Las lenguas célticas todas tienen especial conexión con las itálicas, por una parte, y por otra, con las germánicas. El galo era la lengua céltica del Sur de Francia; el gaélico es de Irlanda, Escocia é isla de Man; el cámbrico, del país de Gales, y es el que después pasó á la Bretaña francesa traído por los bretones insulares, en la segunda mitad del siglo v.
Con el inmenso caudal ibérico del castellano contrasta el corto número de vocablos galos del francés y del provenzal, y aun esos pocos, que no llegarán á cincuenta, fueron primero latinizados por su mayor parte[17]. ¿Débese esta diferencia á la mayor cultura de los íberos sobre los galos?, ¿al carácter más tenaz de los unos y más voluble de los otros?, ¿á la mayor distancia entre la lengua ibérica y la latina que la gálica, tan indo-europea como la latina y más cercana á ésta que la mayor parte de las demás indo-europeas?, ¿á que la sujeción de España nunca fué tan general como la de las Galias, ni el espíritu de independencia tan grande entre los galos como entre los íberos? No es fácil determinar lo que haya de atribuirse á cada una de estas causas ó á otras por el estilo.
El hecho es que en Francia no quedó vestigio alguno del galo[18], mientras que en España quedó acorralado, pero vivo, el éusquera en los Pirineos. Ni los árabes influyeron tanto en el castellano como influyeron los francos en el galo-romano. En la Morfología, el francés apenas conserva otro rasgo céltico más que el sistema vigesimal en el quatre-vingts; mientras que los sufijos eusquéricos del castellano son de los más importantes y vulgares. La pronunciación francesa es la que más conserva de celtismo; pero el elemento germánico la contaminó de una manera tan poderosa, como fué impotente el elemento arábigo para modificar la pronunciación castellana, que puede decirse enteramente ibérica, salvo la evolución propia, que, dentro del mismo fonetismo ibérico, ha ido desenvolviéndose.
El influjo germánico es el que, sobre todo, separa las dos lenguas de las Galias, la de oil y la de oc, y el influjo céltico, el que allega el provenzal al gallego y lo aparta del castellano en la fonética y pronunciación. Hablábase todavía el galo en el Sur de Francia, juntamente con el nuevo romance, ó román ó latín, á principios del siglo iii, conforme se desprende de este texto de Ulpiano: "Fidei commissa quocumque sermone relinqui possunt, non solum latina vel graeca, sed etiam punica vel gallicana". Y lo que dice San Jerónimo (431-420): "Galatas propriam linguam, eamdem paene habere quam Treviros" (Pref. ad liber: 2, in epist. ad Gal.); y de la misma época es lo que dice Sulpicio Severo, aunque claramente no pueda deducirse de este texto la existencia del galo: "vel celtice aut, si mavis, gallice loquere" (Opp. Lugd. Bat., pág. 543).
Todavía subsistía en la Auvernia en la segunda mitad del siglo vi, pues San Gregorio de Tours escribe: "Brachio, quod eorum (Auvernorum) lingua interpretatur ursi catalus". (Vit. patr., cap. 12). Esto no quita para que el romance ya se hablara de mucho tiempo antes en toda Francia, aunque las primeras noticias que de él tenemos no sean más que desde el siglo vii, en que de San Mummolin, sucesor de San Eloy, en Noyon, se lee respecto del francés ó lengua d'oil: "quia praevalebat non tantum in teutonica, sed etiam in romana lingua" (Acta S. Belgii, IV, 403). En el siglo viii Girad, abad de Sauve-Majeure, alaba al abad de Corbie, su maestro S. Adalhart: "Qui si vulgari, id est, romana lingua loqueretur, omnium aliarum putaretur inscius... Si vero teutonica, enitebat perfectius; si latina, in nulla omnino absolutius" (Acta Sanct. ordin. S. Benedicti, saec., IV, pág. 335). Y en el Concilio de Tours del 812: "Et ut easdem homilias quisque aperte transferre studeat in rusticam romanam linguam aut theotiscam" (Labbe, Concil., VII, 1263).
