Otras veces el movimiento anapéstico no se hace sentir más que desde la 4.ª, como en los siguientes, parecidos á los que Juan de Mena, por influjo galaico-portugués, emplea en sus versos de arte mayor:

"Por bien quel sexo contraste é desdiga...
Enxemplo sean á tantos sennores...".

"En un poeta como el Marqués de Santillana, que tanto admiraba á Ausias March y á mosén Jordi, dice M. Pelayo, es muy probable la influencia del endecasílabo catalán, no sólo en la acentuación de la cuarta sílaba, sino en la grande abundancia de versos agudos".

Boscán, que conocía bien el endecasílabo catalán, huyó de él siempre, y no tiene ni un verso acentuado como los de Ausias, aunque le tome más pensamientos é imágenes que al mismo Petrarca. Por conocer el verso de arte mayor, huye del acento en la 5.ª Su endecasílabo es el italiano, que además del acento obligatorio de la penúltima, le lleva en la 2.ª y 6.ª, ó en la 2.ª, 4.ª y 8.ª Pegáronsele á veces del arte mayor y aun de algunos versos italianos, los versos acentuados en 4.ª y 7.ª, al modo gallego.

La oposición á las novedades de Boscán hecha por Castillejo y Gregorio Silvestre, dice M. Pelayo que más fué festiva que doctrinal, y diez años después de publicarse sus versos, esto es, en 1554, Hernando de Hozes, traductor de Petrarca, pudo decir: "Después que Garcilaso de la Vega y Juan Boscán traxeron á nuestra lengua la medida del verso toscano, han perdido con muchos tanto crédito todas las cosas hechas ó traducidas en cualquier género de verso de los que antes en España se usaban, que ya casi ninguno las quiere ver, siendo algunas, como es notorio, de mucho precio". Aunque es cierto que los antiguos metros no fueron del todo desechados, ya que los siguió empleando hasta don Diego de Mendoza, tan amigo de Boscán, por no decir nada de Jorge de Montemayor, Gálvez de Montalvo y otros, que seguían prefiriéndolos y que Castillejo murió impenitente en sus trece. Gregorio Silvestre, su discípulo, se dió á partido (véase Pedro de Cáceres y Espinosa, en el prólogo á las Obras, de Silvestre, Granada, 1599). Los portugueses Sá de Miranda, Antonio Ferreira y Camoens siguieron la innovación. Sebastián de Córdoba, vecino de Úbeda, viendo cuán común y manual andaba en el mundo el libro de las obras de Boscán y Garcilaso, malgastó doce años en parodiarlas á lo divino: Las obras de Boscan y Garcilaso trasladadas en materias christianas y religiosas, Granada, 1575; Zaragoza, 1577. Lo mismo hicieron fray Bartolomé Ponce en la Clara Diana y Juan de Andosilla Larramendi en Cristo N. S. en la Cruz hallado en los versos de Garcilaso. Esto da bien á entender la boga que tuvieron las poesías de los dos amigos, hasta que en el siglo xvii le llama ya Cervantes "el antiguo Boscan"; quiere decir que había pasado de moda.

