39. Año 1525. Garcilaso de la Vega (1503-1536) nació en Toledo, fué hijo segundo de don García, político en tiempo de los Reyes Católicos, y de doña Sancha de Guzmán, señora de Batres. Huérfano de padre siendo de pocos años, pasó su mocedad en Toledo, y á los diez y siete le admitió el Emperador entre los mancebos nobles de su guardia, entre los cuales sobresalió en gallardía de cuerpo y en las partes de un cumplido cortesano, pues sabía griego, latín, toscano y francés, jugaba las armas con tanta gentileza como tañía una arpa ó una vihuela, que se llevaba de calle á las damas, entre las cuales, la que en la égloga I llama Galatea ó Elisa, tempranamente fallecida, y otra napolitana (soneto XXVI, etc.), á quien conoció allí sirviendo al virrey don Pedro de Toledo. También fué á Francia con la embajada de la Emperatriz. Desposóse (1526) con doña Elena de Zúñiga, hija de don Íñigo, maestresala de la reina doña Isabel.
Mostróse valiente soldado contra los Comuneros en Olías, donde fué herido, con los sanjuanistas en la defensa de Rodas (1522), contra los franceses en Fuenterrabía (1523), contra los florentinos en Italia (1530), en el cerco de Viena por los turcos (1532), contra Barbarroja en la empresa de Túnez; herido no pocas veces, en el rostro las más, vióse en varios peligros de muerte con serenidad y arrojo temerario, pereciendo en uno de ellos. En 1536, el 23 de setiembre, tardaba la artillería en abrir brecha en el muro de la fortaleza de Muey, cuatro millas de Frejus, en Provenza; como sintiera impaciente al Emperador por esta tardanza, Garcilaso, maestre de campo de la Infantería española, se lanzó al asalto con los suyos, sin detenerse á armarse de su casco y coraza, sólo con una rodela y la espada en la mano, subió por una escala puesta al muro y alcanzóle en la cabeza una peña despedida desde los adarves, que le hizo caer tendido de espaldas en lo hondo del foso, mortalmente herido. Ciegos con esto sus peones, escalaron la torre y el Emperador la mandó luego arrasar, ahorcando á sus defensores, "rigor desacostumbrado en el ánimo benigno de tan gran Príncipe, que nos muestra bien el exceso de dolor y rabia con que destrozó su alma tan trágico suceso". (Navarrete, Vida, pág. 85). Llevado á los reales de Niza, falleció Garcilaso el 14 de octubre, de edad de treinta y tres años, en brazos del Marqués de Lombay, después San Francisco de Borja (1510-1572). Enterráronle dos años más tarde en San Pedro Mártir, de Toledo. Las Musas castellanas hubieron de contentarse con los primeros y juveniles frutos, de imitación y remedo los más, de este elegantísimo poeta clásico, que hallaba ratos de esparcimiento para ensayarse, entre el fragor de las armas, en escarceos poéticos, que pudieran haberse convertido, andando el tiempo, si más durara, en obras de mayor aliento y grandeza. Así es de creer en un ingenio, un spirto gentil, como le llamó Tansillo, que á los primeros pasos que dió en las sendas del Parnaso, dejóse muy atrás, no sólo á su amigo Boscán y á cuantos le precedieron, sino á los más de los que tras él habían de venir.
