31. Año 1523. Pedro de Altamira, de Hontiveros, publicó Auto de la aparición que N. S. Jesucristo hizo á los discípulos que iban á Emaus, Burgos, 1523, en metro de arte mayor.—Arte de confesión breve, Burgos, 1523, 1535. Hay un Arte de bien confesar, Toledo, 1524, 1525, 1536, refundición probablemente del libro así intitulado del maestro Pedro Ciruelo, y con no menor probabilidad lo es el libro burgalés.—Sancho Carranza de Miranda publicó Libellus, in quo refellit Errorem quemdam adversus virginei portus veritatem, Alcalá, 1523.—Luis Domínguez tradujo el Innamoramento di Carlo Magno (Venecia, 1481), con el título de Libro del noble y esforçado cavallero Renaldos de Montalbán, Toledo, 1523; Sevilla, 1525; con variantes en el título se reimprimió en Salamanca, 1526; Sevilla, 1535; Alcalá, 1563, 1564; Burgos, 1564; Perpiñán, 1585, 1589. La Trapesonda que es tercero libro de don Renaldos, Sevilla, 1533, 1543; Toledo, 1538, 1558; Alcalá, 1563; Perpiñán, 1585. Debía de estar ya impresa en Salamanca en 1526 (Registro de Colón) y es traducción de la Trabisonda historiata, de Francesco Tromba, Venecia, 1518. El quarto libro del esforçado cavallero reynaldos de montalván, que trata de los grandes hechos del invencible cavallero Baldo y las graciosas burlas de Cingar. Sacado de las obras del Mano Palagrio en nuestro común castellano, Sevilla, 1542. Tercera parte de Reynaldos de Montalbán, en la qual se cuentan los famosos hechos del infante don Roserin..., Sevilla, 1550; Toledo y Medina, 1586.—Erudita in daviticos psalmos Expositio incerto autore, Alcalá, 1523.—Luis Gómez, de Orihuela, publicó Ad Titul. Institutionum de Actionibus, Padua, 1523. In Regulas Cancellariae Apostolicae, París, 1545. Decissionum Rotae, París, 1546. De Litteris Gratiae, Lyon, 1573; Roma, 1587. Y otras obras.—Luis de Lucena, (1490-1552), médico de Guadalajara, publicó De tuenda, praesertim a peste, integra valetudine, deque huius morbi remediis, Tolosa, 1523. Colección de inscripciones de España, Ms. en la Vaticana. Inscripciones aliquot Hispaniae collectae ex ipsis saxis.—Juan Montes de Oca, ó Juan Hispano, averroísta sevillano, enseñaba en Padua y compuso bastantes obras inéditas y comentarios sobre obras ajenas que publicó (Nic. Ant.). Aristotelis Parva naturalia, Venecia, 1523; París, 1530. In librum IX Phisicorum... Padua, 1523. In VIII libros Physicorum, Padua, 1523.—Rodrigo Sineto, cordobés, publicó Dialectica Introductio, Toledo, 1523.—Fray Pedro Tierra publicó Supplementi Privilegiorum, Barcelona, 1523.—El maestro Gabriel publicó Utilissima et compendiosa expositio sacri canonis missae, Toledo, 1523.