M. Pelayo, Id. estét., t. II, vol. II, pág. 385: "La introducción de los metros italianos se verificó sin resistencia alguna que tuviera verdadero carácter crítico: las trovas de Castillejo y de Gregorio Silvestre contra los petrarquistas son una humorada sin alcance, que de ningún modo puede tenerse por guerra literaria. Oposición formal no la hubo, ni podía haberla, puesto que no se trataba de un conflicto entre la poesía nacional y la trasplantada de Italia, sino de un conflicto entre dos escuelas líricas igualmente artificiosas, derivación lejana la una del arte provenzal y galaico-portugués (no estoy conforme de todo punto con esto); pero modificada ya desde fines del siglo xiv por elementos italianos; y nacida la otra de la inteligente comprensión de los primores de la forma en las obras del Renacimiento toscano, y á través de él en las del arte latino, y más remotamente en las del arte helénico. Y de hecho, como nada de la poesía indígena se perdía, como sólo se trataba de sustituir una imitación á otra, y como aquella imitación era más discreta (y en el fondo más original), y de obras, sin duda, más perfectas y armoniosas, y traía además la poderosa palanca de un nuevo metro, "capaz (como escribió Boscán) para recibir cualquier materia, ó grave ó sotil, ó dificultosa ó fácil, y assimismo para ayuntarse con cualquier estilo de los que hallemos entre los autores antiguos aprobados", y, finalmente, como el espíritu de aquel siglo y la tendencia de los sucesos y la disposición de los espíritus se encaminaban fatalmente hacia il bel paese, la batalla estaba ganada antes de darse, y bien se les conoce á los innovadores en la arrogancia é imperio con que se asientan sobre la tierra de su conquista". En estas palabras muestra M. Pelayo su predilección por todo lo que el Renacimiento trajo consigo; pero el hecho es que la copla castellana es española de origen, antiquísima, que es la única popular hasta hoy y la que más se acomoda á nuestro idioma. Somos los españoles demasiado vivos para soportar la pachorra de tan largos versos y no nos gusta desleir en ellos el pensamiento, que, cuajado en versos cortos y trocaicos de ritmo, brinca y corre con la galanura propia de nuestra lengua. De mí sé decir que pierdo el hilo, ó me cuesta trabajo seguirlo, en los endecasílabos; mientras que en las coplas no necesito hacer el menor esfuerzo para seguir el pensamiento.

37. Ahora digamos claramente el juicio que formamos de la introducción de este metro en castellano, así como del soneto, tercetos y octavas. El castellano es tan flexible y musical, que se acomoda hasta al ritmo yámbico, que es el más opuesto á su naturaleza: así se acomodó á los metros medioevales franceses y á los italianos del siglo xvi, todos ellos de ritmo yámbico. Fué provechosa, pues, su introducción, porque añadió nueva cuerda á la lira castellana; pero entiéndase: á la lira erudita. Tardó mucho tiempo el castellano en acomodarse á él, y apenas se hicieron nunca en la época clásica endecasílabos italianos perfectos en castellano.

Fué, sin embargo, dañosa la introducción, porque todos los poetas que con él se entretuvieron hubieran podido hacer obras mucho mejores si se atuvieran á los metros castizos. Otro tanto se diga de sonetos, tercetos y octavas, estrofas artificiales todas, que plagaron nuestro parnaso y le llenaron de afectación y de obras de pura técnica. No hay cosa más artificial, fría y hasta aovillada que un soneto. El sentimiento se sacrifica en él á la pura técnica. Y con ese metro y esas estrofas, vinieron los fríos y eruditos asuntos y géneros clásicos, como la égloga y bucólica mentirosa y sosísima, que puso en olvido la verdadera y viva égloga castellana de Juan del Enzina, por ejemplo, y de Gil Vicente. Todo fué Arcadias embusteras, escenas campestres de un campo fantástico que no era el que gozamos en España; pastores que no son los de por acá, hasta ideas paganas en religión, que sonaban en labios de pastores españoles á pura quimera, como puede verse hasta en la misma Galatea, donde se pinta una sociedad enteramente falsa. Las necedades, las sosainas que nuestros líricos escribieron no tienen fin ni cabo. Desde Boscán, de toda aquella hojarasca lírica huera, apenas nos gustan más que las contadas piezas compuestas en los metros y manera antigua; todo lo italiano nos suena á lo que era de hecho: á puro ejercicio de escuela, á fría imitación, á afectación y amaneramiento. El espíritu castizo hizo que los poetas verdaderos posteriores volviesen á los metros castellanos, á los versos cortos y al romance, esto es, á los siempre usados por el pueblo. La innovación italiana mató la verdadera lírica de la época clásica, desnacionalizándola en la mayor parte de los autores. Éste es el juicio, severo acaso, para los pagados de la pura erudición; pero que brota de los hechos mismos y de lo que el común de los lectores siente al leer hasta las más delicadas composiciones de Garcilaso, que no podemos menos de exclamar: "¡Lástima de poeta, que se entretuvo y malgastó tan lindo ingenio en fríos lirismos y en lirismos afectados!" Y no hay mayor enemigo del lirismo, que consiste en la sincera expresión de los sentimientos, que la frialdad y la afectación. Con razón, pues, le achacaba Castillejo á Boscán el haber errado el camino: "El mismo confesará | que no sabe dónde va".

