10. Lo del lenguaje literario en la época de Carlos V tratólo ya por entonces Juan de Valdés en el Diálogo de la lengua. Pregúntanle sobre la ortografía, vocablos y estilo que guarda en sus cartas, y respóndeles que su dechado es el habla vulgar: "He aprendido la lengua latina por arte y libros, y la castellana, por uso: de manera que de la latina podría dar cuenta por el arte y por los libros en que la aprendí, y de la castellana no, sino por el uso común de hablar; por donde tengo razón de juzgar por cosa fuera de propósito que me queráis demandar cuenta de lo que está fuera de toda cuenta". Tacha á Lebrija de no haberse aprovechado de todo el léxico vulgar castellano: "parece que no tuvo intento á poner todos los vocablos españoles, como fuera razón que hiciera, sino solamente aquéllos para los cuales hallaba vocablos latinos ó griegos que los declarasen". Insiste en lo vulgar: "para considerar la propiedad de la lengua castellana, lo mejor que los refranes tienen es ser nacidos en el vulgo". Esto de apreciar el habla vulgar y tenerla por dechado de la literaria es la primera novedad de esta época. Así como en el reinado de los Reyes Católicos comenzóse á apreciar la literatura vulgar, así ahora hácese otro tanto con el habla. Sin embargo, no se saca de este sano principio cuanto se sacará después, porque el renacentismo lo refrena, y así dice: "es mi opinión que la ignorancia de la lengua latina que en los tiempos pasados ha habido en España ha sido muy principal causa para la negligencia que habemos tenido en escribir la lengua castellana". Dice bien, pues los estudios latinos del Renacimiento despertaron la atención sobre el estudio del habla vulgar, que nadie había antes hecho. Así Nebrija y Hernán Núñez, que aprenden y enseñan griego y latín, luego caen en la cuenta de que también el castellano puede aprenderse y enseñarse, y escribe el uno Diccionario y Gramática y recoge el otro refranes. Con todo, seguía creyéndose que el latín había de ser la norma á la cual el castellano se ajustase: "No apruebo lo que hacen los que, queriendo conformar la lengua castellana con la latina..., porque tengo por mejor, para conservar la gentileza (el casticismo) de mi lengua, hacer desta manera, que si...". "Porque os apedrearían aquellos notarios y los escribanos (de Valladolid), que piensan levantarse diez varas de medir sobre el vulgo, porque, con saber tres maravedís de latín, hacen lo que vos reprehendéis". Y el mismo Valdés cae en lo de apreciar más, cuanto al habla, la opinión de los doctos y renacentistas: "Huélgome que os satisfaga; pero más quisiera satisfacer á Garcilaso de la Vega con otros dos caballeros de la Corte del Emperador". Y menosprecia al vulgo, único maestro del habla: "Es la más recia cosa del mundo dar reglas en cosa donde cada plebeyo y vulgar piensa que puede ser maestro". Véase cómo luchan las dos tendencias: "Bien sé que el latín quiere m, y que, á la verdad, parece que está bien; pero como no pronuncio sino n, huelgo ser descuidado en esto: y así, por cumplir con la una parte y con la otra, unas veces escribo n (antes de p y b) y otras m". Vuelve al sano principio: "Esto hago, con perdón de la lengua latina, porque, cuando me pongo á escribir en castellano, no es mi intención conformarme con el latín, sino explicar el concepto de mi ánimo de tal manera, que, si fuera posible, cualquier persona que entienda el castellano, alcance bien lo que quiere decir". Cuanto á vocablos, solían los escritores todavía menospreciar muchos por vulgares: "Y esos vocablos que vos no queréis usar, ¿úsanlos otros?—Sí usan; pero no personas cortesanas ni hombres bienhablados". En cambio, en habiendo sinónimos, prefieren los claramente latinos: "Yo uso siempre del latino, que ya casi los más lo entienden"; con lo que da á entender no ser de pura cepa vulgar. Los eruditos introducían voces nuevas greco-latinas: "De la lengua griega deseo introducir éstos, que están medio usados: paradoja, iranizar, idiota, ortografía.—Larga nos la levantaríades á los que no sabemos griego ni latín, si, por introducirnos nuevos vocablos, nos pusiésedes necesidad de aprenderlos.