El contraste que presenta el antiguo francés con el francés moderno, por su abundancia y libertad, que después perdió, lo declaró en breves párrafos Gaston Paris (Journ. des Savants, 1897, pág. 612); su importancia en toda la Europa y su literatura son cosas conocidas. Los normandos conquistan la Inglaterra cantando la chanson de Roland, y las clases elevadas de la sociedad hablan el francés, prefiriéndose el del continente al francés de Inglaterra ó anglo-normando y escribiendo en francés algunos autores. En Italia penetran las chansons de geste, y Brunetto Latini, maestro del Dante, escribe en francés su enciclopedia Li Trésors (1265), así como están en francés los viajes de Marco-Polo y las compilaciones romancescas de la Tabla Redonda. En Alemania había preceptores franceses. Esta influencia explica el préstamo que todas las lenguas de Europa hicieron de vocablos franceses. No sólo el inglés está cuajado de términos normandos, sino que las poesías alemanas minnesänger abundan en ellos, y hasta el alemán toma el sufijo francés verbal -ieren.
141. Radicales principales tomados del francés[19]: abra (?), aduana (del it.), ¡alto! (del germ.), amura, áncora (encore), antilla, arandela, arbotante, arenga (del germ.), armiño (del germ.), arnés (del bret.), artesano (del lat.), asamblea (del lat.), asesino (?, del arab.), avanzar, babor (del ingl.), bachiller (del prov., del lat.), barroco (del fr., del cast.), báscula, baya (del lat.), belitre (del lat. ó germ.), bergantín, betún (del lat.), bisturí (del lat.), blanco (del germ.), blandir (del germ.), blasón (del germ.), blindar (del germ.), blondo (del germ.), bloque (del germ.), blusa, bolina (del ingl.), bonete (del lat.), bramar (del germ.), brea (del gr.), brecha (del germ.), brigada, bronce, bucle (del lat.), bures, buril (del germ.), cable (del lat.), cachalote (del lat.), cadete (del lat.), calesa (del eslavo), calonge (del lat.), camión (del cast.), canapé (del lat., gr.), canica (del germ.), caparrosa (del germ.), carpeta, cartuja, catre (del lat.), caviar (del eslavo), clarión (del lat.), cobalto (del germ.), cofia (del germ. ó lat.), cofre, cohete (del lat.), comba (del galo), convoy, copar (del lat., gr.), corbata (del croata), corbeta (del lat.), corchea, corsé (del lat.), crisol (del germ.), croqueta, chal (del ingl.), chalupa (del germ.), chancillería (del lat.), chantre (del lat.), chapitel (del lat.), charretera, chimenea, dama (del lat.), donques (del lat.), dos y endosar (del lat.), draga (del germ.), duna (del germ.), edecán (del lat.), enclenque, endivia (del gr.), entremés (del lat.), equipar (del germ.), esparaván (del germ.), etiqueta (del germ.), faisán (del lat.), faro (del gr.), fase (del gr.), ficha, filtro (del germ.?), flan (del ingl.), flete (del germ.), flota (del germ.), foque (del germ.), forjar (del lat.), fornir (del germ.), frac (del germ.), fraile (del lat.), frambuesa (del germ.), franco (del germ.), franja (del lat.), friso (del germ.), frotar (del lat.), fruncir (del lat.), furriel (del germ.), fusil (del lat.), gaje (del germ.), garantir (del germ.), garlopa (del germ.), garnacha (del germ.), gas (del germ.), gelatina (del lat.), gerifalte (del lat.), golfo (del lat., gr.), golpe (del lat., gr.), grabar (del germ.), grajea (del gr.), grosella (del germ.), grumete (del ingl.), guado (del germ.), guata (del lat.), gueda (del germ.), haca (del germ.), hache (del lat.), hulla (del valón), imán (del gr.), jaca (del germ.), jalde, jalea (del lat.), jalón, jamba, jamón, jardín (del germ.), jarrete, jaula, jefe (del lat.), jirafa (del arab.), lacayo (del germ.), landó, levita, lesna (del germ.), librea (del lat.), lingote (del lat.), lona, lote (del germ.), madama (del lat.), maniquí (del germ.), manivela, marchar, marmita, marmota (del lat.), marqués, mástil (del germ.), mazurca (del eslavo), menaje (del lat.), metge y menjurje (del lat.), mensaje (del lat.), merodear, mesón (del lat.), metralla, minué (del lat), mitón (del lat.), moda (del lat.), mofar (del lat.), mosaico (del it., gr.), motín (del lat.), narval (del germ.), neto (del lat.), níquel (del germ.), obenque (del germ.), oboe, obús (del germ.), orfebrería (del lat.), orla (del lat.), pabellón (del lat.), paje (del gr.), país (del lat.), paladín (del lat.), palurdo, pantalón, pantalla (del lat.), pantuflo, paquebot (del ingl.), parcela (del