Francia y de los franceses lo tomaron los primeros poetas eruditos. Salió del septenario yámbico latino. No es metro que fuera jamás popular en España, sino erudito, esto es, de uso de los clérigos, fué el instrumento del mester de clerezia, que menospreciaba la poesía popular y alardeaba de versificar artísticamente, lo cual ya muestra que lo habían tomado del francés y los franceses del latín eclesiástico, el único latín que ellos conocían. "No hay más que abrir las colecciones de Du-Méril", dice M. Pelayo, "para encontrar innumerables ejemplos de este metro latino en el uso eclesiástico":