—Por vuestra vida, que me consintáis usar destos vocablos; pues si bien miráis en ello, fácilmente los entenderéis". Bien se ve aquí la comezón erudita por la lengua que está de moda: entonces, el griego y el latín; hoy, además, el francés y el inglés. "De la lengua latina querría tomar estos vocablos: ambicion, excepcion, docil, supersticion, obyeccion". De este jaez se introdujeron muchos que hoy corren ya por castizos, pero que poquísimo se usan en el vulgo. Todos estos principios del criterio lingüístico y las cualidades consiguientes del habla literaria vense claramente en Granada, los Valdés, Guevara, Ávila y Villalón, los mejores prosistas de la época, en quienes domina el gusto renacentista. En todos ellos el castellano tiene toda la amplitud del período clásico, que encaja en el genio del romance; el vocabulario es castizo, pero castizo-latino, podemos decir. Con dificultad se hallará la riqueza de voces de origen no latino que después se emplearon en el reinado de Felipe II. Y es que todavía señorea el patrón clásico, y, al escribir, se están acordando los escritores del latín. Por eso, comparado Granada con León, es más aguado, menos colorista ni brioso, más pobre su vocabulario; puede verterse casi literalmente al latín, ya cuanto á las voces, ya cuanto á la construcción. Todavía es Villalón más turbio y parecido á los de la pasada época en muchos trozos, aunque en otros se allegue más al vulgo, cuando dialoga llanamente. La lucha de las dos tendencias es en este autor más turbulenta por ser más helenista. Los Valdés han suavizado su decir con el roce del melodioso toscano, y aun por ablandarlo como nadie, empobrecen el vocabulario: son los Moratines de la época, el colmo del refinado gusto; han pulimentado toda esquina; dejan correr el habla como sesga fuente que mana; no detienen al lector con voces que brillen por el color ó la fuerza; todo es igual y parejo. Montemayor y Boscán en la prosa, Boscán y Garcilaso en el verso, han adelgazado el habla con la misma finura toscana, la han convertido en música. Pero hay algo de frío en esta blanda y suave frescura, falta fuerza de la tonalidad castellana, pujante y colorista, que vemos en la prosa del Lazarillo y en el verso de Sebastián de Horozco y de Castillejo, los cuales anuncian ya el castellano más castizo y nacional de los escritores del reinado de Felipe II. El estilo llega á la perfección clásica, aunque no á la perfección propia del realismo español. Véase en el más acabado estilista de la época, en Juan de Valdés: "Para deciros la verdad, muy pocas cosas observo, porque el estilo que tengo es natural y sin afectación ninguna. Escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque, á mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación". Es el canon helénico, y lo pone realmente, como nadie, en práctica al escribir. Pero nótese bien, con naturalidad y sin afectación caben variedad de estilos. Valdés, y generalmente los escritores de esta época, tanto prosistas como poetas, prefieren la llaneza ésta cuasi olímpica y sosegada; los de la época siguiente, con la misma naturalidad y carencia de afectación, tienen más del vigor y del color propios del realismo castellano, son más nacionales en estilo y lenguaje, más recios, de pincel más valiente; difieren de los de la época de Carlos V, como el Greco difiere de Pacheco, como la escuela española, que arranca del Entierro del Conde de Orgaz, difiere de la escuela italiana, aunque sea del mismo Tiziano, con ser el que más se nos allega en vigor y colorido. Véase el canon de mesura helénica en Valdés: "Todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis con las menos palabras que pudiéredes, de tal manera, que, explicando bien el conceto de vuestro ánimo y dando á entender lo que queréis decir, de las palabras que pusiéredes en una cláusula ó razón no se pueda quitar ninguna sin ofender á la sentencia ó al encarecimiento ó á la elegancia". Cierto, y el mismo canon repite y practica Cervantes; pero ¿quién duda de que la valentía del pincel de Cervantes y la riqueza de su vocabulario popular realza, rebulla y nacionaliza más sus escritos que no el encogido y puramente clásico é italiano de Valdés con los suyos? Y otro tanto se diga de los contemporáneos del uno comparados con los del otro. "En todas las lenguas del mundo hay unos que escriben mejor, más propia y galanamente que otros, y por esto, los que quieren aprender una lengua de nuevo, deberían mucho mirar en qué libros leen, porque siempre acontece que, así como naturalmente tales son nuestras costumbres cuales son las de aquéllos con quien conversamos y platicamos, de la mesma manera es tal nuestro estilo cuales son los libros