38. Alfonso García Matamoros, en el mismo panegírico del Renacimiento español, en su De adserenda Hispanorum eruditione (1553), da bastante á entender que "los versos á la italiana son más artificiosos que suaves y canoros". No se atreve á condenar á los nuevos poetas; pero dice que "en los oídos de algunos suenan mejor los versos de los antiguos y también aquellos romances viejos que, con cierto horror de antigüedad, celebran tan sabrosamente los amores, hazañas y victorias de nuestros antepasados", y compara los nuevos poetas, que, no contentos con los ritmos tradicionales, han traído los nuevos, á las hierbas, dañosas á los frutos, que produce el ingenio feraz de los españoles, el cual no sólo da frutos exquisitos, sino hasta esas hierbas. "Si yo fuera poeta, preferiría cantar, añade, á la manera antigua, que á todo el pueblo gustase y me aplaudiese". Lope admira igualmente á estos nuevos poetas; "pero en el fondo de su alma, dice M. Pelayo, era poeta popular, amigo de los metros cortos, que son el nervio de su teatro, y si hubiese vivido en los tiempos de Castillejo, probablemente se hubiese alistado en su cruzada contra los petrarquistas". Véase Obras sueltas, edic. Sancha, t. I, pág. 83, Laurel de Apolo: "Las coplas castellanas, | si bien después de ser puras y llanas, | son de naturaleza tan suave, | que exceden en dulzura al verso grave (al endecasílabo); | en quien con descansado entendimiento | se goza el pensamiento | y llegan al oído | juntos los consonantes y el sentido, | haciendo en su lección claros efetos, | sin que se dificulten los concetos. | Así Montemayor las escribía, | así Gálvez Montalvo dulcemente, | así Liñán y ahora los modernos: | que como ésta nos es propia Poesía... | ingenios españoles hace eternos". En este sentido estoy con Gracián, cuando dice en el Criticón (2.ª pte., cr. 1): "No hay hartazgo de zanahorias como unos cuantos sonetos del Petrarca y otros tantos de Boscán". Y en la crisis cuarta: "Descolgó (la diosa de la Poesía) una vihuela, tan de marfil, que afrentaba la misma nieve; pero tan fría, que al punto se le helaron los dedos y hubo de dejarla, diciendo: "En estas rimas del Petrarca se ven unidos dos extremos, que son: su mucha frialdad con el amoroso fuego. Colgóla junto á otras dos muy sus semejantes, de quienes dijo: "Éstas más se suspenden que suspenden, y en secreto confesóles eran del Dante Aligero y de el español Boscan". J. Castellanos, Elegías, 4.ª pte., cap. XIII: "Jiménez de Quesada, licenciado, | que es el Adelantado deste Reino, | de quien puedo decir no ser ayuno | del poético gusto y ejercicio; | y él porfió conmigo muchas veces | ser los metros antiguos castellanos | los propios y adaptados á su lengua, | por ser hijos nacidos de su vientre, | y éstos (los italianos) advenedizos adoptivos, | de diferente madre y extranjera". Notable testimonio filológico en el primer conquistador del Nuevo Reino de Granada.

Juan Boscán Almogaver, Obras, ed. W. I. Knapp, Madrid, 1875. El Cortesano, ed. A. M. Fabié, en Libros de antaño, Madrid, 1873, t. III. Poesías, ed. A. de Castro, Bibl. de Aut. Esp., ts. XXXII y XLII. Las Treinta, ed. H. Keniston, Hispanic Society of America, New-York, 1911. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. XIII. F. Flamini, La "Historia de Leandro y Hero" e l' "Octava Rima" di Giovanni Boscan, en Studi di storia letteraria italiana e straniera, Livorno, 1895, págs. 383-417. F. Pércopo, Giovanni Boscan e Luigi Tansillo, Arpino, 1913. P. Verrua, Precettori italiani in Ispagna durante il regno di Ferdinando il Cattolico, Adria, 1906.