lat.), parche (del lat.), parlar (del lat.), parque, pasaporte, patache, peine (del lat.?), peón (del lat.), percha (del lat.), perejil (del lat.), petardo (del lat.), petimetre, pinzón, pirueta (del gr.?), placa (del germ.), plancha (del lat.), polca (del eslavo), poltrón (del it.), porche (del lat.), presea (del lat.), pupitre (del lat.), quepis (del germ.), quincalla (del germ.), quinqué, rail (del ingl.), rampa (del germ.), recluta (del germ.), refrán, reproche (del lat.), retreta (del lat.), revólver (del ingl.), rubí (del lat.), ruibarbo (del lat.), ruta (del lat.), sage (del lat.), sarao (del lat.), sargento (del lat.), servilleta (del lat.), silueta, taburete (del arab.), tafetán (del persa), tanino (del germ.), tenería (del germ.), tílburi (del ingl.), timbre (del lat., gr.), tisú (del lat.), toisón (del cast.), toldo (del germ.), tren, trincar (del germ.), trineo, trinquete, tul, túnel, ujier, vagón (del ingl.), vals (del germ.), vampiro (del eslavo), viñeta (del lat.).
142. El Cantar de Mio Cid es el más antiguo monumento que conocemos de la lengua escrita y de la literatura castellana, y es probable que no se escribiera otro antes de él. Parece haber sido compuesto hacia el año 1140, y, en todo caso, antes de la muerte de Alfonso VII en 1157. Consérvase en un solo códice del siglo xiv, copiado de otro más antiguo por Per Abbat. No hay otra unidad artística fuera del seguir el orden de los acontecimientos, distinguiéndose tres cantares, que pudo imitar y aun tomar el autor de los populares: 1.º. el destierro del Cid (1-1084); 2.º, las bodas de las hijas del Cid (1085-2277); 3.º, la injuria de Corpes y su reparación (2278). La mayor parte de los hechos narrados en el Cantar y los personajes son realmente históricos; la topografía, las tradiciones locales, las costumbres, trajes y demás ajuar, son puntuales. El único episodio maravilloso es la aparición del arcángel San Gabriel; ficticios y novelescos son el de las arcas llenas de arena y el del león, que debían de ser populares leyendas.
Cofre del Cid (Catedral de Burgos).
Sepulcro del Cid (San Pedro de Cardeña).
143. Antes de escribirse el Mio Cid hubo cantares populares sobre el mismo Campeador, sobre el rey Rodrigo, los Infantes de Lara, el Infante García, Fernán González, etc., etc.; pero que se escribiesen ya es harto más dudoso, aunque algunos lo dan por averiguado por aquello de que "no es probable que este primer documento conservado sea el primero que se escribió". Los mismos asuntos épicos nacionales y después otros franceses y caballerescos siguiéronse cantando por el pueblo y aún siguen cantándose hasta nuestros días; pero los cantares populares siempre fueron menospreciados de los eruditos, que son los que escriben, y así, sólo en el siglo xv, hartos los poetas eruditos de sus aguados versos cortesanos á lo provenzal, se abajaron á oir la musa popular y á consignar sus cantares por escrito: tales son los romances viejos, escritos según los cantaba el pueblo desde hacía siglos. Alguno que otro escritor tomó el asunto de esos cantares plebeyos y lo trató más ó menos eruditamente cuanto al metro y manera, como vemos en el poema de Fernán González y en la Crónica rimada del Cid. Si estos malos poemas eruditos posteriores á Mio Cid se conservaron, por haberse escrito, lo probable es que si antes se hubiesen escrito otros también se hubiesen conservado. Lo que de gestas hallamos desleído en la prosa de las Crónicas había que probar que eran gestas escritas y para ello que estaban en alejandrinos; ahora bien, los versos en las Crónicas más parecen prosificación de romances que no de alejandrinos: las tales gestas eran, por consiguiente, las populares que se cantaban, no las eruditas que se escribían, pues ya hemos visto que el escribir en castellano vino del influjo francés entre los eruditos, y éstos, al escribir, escribieron en el metro de los franceses, en alejandrinos, siendo siempre menospreciado el pie de romance, como todo lo popular, hasta fines del siglo xv. La fecha de Mio Cid está entre 1140 y 1157, ya que parece aludirse á él en la Conquista de Almería, en 1147, ó Crónica de Alfonso VII, escrita en latín, aunque también pudiera aludir á las gestas cantadas y no escritas, de las cuales sacó su obra el autor de Mio Cid:
"Ipse Rodericus, Mio Cid saepe vocatus,
De quo cantatur quod ab hostibus haud superatur".