en que leemos". He aquí el porqué de la diferencia del estilo y del lenguaje entre las dos dichas épocas. Los escritores del tiempo de Carlos V tenían puestos los ojos más en el latín y en el italiano, y en esos libros leían; los del tiempo de Felipe II, más nacionales, pasado ya algún tanto el hervor renacentista, los tenían puestos en el habla vulgar, buscaban la propiedad para decir en vulgar lo que hallaban en los clásicos, y más en la Biblia, ya que, como veremos, á los escriturarios romancistas se debe la nacionalización mayor del habla y estilo, y sacaron de las entrañas del habla popular la fuerza y el color en los vocablos, la soltura y concisión en el estilo, que sus antecesores no habían visto, por no leer este libro nacional del decir plebeyo y aquellos otros tan recios y realistas de la Biblia. Valdés tacha á Juan de Mena de latinizante desaforado en vocablos y estilo: "Dan todos comúnmente la palma á Juan de Mena, y á mi parecer... yo no se la daría, cuanto al decir propiamente, ni cuanto al usar propios y naturales vocablos, porque, si no me engaño, se descuidó en esta parte mucho, á lo menos en aquellas sus Trecientas, donde, queriendo mostrarse doto, escribió tan escuro, que no es entendido, y puso ciertos vocablos... que por muy latinos no se dejan entender á todos, como son: Rostro yocundo, fondon del polo segundo y ciñe toda la esfera, que todo esto pone en una copla, que todo, á mi ver, es más escribir mal latín que buen castellano". Otro tanto dice de La Celestina. La demasía en la afición al clasicismo puede verse en El Escolástico, de Villalón. Lo que maravilla es que la lengua castellana, llevada y traída por cien naciones de Europa y América, mezclándose en los tinelos de Italia como en los albergues de Flandes, en las mazmorras de Argel como en los bodegones tudescos, con todo linaje de hablas, chapurreada en Roma y Amberes, en París y Nápoles, destrozada por americanos cobrizos y negros africanos, campease tan limpia y castiza entre nuestros escritores y entre nuestros soldados, en labios de galeotes y trajineros, sin enturbiarse con tanto aluvión de lenguas como pasaban sobre ella por todos los rincones del mundo. Débese, sin duda, á la pujanza señoreadora del espíritu español en aquel siglo, á la robustez de la raza, que así como no se deja inficionar del descreimiento pagano de Italia, de la herejía de Alemania ni del mahometismo africano, así tampoco permite que su habla se mancille ni empañe: antes sacando del fondo popular nuevos aceros, se acrisola y nacionaliza, se enriquece y se arrea, se ennoblece y doblega, lo mismo para expresar las más altas elucubraciones platónicas de Grecia y místicas del Cristianismo, como las más rastreras y rufianescas de pícaros, jaques y hembras del partido. Tan verdad es que el idioma en cada siglo y nación pone de manifiesto la entereza ó decaimiento del pueblo que lo habla, espejándose en él su espíritu y cualidades más clara y transparentemente que en los libros de historia y aun en las obras de arte y de literatura. La misma pujanza de la raza se echa de ver en la fonética del castellano, que durante aquel siglo se mudó, abandonando algunos sonidos muelles y delicados y tomando otros tan recios y briosos, que frisan en broncos y desapacibles. Pero esta mudanza no acabó de hacerse hasta fines de siglo.

Pisa, Descripc. de Toledo, 1605, lib. I, cap. XXXVI: "Asimismo ordenó en las mismas Cortes el mismo rey don Alonso décimo (de Toledo, 1253) que si de allí adelante, en alguna parte de su reyno huviesse diferencia en el entendimiento de algún vocablo castellano antiguo, que recurriessen con él á esta ciudad, como á metro de la lengua castellana: y que passassen por el entendimiento y declaración que al tal vocablo aquí se le diesse, por tener en ella nuestra lengua más perfección que en otra parte". Cervantes dice esto mismo (Quij., 2, 9), y Mariana (Hist. Esp., 16, 15).