32. Año 1524. Mosén Juan Ángel, valenciano, publicó Tragitriunfo de don Rodrigo López de Mendoza..., Valencia, 1524, en verso.—Lorenzo Balbo de Lillo, gran humanista toledano, publicó Quintus Curtius, Alcalá, 1524. In Valerii Flacci Argonautica, ibid., 1524.—El presbítero valenciano M. Bartolomé Cucala publicó la Obra muy provechosa no sólo para los Reverendos Sacerdotes, Rectores, Curas y Vicarios; mas también para los mismos penitentes: y en fin para todo fiel Christiano. Llamada Baculus Clericalis, Valencia, 1524, 1529 y 1539; Zaragoza, 1548, 1551 y 1552; Barcelona, 1553; Alcalá, 1554; Zaragoza, 1562, 1577.—Doctrina xriana en español, de San Agustín, Sevilla, 1524; Toledo, 1526.—Álvar Gutiérrez de Torres, de Toledo, publicó Breve Compendio de las Alabanzas de la Astrología, con el Sumario de las maravillosas y espantables cosas que en el mundo an acontecido, Toledo, 1524.—La Istoria d'l noble cauallero Paris é d' la hermosa doncella Viana, Burgos, 1524; tradújose del francés; su origen es provenzal; el traductor fué morisco. Ed. E. Saavedra, en Rev. Histórica, Barcelona, 1876, t. III, págs. 33-41. Véase I, 131 de esta nuestra obra.—Historia del esforçado y muy vitorioso cavallero Reymundo de Grecia, Salamanca, 1524.—Fray Cristóbal de San Antonio, franciscano, publicó Triumphus Christi Jesu contra Infideles, Salamanca, 1524.—En 1524 se publicaron las obras de Gabriel de Tárraga, médico catalán.

33. Año 1525. Juan Boscán, ó Mosén Juan Boscá Almugaver († 1542), de familia honrada, nació á fines del siglo xv en Barcelona; su padre, probablemente, fué Francisco Boscá, á quien nombró caballero don Fernando el Católico en 1510. Fué nuestro poeta, de mancebo (Garcilaso), ayo del gran duque de Alba, don Fernando Álvarez de Toledo (1507-1583), y discípulo de Lucio Marineo Sículo, como se ve en cartas que se cruzaron, siendo criado de la Real Casa desde el tiempo de los Reyes Católicos, y seguía siéndolo en 1533, al imprimir El Cortesano, y así se educó y vivió casi siempre en Castilla, y bien se ve por la pureza de su lenguaje. Asistió con Garcilaso á la frustrada empresa de Rodas (1522), y ya estaba entonces al servicio de la Casa de Alba. Había hecho amistad con Garcilaso (1503-1536) en la Corte, donde estuvo desde los diez y siete años, y guardáronla entrambos hasta la muerte. Entre 1525 y 1528, que Navagero (1483-1529) estuvo de embajador veneciano en España, hablando con él en Granada, se animó á escribir sonetos y versos al modo italiano, y comunicando á Garcilaso las dificultades que encontraba, alentóle no menos con su buen juicio primero y luego con su mismo ejemplo. Así llegó á España el endecasílabo toscano que tanto había de realzar la poesía erudita de nuestra nación, como llegó hasta Inglaterra más tarde y á Francia, por lo menos el soneto, ya que el endecasílabo no lo sufrían aquellos idiomas como el nuestro, en el cual asentaba como de molde. Tradujo El Cortesano del italiano, y se publicó en Barcelona, 1539, obra "muy bien romanzada". (J. Valdés, Diál. lengua). "El Cortesano no habla mejor en Italia, donde nació, que en España, donde le mostró Boscán, por extremo bien el castellano". (Ambrosio de Morales, en el Disc. sobre la lengua castellana, delante de las Obras de Francisco Cervantes de Salazar, 1546). Aunque el fondo de la obra no sea de Boscán, por el estilo y lenguaje es, sin duda, el mejor libro en prosa escrito en España en la época de Carlos V y el mejor intérprete que hasta ahora ha tenido la prosa italiana. Al publicar El Cortesano vivía ya Boscán en Barcelona, donde se casó con doña Ana Girón, valenciana, de origen aragonés, y de ella tuvo una hija, doña Mariana, que casó con don Martín de Bardaxí. Á su mujer alude en muchos de sus versos, por haberla querido entrañablemente y ser "sabia, gentil y cortés", como la llama don Diego de Mendoza en su carta á Boscán, de quien fué amigo, y cuya escuela italiana siguió. Seis años después de caer Garcilaso descalabrado por una piedra en la campaña de Provenza (1536), murió su amigo Boscán el 1542. (Documentos inéditos, tomo XVI, pág. 161, por Eustaquio Fernández de Navarrete, en su Vida de Garcilaso). Había preparado sus obras en verso para imprimirlas juntamente con las de Garcilaso, que le habían sido confiadas, ó por su mujer doña Elena de Zúñiga ó por alguno de sus compañeros de armas. Apareció la colección en Barcelona al año siguiente de morir Boscán, en 1543, por diligencia de su viuda.

