Las obras poéticas de don Juan Manuel se han perdido, y sin duda cultivó la poesía galaico-portuguesa, según son los metros que usa en el Conde Lucanor. La poesía provenzal entró en Castilla por Galicia y Portugal. Desde 1214 tuvo Castilla relaciones directas con los trovadores. Aimeric de Bellinoi estuvo en la corte de Alfonso IX; Martaquagent y Folquet de Lunel celebraron la elección de Alfonso X como Emperador; Raymundo de Tours le dirigió versos, y Bertrand de Carbonel le dedicó sus composiciones (Ticknor, pág. 47). Pero la imitación provenzalesca sólo fué en Castilla palaciega moda, que no llegó al pueblo, el cual tenía su poesía épica, sus romances, que cantaban los juglares y á veces se trasminaban á la literatura erudita, al Mio Cid, al poema de Fernán González, á las Crónicas. Por ese carácter palaciego se escribía la poesía provenzalesca en gallego ó portugués y nunca en castellano, hasta que la puso en olvido la imitación latina de Dante y Petrarca. En Portugal, donde la vida nacional no tenía tanto arraigo, la poesía de los trovadores, primero sola, luego mezclada con la popular gallega, conservóse hasta el siglo xvi, como se ve en los Cancioneros. El Cancionero Colocci-Brancuti abraza los dos géneros: el provenzal de los eruditos y el popular, también compuesto por los poetas eruditos, pero de origen é imitación juglaresca. Esta segunda vena lírica es la verdaderamente nacional y de ella no hay rastro en el Cancionero de Ajuda, que es de composiciones más antiguas y puramente erudito-provenzales. Las Canciones de amigo se dijeron por repetirse esta palabra con el sentido de amante, así como las de ledino, que parece un diminutivo de ledo, alegre. Balada era especie de danza y su canción, de balar ó bailar, así en gallego, provenzal é italiano. Dista tanto esta poesía lírica popular del Cancionero de la Vaticana de la erudita que encierran los Cancioneros ordinarios, como la épica castellana erudita del mester de clerezia dista del Romancero y del Mio Cid. En las 66 composiciones á la provenzal y las 53 cantigas de amigo de Dom Diniz puede verse bien esta diferencia. Las serranas, vaqueras ó pastorelas, las villanescas ó vilanas, ellas mismas están diciendo ser populares. Satíricas son las Cantigas de maldecir y de escarnio, las de joguete certeyro y las de risaelha (del reir), como las obras de burlas castellanas y los cantares cazurros, de los que el Arcipreste nos ha conservado un ejemplo.

¿Es cierto lo que M. Pelayo afirma (Antol. poet. lír. cast., t. III, pág. ix), que "la primitiva poesía lírica de Castilla se escribió en gallego antes de escribirse en castellano y coexistió por siglo y medio con el empleo del castellano en la poesía épica y en todas las manifestaciones de la prosa"? Cierto es que la hubo y se escribió; pero esta lírica galaico-portuguesa, naturalizada entre algunos eruditos castellanos, ni fué "la primitiva poesía lírica de Castilla" ni mucho menos, como luego añade, parece cierto que "este galleguismo no era meramente erudito, sino que trascendía á los cantares del vulgo. El mismo pueblo castellano, que entonaba en la lengua de Burgos sus gestas heroicas, se valía del gallego para las cantigas de escarnio y de maldecir, como lo prueban aquellos curiosísimos versos

"Rey velho que Deus confonda...".