11. Radicales italianos (véase t. I, 69): acuarela neol. (dimin. de aqua), achicoria y chicoria (de *cichŏrĭa, cichōrēum, ϰιχόριον, interviniendo el it. cicorea, cicoria ó el fr. chicorée, rumano cicoare), adagio neol., aduana (del fr. douane, que, como el prov. doana, viene del it. doana, dogana, del árab. dīuān, ad dīuān), agio (de aggio; agiotaje del fr. agiotage, del mismo ital.), alabarda (de alabarda, labarda; del fr. hallebarde, helmbarte, hellebarte; del germ. helm == fût, harte == hacha, alem. Hellebarde), alerta (de all erta esser; de ērctum, erigere), alojar (de alloggiare, loggia, fr. loge; del ant. al louba), almidon (de amido; de amylum, ἄμυλον), amalgamar (de amalgamare, de malagma, μἀλαγμα), amartelar y martelo (de martellare), arcabuz (de archibuso, arcobugio, ó del fr. arquebuse; del hol. haakbus, al. Hakenbüchse; de Haken, haeck, haak == arco, y Büchse, buyse, bus == cañón de arma de fuego; modificado por analogía con arcus), aria neol. (de aria == aire), arlequín (de arlecchino, del guerrero maldito Hennequin ó Hellequin de cara negra, que guía á la noche por el cielo, Mesnie Hallequin de los bajo-normandos), arsenal (de arsenale, arzana; del árab. dārçana), artesano (de artigiano; de ars), avanzar (de avanzare; ab + ante), bagatela (it. bagatella, fr. bagatele), balandra (de balandra ó palandra; del hol. biennenlaender, barco que lleva á tierra; balandrán del fr. balandran, aludiendo á la vela de la balandra, it. palandra(na)), balaustro y balaustre (de balaustro y balaustre; de βαλαύστιον, flor del granado), balcón (de balco, palco; del ant. al. balcho, al. Balken), baluarte (de baluardo; del fr. boulevard, que lo tomó del al. Bollwerk y -ard), baqueta (de bacchetta, dim. de bac; de *bacus, baculus), banca, banco (de banca, banco; del germ. bank), batel (de battello, dim. de batto; del germ., ant. norso batr, al. Boot, bote), batuta (de battuta, battere), baul (de baule; baj. lat. bahudum; del germ. bahuten conservare, servare, medio al. behut, behuot), bayeta (de baietta paño negro, de bayo, badius), beca (de becca, beccare, picotear, despedazar; del celt.-ibero beccus, pico), bedel (de bedello, baj. lat. bidellum; del germ. bidal, ant. al. bital, pital, med. al. bitel; de bitten, tomada la terminación germánica como sufijo diminutivo y por etimología popular reducido á pedellus, cual si viniera de pes, pie, corredor, como quien dice), bellaco (de vigliacco, de vilis), belladona (de bella-donna, por el cosmético purpúreo que de ella se hacía y usaban las damas romanas), bemol (de b mole ó suave, b es el signo del bemol), bergamota (de bergamotta; del turco bergamōdi == reina de las peras), berza (de verza, verzo, vers; de viridiata, viridis), bicoca (bicocca, peña en la cumbre, de pico y coca), birreta, birrete (de birretta; de birrus, πυρρός; de aquí birro == sbirro == cast. esbirro, por el manto encarnado ó birro == birrum), bisel (de bisegolo: bis + acutus), bisoño (mejor del fr. bejaune ó becjaune, pajarillo, pipiolo, luego soldado bisoño), boceto neol. (de bozzetto), bodrio y brodio (de brodo, broda; del ant. al. brōt, guisar), borda y bordo (de bordo ó del fr. bord, del germ.), brida (de brida), brindis (de brindisi; del al. bring dir's, expresión para brindar), broculi (de broccolo; de brassicae-caulis), brújula (de bússola; de buxus), bruno (de bruno, del ant. al. brūn), buco y buque (de buco, buca, ahujero; del germ. būk, al. Bauch, vientre), busto (de busto; de bustum, por el que se ponía sobre la tumba ó urna de cenizas quemadas), cabalgata (de cavalcata, cavallo), cadencia (por analogía con cadenza, cadere), calafatear, calafate (de calafatare; del árab. qalafa), caminata (de camminata, cammino), canalla (de canaglia, canis), canciller (de cancelliere), canela (de cannella, canna), canje, canjear (de cangio, cangiare), capelo (de capello), capitán (de capitano), capitel (de capitello), capricho (de capriccio, capra), caporal (de caporale), carabela (de caravella; carabus, κάραβος), carabina (de carabina, dim. de calabre), carcaj (de carcasso; de carchesium, καρχήσιον), carena (de carena), carnaval (de carnevale), carroza (de carrozza), cartel (de cartello), cartucho (de cartoccio), casaca (de cassaca; del eslavo cosaco, por su traje), casamata (de casamatta), casulla (de casúpola), cédula (de cedola; schedula, σχἠδη), centinela (de sentinella; sente: senda), cimborrio (de ciborio, ciborium, κιβώριον), cofa (de coffa; ϰόφινος), cofrade (de co + frate), comparsa (de comparsa; de compar, compañero), cornisa (de cornice, coronis, ϰορωνίς), coronel (de colonello; de colona, columna), credencia (de credenza), crédito (de credito; credere); crujía, curuxia (Baena, 447) (de corsía, si no derechamente de cruz), crujir (de crosciare; del ant. bajo alem. *kraustyan, *krōstyan, gótico kriustan), cuartet-o, -a (de quartetto, quartetta), cúpula (de cupola; lat. cupa), chichisbeo (de cicisbeo), chusma (de