34. En 1525, Andrés Navagero, llegó á la Corte de Toledo como embajador de Venecia, historiógrafo de ella y bibliotecario de San Marcos, filólogo de nota y refinado renacentista, y de los más famosos, con Bembo, Sadoleto, Frascator y Jerónimo Vida, ciceroniano tan intransigente como el mismo Longolio. Famoso es Il Viaggio fatto in Spagna (Venecia, 1563), y tan importantes sus cinco cartas á Ramusio, para conocer lo que sintió de España, viajando por ella tres años, hasta volverse en 1528; murió en Francia en 1529. Él fué el que un día en Granada, en 1526, animó á Boscán á "probar en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia", y le "rogó que lo hiciese" (Bosc., prólogo al l. II de sus poesías). "Tratando con él en cosas de ingenio y de letras, y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia; y no solamente me lo dixo así livianamente, mas aun me rogó que lo hiciese. Partíme, pocos días después para mi casa, y con la largueza y soledad del camino, discurriendo por diversas cosas, fuí á dar muchas veces en lo que el Navagero me había dicho, y así comencé á tentar este género de verso. En el qual al principio hallé alguna dificultad, por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro. Pero después, pareciéndome, quizá con el amor de las cosas propias, que esto comenzaba á sucederme bien, fuí paso á paso metiéndome con calor en ello. Mas esto no bastara á hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso con su juicio, el qual no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda. Y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele de aprobar con su ejemplo, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente". Sá de Miranda volvía por entonces de Italia y por poco no se adelanta á Boscán en la introducción del metro toscano. Dos meses antes que Navagero vino también su amigo el conde Baltasar Castiglione (1478-1529), perito en las dos lenguas clásicas, hombre de armas y de Corte, profesor de cortesanía galante no menos que de filosofía platónica, amigo y consejero de Rafael, poeta lírico y dramático, dechado de florentinos y autor de El Cortesano, trasunto de las discretas pláticas que se tuvieron en las fiestas y saraos en la elegante Corte del duque Guidobaldo de Urbino, á cuyo servicio entró en 1504, después de pelear con su señor natural el marqués de Mantua, Francisco Gonzaga, de la parte de los franceses, en la para ellos desgraciada batalla del Garellano (1503). En aquella Corte aprendió de la gentil duquesa Isabel Gonzaga y de su cuñada la ingeniosa Emilia Pía; del magnífico Julián de Médicis, hermano de León X; del futuro duque de Génova, Octaviano Fregoso; de su hermano Federico, arzobispo que fué de Salerno; del conde Luis de Canossa, y de los futuros cardenales Bembo y Bibbiena, interlocutores de los diálogos de su libro; pero, sobre todo, de su primo César Gonzaga, con quien compuso y representó en 1506 la égloga dramática Tirsi. Para otra fiesta del año siguiente compuso Bembo las estancias que Boscán imitó en su Octava Rima, su mejor ensayo en metro italiano. Clemente VII nombró á Castiglione protonotario apostólico y su Nuncio en España, llegando á Madrid el 1525 y murió en Toledo el 1529, cuando el Emperador trataba de hacerle Obispo de Ávila. Il Cortegiano, de Castiglione, se publicó en Venecia, 1528, anotado por Vittorio Cian en su edición de Florencia, 1894. Leyólo Boscán en el ejemplar que desde Italia le envió Garcilaso (carta dedicatoria del Cortesano). Con razón dice M. Pelayo que el que quiera apreciar el valor de la traducción de Boscán la coteje con la que Juan Nicasio Gallego ha hecho en el siglo xix de la novela de Manzoni "y comprenderá lo que va del uno al otro y lo mucho que hemos retrocedido en materia de estilo y lengua". Edic. Los cuatro libros del Cortesano, compuestos en italiano por el Conde Baltasar Castellón y agora nuevamente traducidos en lengua castellana por Boscán, Barcelona, 1534: Toledo, 1539; Salamanca, 1540; otra acaso del 1541; Toledo, 1542; Amberes, 1544; otra de 1549; Zaragoza, 1553; Toledo, 1559: Amberes, 1561; Valladolid, 1569; Amberes, 1573, 1574; Salamanca, 1581; Amberes, 1588; Salamanca, 1591; Madrid, 1873 (Libros de Antaño). Entre las copias de las poesías de Boscán hay que citar el códice 17.969 de la Nacional y número 693 del catálogo de Gayangos, donde además están la mayor parte de las de Garcilaso, algunas de Diego de Mendoza y de Juan de Mendoza y el Triunfo de Amor, del Petrarca, traducido por Álvar Gómez. Hay 26 poesías suyas (12 que no se hallan en ninguna de sus ediciones) en el Cancionero General de obras nuevas nunca hasta aora impressas, Zaragoza, 1554, ejemplar de la Biblioteca de Wolfembüttel, que reimprimió Morel-Fatio en L'Espagne au xvie et au xviie siècle, Hellbronn, 1878. Edic: Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso, Barcelona, 1543; otra del mismo, 1543; Lisboa, 1543; Medina, 1544; Amberes, 1544; Lyon, 1547 (dos edic.); Roma, 1547; París, 1548; Toledo, 1548; Lyon, 1549; Amberes, dos ediciones sin año; Valladolid, 1553; Venecia, 1553; Barcelona, 1554; Amberes, 1554; Stella, 1555; Amberes, 1556; Toledo, 1558; Amberes, 1569; Alcalá, 1575; Granada, 1575; Amberes, 1576; Zaragoza, 1577; Londres, 1578 (ingl.); Amberes, 1597; Madrid, 1875, que editó Knapp críticamente, añadiendo la bibliografía.