En el siglo v entran en las Galias los visigodos, que se establecen en la Aquitania; los borgoñones, que se detienen en la Borgoña, y los francos salios, que, viniendo de Flandes, ocupan las provincias del Norte; y, en fin, los francos ripuarios, que, venidos de la región renana, se desparraman por las del Este. Los francos dieron nombre á la isla de Francia, y después á toda la nación; cambiaron todo el sistema político y social y, aunque vencidos en la lengua por el galo-romano, influyeron profundamente en éste. Los francos salios, que hablaban un dialecto del bajo alemán, parecidísimo al neerlandés actual, exceptuada la evolución que naturalmente transformó la lengua antigua de los frisones, olvidaron su lengua; pero dejando en el francés buen caudal de palabras, cuyos equivalentes se pueden estudiar en el moderno neerlandés: bac (bak), canif (Knijf), cruche (kruik), échevin (schepen), étron (stront), hêtre (heester), houx (hulst), etc. Tres sufijos pasaron al francés: -ald, de Renaud, lourdaud, héraut; -hart, de Richard, Bernard, renard, vieiellard, richard; -ing, del cual salió -enc, después -an, -and, -eng, por ejemplo, en brelan, chambellan, merlan, flamand, hareng. En el siglo ix los Vikins ó piratas del Norte entran en Francia, y en 911 Carlos el Simple les cede parte de la Neustria, que tomó el nombre de Normandía. Escandinavos de raza y de lengua, pronto abandonaron su "lingua dacisca", que, fuera de la toponimia, no dejó huellas en el francés. No pueden, pues, traerse términos del norso, fuera de algunos pocos que conserva el dialecto normando, y tres ó cuatro dudosos del francés: cingler, ant. fr. sigler, isl. sigla; crique, ils. kriki, ingl. creek; écraser, sueco krasa; tillac, isl. thilja, danés tilje. Cuanto al alto alemán, que se distingue del bajo alemán, y por consiguiente del habla de los francos salios y de los normandos ó daneses, en el nuevo cambio que sufrieron sus consonantes explosivas, nos presenta sus primeros monumentos hacia el año 740, y divídese en antiguo alto alemán (hasta 1100), medio alto alemán (hasta 1500) y moderno alto alemán. Del anglo-sajón, que pertenece á la estirpe del bajo alemán, salió el inglés, y se le llama por lo mismo antiguo inglés (hasta 1150), medio inglés (hasta 1500), después acá inglés.
Desde el siglo ix hallamos dividida lingüísticamente la Galia en dos porciones: la del Norte, en la que se hablaba la langue d'oïl, y la del Mediodía, en la que se hablaba la langue d'oc. La línea divisoria puede trazarse, cuanto á los dialectos literarios conocidos, desde Bordeaux á Lussac, de aquí á Montluçon, de aquí al Sur del departamento de l'Isère. Las diferencias fonéticas más notables entre estas dos lenguas son el diverso tratamiento de a y ē (ĭ) acentuadas y de -c final: amare, habere, amicum dieron en el Mediodía amar, aver, amic, y en el Norte amer, aveir, ami. Los términos de estas lenguas provienen del empleado para la afirmación sí: "Nam alii Oc, alii Si, alii vero dicunt Oil" (Dante, De vulgari eloquentia, I, c. 9). Italia era donde se hablaba la "lingua di si", de sic, como d'oc = de hoc, y d'oïl = de hoc ille. Los dialectos de la lengua del Norte, todos literarios, eran: al E., el bourguignon, el franc-comtois, el lorrain, el champenois; al NE., el picard, el wallon; al NO. el normand; al O., el poitevin, el angevin y el saintongeais; en el centro ó Isla de Francia y sus contornos el français ó francien (Roger Bacon, Opus Maius, que viajó por Francia en 1260). No había lengua literaria común; pero el francien, merced á las circunstancias políticas, llegó á ser el principal, extendiéndose después como lengua literaria de toda la nación, desde el siglo xii hasta el siglo xv, época en la cual todos los demás dialectos quedan pospuestos en la literatura y son considerados como patois.
El francés es el latín de la Isla de Francia evolucionado y con préstamos de vocablos pertenecientes á los demás patois de la Galia; no es una mezcolanza de todos ellos, como algunos han creído. El antiguo francés comprende el espacio de tiempo entre el siglo ix y xiv. Los Serments de Strasbourg, conservados en un manuscrito de fines del siglo x, son el documento más antiguo de la lengua d'oïl, del año 842, en que Carlos el Calvo y Luis el Germánico se juntaron contra Lotario. De fines del siglo ix es la Séquence de Sainte Eulalie, en 29 versos, probablemente en dialecto wallon, y un trozo de homilía en alabanza del profeta Jonás. Del siglo x son la Vie de Saint Léger, poema de 40 estrofas de seis versos octosílabos y la Passion, poema de 129 coplas de cuatro versos octosílabos en medio francés y medio provenzal. Del siglo xi son la Vie de Saint Alexis, el Pèlerinage Charlemagne y la Chanson de Roland.
Desde el siglo xii abundan las obras literarias. En el mismo siglo xii se escriben en lengua vulgar las actas públicas de Metz, y desde Felipe el Hermoso dejan de escribir en latín sus Anales los historiógrafos oficiales del Reino, los monjes de Saint Denis.
Véanse las siguientes noticias de M. F. Brunot, respecto del francien: "Durante el siglo xiv comienza, según Giry, á sustituirse en el Mediodía por el francés los demás dialectos en los monumentos públicos, después de haber luchado con el latín desde fines del siglo xi. En el Norte, las ciudades de Flandes, Bélgica, Artois y Lorena comienzan á emplear la lengua vulgar para los contratos privados desde principios del siglo xiii. Poco más ó menos hacia la misma época aparece en los confines de la lengua d'oc, en Aunis y Poitou; algo más tarde en Touraine, Anjou, Berry, aunque en todas partes con huellas dialectales. Hay que llegar hasta el siglo xiv, en que el francés es vulgarizado por la cancillería y administración reales, que ya desde entonces se emplea exclusivamente, para ser unificada el habla vulgar de las chartes en una lengua común, la de París, hecha ya lengua oficial. La literatura dialectal desaparece casi por completo desde el siglo xiv, al propio tiempo que los documentos dialectales".