ciurma; celeusma, κέλευσμα), dársena (de darsena; del árab. dār aç-çanāgha == casa de construcción; del arábigo derechamente vino atarazana, y arsenal del francés), dátil (de dattilo, δάϰτυλος), desmantelar (de smantellare), diseño (de disegno), dogal (de doga. δοχή); duela (dovela es su diminutivo), droga (de droga; del hol. droog, al. trocken), dúo (de duo, dos), embajada (de ambasciata) y embajador (de ambasciatore; de ambactus, que dió ambactia, ambasia, ambascia; de ambi- y ag- en forma participial en celta), esbelto (de svelto; ex + vellere), esbirro (vide birreta), esbozo (de sbozzo), escaramuza (de scaramuccia; del germ. skërman, ant. al. skirm, skerm, escudo, al. schirmen, proteger), escarpa (de scarpa, del germ. skarp), escayola (de scagliuola, scaglia; del germ. skalya, al. Schale), esclavo (de schiavo, del med. al. sklave, prisionero de guerra de los eslavos), escolta (de scorta; de cohors), escollo (de scoglio; de scoculus por scopulus), escopeta (de schioppetto, dimin. de schioppo, de *scloppus, golpe, tiro, por stloppus), escorzo (de scorcio; de curtus), escuadra (de squadra; de ex-quadrare), esdrújulo (de sdrucciolo, de sdrucciolare, tropezar), esfumar (de sfumare, fumus), esmaltar (de smalto; del germ. smalt, al. Schmelz), esmeril (de smeriglio, de σμερί por σμύρις), espingarda (de spingarda, del ant. al. springan), espoleta (de spoletta), esquife (de schifo; del ant. al. skif), estafermo (de sta fermo), estafeta (de staffetta, del ant. al. stapho, paso), estoque (de stocco; del ant. al. stoc), estofado, estofa (de stoffa, pedazo), estrambote (de strambotto, especie de estrofa); estropear (de stroppiare; de torpidare), estuco (de stucco, yeso; del ant. al. stucchi, costra), estufa (de stufa; de stuffa), extranjero (de straniero), facha (de faccia), fango (de fango, got. fani), faraute (de farabutto), fellón, felón (de fellone), feudo (de feudo, del germ. fehu, gót. faīhu), fiasco (de fiasco, por frasco), fieltro (de feltro; del germ. filt), filigrana, flauta (de flauto; del ant. franc. flaüte; de flatus), flecha (de freccia; del hol. flits, arco), floresta (de foresta; de foras), florete (de fioretto, de la flor de la punta), folleto (de foglietto; de folium), fracaso (de fracasso; frag + quassare), fragata (de fregata; navis fabricata), francolin (de francolino), fresco (de fresco; del ant. al. frisc), gaceta (de gazzeta, monedilla de cobre), góndola (de gondola, condy == κόνδυ vaso), grotesco (de grottesco, de crupta == κρύπτα), gualdrapa (de gualdrappa), guante (de guanto; del germ. want), intrigar (de intrigare, de intricare), joya (de gioja), lava (de lava), libreto (de libretto), lontananza (de lontano), macarrones (de macherone), malandrín (de malandrino), mariscal (de mariscalco; del germ. marah-skalk, criado de caballos), marrasquino (de marraschino), mastín (de mastino, mansuetinus), mazapán (de mazapane), menestra (de minestra, ministrare), mesana (de mezzana, mezzo, medio), millón (de milione), miniatura (de miniatura, minium), modelo (de modello, dim. de modo), mosaico (de musaico, μουσεῖον), mosquete (de moschetto, musca), mostachos (de mostacchio, μυστάκιον), muceta (de mozzetta, del al. mütze), nácar (de naccaro; del curdo nakera; árab. nakara grabar), nicho (de nicchio), norte (de norte, del gót. naurthr), novel y novela (de novello, novella), orzuelo (de orzöl; de hordeolus), palafrén (de palafreno; del bajo lat. paraveredus, celt., contaminado con freno), palanca (de palanca, φαλάγγη), palco (véase balcón), paquete (de pacchetto, pacco), parapeto (de parapetto), pastorela, pedal (de pedale), pedante (de pedante), pedestal (de piede-stallo), perfil (de profilo y per), peto (de petto), piano, piloto (de piloto), polea (de puleggia; de πολίδιον), póliza, popa (de poppa), porcelana (de porcellana, porcella, porcus), preboste (de prevosto, praepositus), proa (de proa), quilla (de chiglia; del germ. kiel), rada (de rada, med. ingl. rade), rancho (de rancio?), revellín (de revellino), rifa (de riffa; del germ. riffen), rimbombo (de ronda), saltimbanqui, sémola, sofión (de soffione), solfa, sonata, soprano, sotana, sotavento, superchería, tarantela, tarántula, tenor, terceto, tertulia (de trastullo, pasatiempo), tinelo, tómbola, tonel; (del ant. al. y galo tunna); tráfico, trinca, trinchar, trinchera, trinquete, tromba, trompa, ultraje (de oltraggiare), viola, violín y violón, vitualla (de vettovaglia).