35. Boscán trajo por primera vez á España el endecasílabo del Petrarca, aunque tiene mucho verso escabroso, sobre todo por las sílabas átonas que se hallan donde debería haber acento, como: "Dando nuevas de mi desasosiego,—El alto Cielo que en sus movimientos". También peca en las cesuras: "Siguiendo vuestro | natural camino". Menudea los versos agudos, que nos disuenan, habiendo vencido el endecasílabo llano con Garcilaso, al cual estamos hechos.

Introdujo Boscán ó generalizó el soneto, la canción, el terceto, la octava rima y el verso suelto, aunque ya Santillana había hecho sonetos, pero casi nadie le había imitado. "Boscán—dice Menéndez y Pelayo (Antol., tomo XIII, pág. 379)—fué un ingenio mediano, prosista excelente cuando traduce, poeta de vuelo desigual y corto, de duro estilo y versificación ingrata, con raras, aunque muy señaladas excepciones. Reconozco que no tiene ni el mérito de la invención ni el de la forma perfecta".

36. La Historia de Leandro y Hero consta de unos 3.000 endecasílabos y está tomada del poeta griego Museo, que la despacha en tres ó cuatro centenares de hexámetros; lo mejor en esta taracea, bastante pesada, es lo que toma de la paráfrasis que de Museo hizo Bernardo Tasso (1493-1569) en la Favola di Leandro ed Ero (1537). Vale más la Octava Rima, alegoría de la Corte de Amor y de la Corte de Celos, con la historia de una embajada de la Corte de Amor á dos rebeldes barcelonesas, aunque en gran parte no sea más que traducción de las Stanze, de Bembo.