con que los vasallos de Alfonso el Sabio increpaban al gran rey de Aragón don Jaime I, según nos refiere don Juan Manuel en su Conde Lucanor". Tenemos aquí la eterna cuestión de confundir el habla con la escritura. En primer lugar, en todo el Conde Lucanor, que me he leído para buscarlo, no he hallado nada de los vasallos de Alfonso el Sabio, de don Jaime I ni de los "curiosísimos versos", á lo menos en la edición de Rivadeneyra. Sea de ellos lo que fuere, ¿eran esos vasallos gente del pueblo?, ¿hablaban de por sí ó repetían versos tradicionales gallegos? Vengan pruebas de que el vulgo repetía versos gallegos. Claro está que hablo, no del vulgo de Galicia y aun León ó regiones donde se hablaba más ó menos parecidamente al gallego, sino del vulgo donde sólo se hablaba castellano. Tales pruebas no las conozco, y, por tanto, debo de suponer que el pueblo castellano no era bilingüe. En segundo lugar, el dicho de M. Pelayo supone que en Castilla no hubo poesía lírica propiamente castellana, sino que la primitiva fué allí la gallega. Á principios del siglo xiii, mucho antes de Alfonso X, escribía Berceo el citado cantarcillo de los judíos (Duelo) "Velat, aliama de los Iudios", que no iba á traducir del gallego ni lo cantaban sino en castellano, ni era imitación de la poesía gallega, aunque se le parezca, sino uno de tantos cantarcillos españoles, que yo tengo para mí se cantaron siempre en España. La lírica, los cantares, son tan viejos como los refranes, y la variedad métrica de éstos responde á la de los cantares. Los padres visigodos y los Concilios dan bien á entender que el pueblo los cantó en todo tiempo. Que Galicia fuera tierra particularmente acomodada á la lírica es tan cierto que ahora mismo lo es y la misma lengua gallega, dulcísima cual ninguna de la Península, es tan propia de la lírica, que ella de por sí se es lirismo puro, como es epopeya el idioma castellano. Pero eso no empece para que en el resto de España no hubiese cantares de versos cortos, lírica popular, en una palabra. Los autores que entienden de arte internacional han proclamado que la poesía lírica es de toda la raza ibera. (Teóf. Braga, en la introducción al Cancionero de la Vaticana; Fauriel, Hist. de la Poésie provençale, etc.). En Provenza llegó antes á escribirse; pero el origen ibero de sus primeros habitantes creen ser la raíz del lirismo, popular allí de muy antiguo. El mismo vocablo de balada y bailada, conocido ya por San Isidoro como poesía popular española, aparece en Provenza, Galicia y Portugal y es vocablo ibérico (Cejador, Tesoro de la lengua castellana, Labiales). Los pueblos germánicos eran más épicos y originaron la épica del francés ó lengua d'oil; los meridionales de la lengua d'oc fueron líricos, como los gallegos y toda España. Lástima grande que, como menospreciaron la épica popular nuestros eruditos hasta el siglo xv, que, apreciándola, la sacan del pueblo en los romances, así pasasen tantos siglos sin acordarse de la lírica popular hasta que nos la mostró el Arcipreste de Hita y, en parte, Santillana, y tras otro largo sueño volviéronla á sacar de entre el pueblo Juan del Enzina, Lucas Fernández y Gil Vicente en villancicos, églogas y autos. El Renacimiento hizo que muchos poetas la menospreciasen, aunque todavía se aprovecharon de ella los poetas más amantes de la tradición: Castillejo, Alonso de Alcaudete, Gregorio Silvestre, Góngora, Lope y Tirso. Hoy ha vuelto á renacer en Galicia, y algo menos en Castilla de lo que fuera de desear, aunque el pueblo hoy, como siempre, canta tan maravillosamente como jamás los mejores poetas eruditos cantaron.

204. Cancioneros portugueses (Theophilo Braga, Cancioneiro portuguez da Vaticana, pág. xcv):

Libro de las Cantigas do Conde de Barcellos, citado en su testamento (1350), dejándolo á Alfonso XI de Castilla, compilación que hizo el Conde de muchos poetas. En el Cancionero da Vaticana hállanse canciones del Conde, de Alfonso XI y del de Ajuda hasta 56, atribuidas á hidalgos de la corte de Dom Diniz.

Cancioneiro de Dom Diniz (Livro das Trovas de El rei Dom Diniz), estuvo en volumen aparte, según se sabe por el Catálogo de los libros del rey Dom Duarte. Fué incorporado en el de la Vaticana desde la canción 79.

Cancioneiro da Ajuda, comienza en la hoja 41, fáltanle las anteriores y al final no está acabado. No entraron en él las canciones de Dom Diniz y parece ser parte de otra colección mayor desconocida.

Cancioneiro de Dom Mencia de Cisneros, el que vió Santillana y contenía las canciones de Dom Diniz y los trovadores del Códice de Roma citados por Márquez.

Cancioneiro da Vaticana, núm. 4.803, con 56 canciones que están en el de Ajuda con variantes notables, lo que prueba que ambos códices vienen de diferentes fuentes. Tiene una parte relativa á los sucesos de la corte de Alfonso IV, que proviene de cancioneros extraños y posteriores al de Ajuda.