12. Año 1517. Pocos meses antes de morir el cardenal Francisco Ximénez de Cisneros (1436-1517), estaba acabada, en 1517, la Políglota Complutense, cuyo texto griego del Nuevo Testamento había sido impreso en 1514; salió á luz la Políglota el año 1522, y la fecha del Breve apostólico de León X autorizándola es de 1520. Lleva el texto hebreo, el griego de los Setenta, el Targum, de Onkelos (Pentateuco), ambos con traducciones latinas interlineales, y la Vulgata latina. El Antiguo Testamento está en los cuatro primeros tomos; el Nuevo, en el quinto, con el texto griego y la Vulgata; el sexto es de gramáticas y vocabularios (hebreo, caldeo, griego). Diez años duraron los trabajos preparatorios. El hebreo y el caldeo corrió á cargo de los tres judíos conversos Alfonso de Alcalá, Alfonso de Zamora y Pablo Coronel; del griego cuidaron Lebrija, Demetrio Ducas, Hernán Núñez de Toledo (1475?-1553), Juan de Vergara (1491-1557), y en parte Nebrija, que tuvo mucha mano en la corrección de la Vulgata. Véase M. Pelayo, Heterod., II, pág. 46.—Martín de Arlés y Andosilla, canónigo de Aivar, en Navarra, publicó De Superstitionibus contra maleficia et sortilegia, París, 1517; Venecia, 1584.—Historia del Cavallero Arderique, 1517.—Compendio de la salud humana, Sevilla, 1517: reimpresión de la de Burgos, 1495: Espejo de cirugía y medicina.—Jaime Conill, valenciano, publicó Speculum conscientiae, Valencia, 1517.—Alonso de Córdoba, sevillano, publicó Tabulae Astronomicae, Venecia, 1517. Almanach perpetuum Abrahami Zacuthi.—Fray Pedro de Covarrubias († 1530), dominico burgalés, publicó Memorial de pecados y avisos de la vida, Burgos, 1517; Sevilla, 1521; Medina, 1545. Remedio de jugadores, Burgos, 1519; Venecia, 1526 (en lat.); Salamanca, 1543. Sermones, 2 vols., en latín, París, 1520. Aparejo de bien morir, Toledo, 1526.—Lorenzo Galíndez de Carvajal, de Plasencia, consejero de los Reyes Católicos, catedrático de Salamanca, publicó Addiciones á los Varones Ilustres de Fernán Pérez de Guzmán, con la Historia de Juan II, que revisó y publicó, Logroño, 1517. Los Ms., en Nic. Antonio. Consúltese Floranes, Vida y obras de don Lorenzo Gal. de Carvajal, en Doc. inéd. para la Hist. de España.—Hernando Alfonso de Herrera, talaverano y primer catedrático de Retórica en Alcalá, nombrado por Cisneros, publicó la Disputación de ocho levadas contra Aristótil y sus secuaces, Salamanca, 1517 (en castellano y latín). Fué el primer antiaristotélico español, escribió un comentario á las Elegancias, de Lorenzo Valla, y dejó discípulos: Expositio Laurentii vallensis de Elegantia linguae latinae, Alcalá, 1527.—Silvestre Velasco publicó Libro de Fisiognomia, 1517.

13. Año 1518. Cristóbal de Castillejo (1490?-1550) nació en Ciudad Rodrigo, entró de paje al servicio del infante don Fernando, hermano de Carlos V, acompañando á entrambos en sus viajes á Córdoba (1508) y á Extremadura (1516). Recibió órdenes sagradas y viajó como secretario con don Fernando (1525), cuando fué nombrado Rey de Bohemia (1526), Rey de romanos (1531) y Rey de Hungría (1540). Asistió con él á la dieta de Augsburgo y después anduvo en otras partes por Austria y Bohemia. En 1532 fué declarada noble su familia, y en 1536, nombrado él mismo para un beneficio en Ardegge, diócesis de Passau, que renunció en 1539, acaso por tener que pasar aquel mismo año á Venecia con el embajador Mendoza. Fué siempre delicado de complexión y pobre los últimos años de su vida, que acabó en Viena el 12 de junio de 1550, según reza la inscripción de su sepulcro en aquella ciudad. Como da á entender él mismo, recorrió la Francia y la Esclavonia, la Polonia y los Países Bajos, la Hungría y la Italia, la Alemania y la Inglaterra. Y no en vano, pues nunca se aprecian mejor las cosas de la patria como cuando se halla uno ausente de ella, y mientras Boscán y Garcilaso, Mendoza y Luis de Haro andaban hechos unos italianizantes enteros y verdaderos, como leemos en un su soneto, burlándose de novedades, se afianzaba él cada día más en los metros y maneras castizas, que tan al justo le venían á su ingenio regocijado y festivo, chistoso y socarrón de viejo castellano. Su musa fué la popular, lozana y fácil, levantada por las delicadas maneras de fino cortesano, sazonada con picante agudeza y hasta con licenciosa mordacidad. Los historiadores literarios, demasiadamente pagados de lo clásico, hanle tachado hasta de grosero y no han sabido apreciar su rica y pizmienta vena castiza. Canciones aldeaniegas de bodas y jolgorios, refranes populares y sabrosos decires, zumbas y risadas de sano humor, todo