El códice de Per Abbat, procedente de la aldea de Vivar, donde el Cid nació, fué propiedad de don Alejandro Pidal, de cuyos herederos debe de serlo ahora. Es copia hecha en la era 1245 ó, según otros, de 1345, según se lea C (ciento) ó e la letra raspada en la suscripción final. Per Abbat, el copista, remozó palabras destruyendo asonantes, trastrocó otras y aun hemistiquios enteros. De esta copia sacó Juan Ruiz de Ulíbarri la que se conserva en la Biblioteca Nacional (R. 200), Burgos, 1596. Antonio Sánchez publicó el Cantar en el t. I de su Colección de poesías castellanas anteriores al siglo xv, Madrid, 1799; después Janer, Madrid, 1864, en la Bibl. de Rivadeneyra, t. LIX; Vollmöller, Poema del Cid nach der einzigen Madrider Handschrift, Heall, 1879; Huntington, 1898; Menéndez Pidal, Poema del Cid, Madrid, 1900, y Poema de Mio Cid, Madrid, 1913 (con algunas variaciones entre las dos ediciones). Hace falta publicar el facsímil para saber á qué atenernos. En la primera Crónica general de Alfonso X y en la Crónica de Veinte Reyes de Castilla se halla la mayor parte del asunto del Cantar con otras cosas que en él faltan, y por cierto, con el mismo criterio: ¿es prosificación de él ó de otros cantares populares no escritos? Cierto que no lo es de la copia de Per Abbat, y las frases comunes al Cantar y á las Crónicas bien pudieran provenir de cantares populares con los cuales pudo tejer su obra el autor de Mio Cid; de ellos son, sin duda, otras frases, versos y trozos enteros que en Mio Cid no se hallan. El espíritu es el mismo, el que hemos visto en M. Pelayo ser propio de la epopeya castellana, de suerte que es dificultoso deslindar lo que en Mio Cid haya del autor que lo compuso y que lo tomó de los cantares populares. Menéndez Pidal suple lo que falta al principio "con algunos versos de una Segunda Refundición de nuestro Cantar, conservados en la Crónica de Castilla y en la Particular del Cid. Estos versos darán idea de los que inmediatamente precedían á los primeros conservados en la copia de Per Abbat". Están en pie de romance y, por consiguiente, se tomaron de cantares populares. Véanse:
"e los que conmigo fuéredes—de Dios ayades buen grado,
e los que acá fincáredes—quiérome ir vuestro pagado".
Entonçes fabló Álvar Fáñez—su primo cormano:
"convusco iremos, Cid,—por yermos e por poblados,
ca nunca vos fallesceremos—en quanto seamos sanos,
convusco despenderemos—las mulas e los cavallos
......................—e los averos e los paños,
siempre vos serviremos—como leales vasallos".
Entonçe otorgaron todos—quanto dixo don Álvaro;
mucho grandesçio mio Çid—quanto allí fué razonado...
Mio Cid movió de Bivar—pora Burgos adeliñado,
assi dexa sus palaçios—yermos e desheredados.
(comienza Per Abbat en alejandrinos:)