(Canc. Vatic., núm. 123).
Instituyó Côrtes de Amor (Canc. Vatic., núm. 597). De esto ha tratado eruditamente Teófilo Braga en varias de sus obras (Curso de Historia de literatura portuguesa, Cancionero del Vaticano, por él editado con eruditísimo estudio, etc., etc.). El portugués y el gallego eran entonces una misma lengua, que, después, sobre todo desde el siglo xv, fueron diferenciándose más y más. El Cancionero de Ajuda tiene las canciones más antiguas y son de tono provenzal, hechas por eruditos. Cansados los poetas cortesanos portugueses de la afectación y artificio casuístico provenzal, pronto se volvieron á las serranillas y cantares de amigo, esto es, á la poesía popular del pueblo gallego y portugués, que era todo uno. Vese bien por el Cancionero de la Vaticana. Por ejemplo, en el número 1043: "Diz una cantiga de vilaão:
"O'pee d'uma torre
bayla, corp'e giolo,
vedel-o cos, ay cavaleyro".
En el número 1062 se dice al fin: "Esta cantiga fuy seguida por uma baylada, que diz:
"Vos avedel-os olhos verdes,
matar-m'edes com eles...".
En las redondillas de Camões se halla una alusión á este añejo mote: "Senâo que tendes os olhos verdes". La serenata de Berceo (Duelo) parécese á la Alvorada, de Pombal:
"Velat, aliama de los Judios, Eya, velar!
Que furtan el Fijo de Dios! Eya, velar!".
"Vindas sāo as alvoras,
Eh, levad' á alva!
Que sāo da Virgen sagrada; Eh, levad' á alva!".
Dom Diniz remedó estos aires populares en los Cantares de amigo, los mejores de la poesía portuguesa. Hoy sobrevive la serranilha, después de sepultar la poesía erudita provenzal y la italiana petrarquesca en Portugal. El Conde de Barcellos, hijo natural de Dom Diniz, dejó en testamento, hecho el año 1350, su Livro das Cantigas á Alfonso XI de Castilla, y así pudo salir de Portugal aquel Cancionero, del cual nos da noticias el Marqués de Santillana á mediados del siglo xv; mientras que el Cancionero de Dom Diniz quedaba en la librería del rey Dom Duarte. El Cancionero que vió el de Santillana en Castilla aparece en Roma desde el siglo xvi: tal es el Cancionero portugués de la Vaticana, que ha publicado Theophilo Braga, Lisboa, 1878.
De la poesía provenzal fueron protectores Alfonso IX (1188-1229) y, sobre todo, Alfonso X (1252-1284), que dió asilo á los trovadores que vinieron de Provenza, cuando ya no hubo Cortes en Tolosa, y no menos á los trovadores portugueses, como Pero Gomes Barroso, Payo Gomes Charrinho, que fué almirante de Castilla. (Véase Díez, Les Troubadours, pág. 61). Giraud Riquier de Narbona le dirigió, en 1275, una poesía acerca del título de juglar y de trovador. Hay en la Vaticana una composición de Alfonso XI:
"En un tiempo cogí flores del muy nobre paraíso".