sacado del pueblo castellano, como del pueblo griego sacaba sus loquescas alegrías Anacreonte. Son las verdaderas anacreónticas españolas, tan sinceras y vivaces como muertas y mentirosas fueron las de los imitadores de aquel poeta. Por eso nadie le gana al cantar sus amores con Anna von Schaumburg, entre veras y burlas, con alegría mezclada de gravedad. Glosó á Jorge Manrique y el romance de La bella malmaridada; remedó otros como Tiempo es ya, Castillejo, con el mismo triste y melancólico plañido que lamentó Por la dolencia va el viejo. El Diálogo que habla de las condiciones de las mujeres, donde describe con satírico fuego el que oculto ardía en los pechos de algunas monjas enclaustradas, no podía salir con su nombre, así como ni el Sermón de Amores. Ambos fueron perseguidos y condenados al fuego. En sencillez, gracejo y hermosura puede parearse el Diálogo con los más elegantes de la antigüedad y del Renacimiento. Era más de alabar su afición á lo castizo y rancio, cuanto no puede desconocerse su erudición y conocimiento del latín. Tres traducciones hizo de Ovidio; en la poesía Vuestros lindos ojos, Ana, hay algunas estrofas remedadas de Catulo (carm. 51), y no menos en Dame, amor, besos sin cuento (carm. 5); imitó el epigrama de Navagero De cupidine et Hylla en las coplas Al amor preso, y se acuerda del Petrarca en la Torre del viento. Desde el año 1518, por lo menos, que compuso En una partida de la corte para Madrid en metro castellano, hasta los cuarenta de su edad, cuando Boscán y Garcilaso trajeron los nuevos metros de Italia, se había ejercitado siempre en la vieja poesía nacional; tenía cincuenta y más de edad al imprimirse las obras de aquellos ingenios italianizantes: nada tiene de extraño siguiese aferrado á lo castizo. Sobre todo, que su estro poético le llamaba á lo verdaderamente sincero y nacional, y le despegaba de cuanto fuese imitación y cosa extraña: fué el Anacreonte y el Catulo español. Aun bien que Castillejo, hallándose lejos de España, no pudo ser adalid formidable de los muchos que acaso hubieran acudido á su bandera contra la innovación; además que más que polémica dogmática, la que entabló contra ella fué polémica festiva, conforme á su genio y humor, siguiéndola en el mismo tono Gregorio Silvestre, el otro campeón de lo castizo. "Aquel verdadero poeta—dice Fitzmaurice-Kelly—impenitente conservador, representa con brillo una escuela poética que posee el sabor del terruño hispano, escuela que tres siglos de modas predominantes no han podido destruir". No hay confesión más clara del sólido valor que encierra lo castizo y nacional. Sobre ello pueden pasar modas que lo oscurezcan algún tiempo; pero siempre vuelve á lucir y su vivir es eterno. Sus obras se coleccionaron en 1573, aunque fueron saliendo antes sueltas.

En 1542 se publicó Sermón de amores, del maestro Buentalante, llamado Fray Nidel, de la Orden del Cristel, obra procaz, de la cual se cita otra edición, sin año ni lugar, con título de Sermón de amores, nuevamente trovado, por el menor de Aunes, á los galanes y damas de la corte: está en coplas de pie quebrado y versos pareados.

14. Diálogo que habla de las condiciones de las mugeres..., Venecia, 1544; Toledo, 1546. Otra edición, Va nuevamente corregida de algunas cosas mal sonantes, que en otras impressiones solían andar, con prólogo de Blasco de Garay, su corrector, 1546; Medina, 1548; Alcalá, 1615. Diálogo entre la verdad y la lisonja... Con otro tratado de la vida de la Corte. Por Cristóbal Castillejo, Alcalá, 1614. Historia de los dos leales amadores Píramo y Tisbe..., Alcalá, 1615. Las obras de Christóbal de Castillejo, corregidas y emendadas, por mandado del Consejo de la Santa y General Inquisición, Madrid, 1573. "Sumario ó división desta obra: En el primer libro las obras amatorias, cartas, villancicos, motes y letras; y al fin el capítulo al Amor, de sus defectos y pasiones. En el segundo libro las obras de conversación y pasatiempo, y al fin el Diálogo de Aletio y Fileno y el de la Pluma" (es el de las condiciones de las mujeres). En el tercer libro las obras morales, en que están el Diálogo de la vida de corte y el de la Adulación y Verdad; y al fin, las obras de devoción". Ediciones de Las obras..., Madrid, 1573, 1577; Amberes, 1598; Madrid, 1600. Libro de diversas trovas (Ms. de mediados del siglo xvi, Gallardo). Compuso en su mocedad varias comedias que han desaparecido, hasta la Farsa de la Costanza, ms. de El Escorial, que se le perdió á Gallardo, y los literatos han siempre deplorado. "Docto y sabio" le llamó Cervantes (Galatea, l. VI).