Herrera, Anotaciones á Garcilaso: "Boscan, aunque imitó la llaneza de estilo i las mesmas sentencias de Ausias, i se atrevió traer las joyas de Petrarca en su no bien compuesto vestido, merece mucha más onra que la de la censura i el rigor de juezes severos, porque si puede tener desculpa ser estrangero de la lengua, en que publicó sus intentos; i no exercitado en aquellas disciplinas, que le podían abrir el camino para la dificultad i aspereza, en que se metía; i que en aquella sazón no avía en la habla común de España á quien escoger por guía segura; no será tan grande la indinación, con que lo vituperan queriendo ajustar sus versos i pensamientos; i no reprehenderán tan gravemente la falta suya en la economía i decoro i en las mesmas vozes; que no perdonen aquellos descuidos i vicios al tiempo, en que él se crió; i á la poca noticia, que entonces parecía de todas estas cosas, de que está rica i abundante la edad presente".

Boscán, en la introducción al lib. II de sus poesías: "La cosa era nueva en nuestra España y los nombres también nuevos, á lo menos muchos dellos... estas trovas, las quales hasta agora no las hemos visto usar en España... he querido ser el primero que he juntado la lengua Castellana con el modo de escribir Italiano... Petrarca fué el primero que en aquella provincia le acabó de poner en su punto: y en éste se ha quedado y quedará, creo yo, para siempre. Dante fué más atrás: el qual usó muy bien dél, pero diferentemente de Petrarca. En tiempo de Dante y un poco antes, florecieron los Proenzales, cuyas obras... Destos Proenzales salieron muchos autores ecelentes Catalanes. De los quales el más ecelente es Osías March...". Cristóbal de Castillejo argumentó que Mena tenía algunos endecasílabos, y Argote de Molina, en el Discurso de la Poesía castellana, añadido á la edición de El Conde Lucanor (1575), reconoció endecasílabos en don Juan Manuel, y añade: "No fueron los primeros que los restituyeron á España el Boscán y Garcilaso (como algunos creen), porque ya en tiempo del rey don Juan el segundo era usado, como vemos en el libro de los sonetos y canciones del Marqués de Santillana, que yo tengo, aunque fueron los primeros que mejor lo tractaron, particularmente Garcilaso, que en la dulçura y lindeza de concetos y en el arte y elegancia no debe nada al Petrarca ni á los demás excelentes poetas de Italia". Repitió Herrera la especie, añadiendo un soneto del Marqués, en sus Anotaciones á Garcilaso, Sevilla, 1580, pág. 75, y Juan de la Cueva, en su Exemplar Poético, 1904, pág. 60. Sánchez, en el siglo xviii, halló endecasílabos en el Arcipreste de Hita. Hoy se sabe que el endecasílabo pasó de los provenzales á los galaico-portugueses. Su origen es latino, mudada la cantidad en la acentuación silábica, como aconteció con los demás versos. Los clásicos latinos procuraban que coincidiese el golpe fuerte ó thesis (el arsis, según el sistema de otros) con la sílaba larga de fin de verso y de hemistiquio y dondequiera deseaban sobresaliese el ritmo, y esto por el genio de la lengua latina, que daba más importancia que la griega al acento intensivo, como que en él se fundó la verdadera métrica latina del Carmen Saturnium, antes de llevarse á Roma la métrica griega, la cual jamás penetró entre el pueblo, que siguió con la suya y salió vencedora al decaer la literatura clásica, pasando á los nuevos idiomas neolatinos. Por esta razón nos suenan mejor los versos latinos que no los griegos. Nada tienen que ver con el endecasílabo el endecasílabo latino ni los demás metros clásicos dactílicos ni el endecasílabo arcaico, que no pasaron á la liturgia ni al pueblo cristiano. Litúrgico y medioeval fué, en cambio, el verso sáfico, más latinizado por Horacio al emplear el espondeo en el segundo pie y ponerle cesura || en el dáctilo:

Iam satis terris || nivis atque dirae
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