Cristóbal de Castillejo, Obras, Madrid, 1792, 2 vols.; Bibl. de Aut. Esp., t. XXXII. Consúltense: F. Wolf, Cristóbal de Castillejo's Lobspruch der Stadt Wien, en Sitzungsberichte der K. Academie der Wissenschaften, Wien, 1849, t. II, págs. 292-310; Ueber C. de C.'s Todesjahr, en Sitzungsberichte der K. Academie Wissenschaften, Wien, 1861, t. XXXVII, págs. 100-102; B. Sanviseuti, Un giudizio nuovo su C. de C. ne' soci rapporti coll' italianismo spagnuolo, en Atti della Reale Academie delle Scienzie di Torino (1905), t. XI, págs. 94-101; C. L. Nicolay, The Life and Works of Cristóbal de Castillejo, Philadelphia, 1910; Juan Menéndez Pidal, Datos para la biografía de Cristóbal de Castillejo (en el Boletín de la Real Academia Española, año II, t. II).

15. Año 1518. El M. Hernán Pérez de Oliva (1494?-1533), hijo de Hernán Pérez de Oliva, autor de La Imagen del Mundo, libro inédito, nació en Córdoba, estudió Artes en Salamanca y Alcalá, y desde 1512 con Juan Martín Silíceo dos años en París, á quien alabó en un diálogo, impreso con la Arithmetica de su maestro, en 1518: Dialogus in laudem Arithmeticae Hispana seu Castellana lingua, quae parum aut nihil a sermone Latino dissentit, París (véase año 1514). Siguió estudiando tres años Filosofía y Letras humanas en Roma, y otra vez en París, donde enseñó tres años Las Éticas de Aristóteles. León X le había dado los beneficios de su difunto tío, y Adriano IV le señaló una pensión de cien ducados; pero fallecido este Pontífice y vuelto á España (1524), obtuvo por oposición la cátedra de Teología moral en la Universidad de Salamanca, de la cual después fué Rector (1529). Nombróle Carlos V maestro del príncipe don Felipe, pero murió á poco, de edad de treinta y nueve años. Escribió además en elegante prosa La Venganza de Agamenon, tragedia... cuyo argumento es de Sófocles, Burgos, 1528, 1531; Sevilla, 1541; Madrid, 1914, por Ochoa. El Diálogo de la Dignidad del hombre, compuesto para probar cómo el castellano puede expresar tan elegantemente como el latín los conceptos más graves, publicólo, con una continuación, Cervantes de Salazar en 1546; tradújolo al italiano Alonso de Ulloa y lo publicó en Venecia, 1563. Compuso además: De las Potencias del alma y buen uso de ellas. Muestra de la Lengua Castellana en el nacimiento de Hércules ó Comedia de Amphitryon, tomado el argumento de la Latina de Plauto. Hécuba triste, de Eurípides. Razonamiento que hizo en el ayuntamiento de la Ciudad de Córdova sobre la navegación del Río Guadalquivir. Razonamiento que hizo en Salamanca el día de la lición de oposición de la cátedra de Philosophía moral. Títulos ó inscripciones en latín para las aulas de la Universidad Salmanticense. Enigmas en verso de arte mayor (octavas). Lamentación al saqueo de Roma, año 1527, en coplas de pie quebrado. Todas estas obras fueron juntamente publicadas por Ambrosio de Morales, su sobrino, en Córdoba, 1586: Las obras con otras cosas, Córdoba (comenzóse á escribir en Salamanca). Dejó sin acabar un Discurso en latín sobre la piedra imán, donde trató de "cómo se pudiesen hablar dos absentes", que no es más que el telégrafo moderno.

16. Hernán Pérez de Oliva, Obras, Madrid, 1787, 2 vols. Diálogo de la dignidad del hombre, Bibl. de Aut. Esp., t. LXV. Consúltese: M. Menéndez y Pelayo, Páginas de un libro inédito, en La Ilustración Española y Americana (1875), t. XIX, págs. 154-155 y 174-175; sobre todo en el Razonamiento que hizo (Pérez de Oliva) en Salamanca el día de la lición de oposición de la cátedra de Philosophía moral, donde nos da noticias de su vida.