40. Fué nieto de Pérez de Guzmán. Don García tomó por apellido el de su abuela doña Elvira, hermana del marqués de Santillana, don Iñigo, por haberse educado con ella y haber sido hijo segundón, pues el apellido de su padre don Pedro fué Suárez de Figueroa. Doña Elvira conservó el apellido de su madre doña Leonor Lasso de la Vega, pues el del padre, don Diego, sabido es que fué Hurtado de Mendoza. El solar de la Vega se halla en las Asturias de Santillana, riberas del Vesaya, una legua de Santillana y otra del mar. El mayorazgo don Pedro Lasso, corregidor de Toledo y cabeza de Comuneros, "era un caballero de sanas entrañas y sin malicia, y junto con esta bondad, amigo de justicia y del bien del reino, y por esto se metió tanto en estos bullicios" (Sandoval, Hist. de Carlos V, l. V). El mismo nombre de Pedro Lasso tuvo su antepasado el Almirante de Alfonso el Sabio. Navarrete cree, contra los demás, que se crió en la Casa Real, según la antigua costumbre de los nobles. Tamayo de Vargas, fol. 4: "En el hábito del cuerpo tuvo justa proporción, porque fué más grande que mediano, respondiendo los lineamentos y compostura á la grandeza; la trabazón de los miembros igual; el rostro, apacible con gravedad; la frente, dilatada con majestad; los ojos, vivísimos con sosiego, y todo el talle tal, que, aun los que no le conocían, viéndole, le juzgaran por hombre principal y esforzado, porque resultaba de él una hermosura verdaderamente viril". Sobre su temeridad y arrojo, véase Luis Zapata, Carlo Famoso. Á su muerte le quedaron de su esposa tres hijos: Garcilaso, don Pedro y doña Sancha; don Lorenzo se sospecha fuese hijo natural. Murió el primero de veinticinco años, defendiendo á Vulpiano contra el francés; fué dominico el segundo, y doña Sancha casó con don Antonio Portocarrero. Cuanto á don Lorenzo, desterrado á Orán por una sátira mordaz, murió en el camino. En el alzamiento de los Comuneros (1520-1521) se puso al lado del Emperador, mientras su hermano mayor, Pedro Lasso de la Vega († 1554), les siguió á ellos. Llevóle Carlos V á Italia en 1529 y le envió á París en 1530 con una comisión secreta. Habiendo partido en 1531 á Alemania con su amigo el Duque de Alba, cayó en desgracia del Emperador, por haber alentado el matrimonio de su sobrino con Isabel de la Cueva, dama de la Emperatriz y sobrina del Duque de Alburquerque, contra la voluntad de Carlos V, el cual le encarceló en una torre de la Grosse Schütt Insel, isla del Danubio, donde escribió Danubio, río divino. Allí estuvo tres meses y pasó á las órdenes del virrey de Nápoles, don Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, tío del Duque de Alba. Entre 1532 y 1533, estando en Nápoles, dirigió una oda latina al erudito Antonio Telesio (1482-1534) y tuvo amoríos, que suenan en sus composiciones. El mismo año de 1533 fué á ver al Emperador en Barcelona, donde halló á Boscán; volvió á aquella ciudad en 1534 y de allí á Italia por tierra, deteniéndose en Valclusa, y allí compuso á su amigo Boscán una epístola, "do nació el claro fuego del Petrarca". En 1535 asistió á la jornada de Túnez, recibiendo dos heridas, al lado de Diego Hurtado de Mendoza. Vuelto á Nápoles, dirigió un soneto á Mario Galeota; y Scipione Capece, uno de los principales entre los Accademici Pontaniani, le dirigió la edición de Virgilio.
41. No se cuidó Garcilaso de sus versos; los que conocemos los recogió Boscán, su amigo entrañable, y, con los del mismo Boscán, diólos á la luz la viuda de éste doña Ana Girón de Rebolledo, en 1543. Tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones y varios sonetos, que, con los hallados hasta hoy, llegan á 38, dudosos algunos. Hizo otras composiciones en versos cortos, una Carta-prólogo para El Cortesano, de Boscán; otra Carta al Emperador, un Villancico, versos italianos y latinos. Garcilaso, en su edad madura, hubiera quizá sido un poeta castizamente español en el fondo, clásico en la forma: un poeta de cuerpo entero; comenzó, á fuer de principiante, ensayándose en la imitación del clasicismo italiano, y en este terreno salió maestro. Es el mejor poeta castellano de los cultos, aristócratas, nada populares, que imitaron á los latinos al través de los italianos.
Herrera, el Brocense y sus demás comentadores, descubrieron su poca originalidad, precisando los trozos imitados, las frases, las metáforas tomadas de Tansillo, Sannazaro, Petrarca, Dante, Marcial, Virgilio, Marcello Filosseno, Bembo, Tasso.
El italianismo exagerado procedía en Garcilaso de menospreciar la antigua poesía castellana. Alabando á Boscán por su traducción del Cortegiano, dice: "Yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escrito en nuestra lengua sino lo que se pudiera muy bien escusar". Sin duda, no conocía el Mio Cid ni el Arcipreste de Hita; pero un poeta que no aprecia el Romancero ni la poesía de Enzina, muestra no tener capacidad para apreciar la poesía recia popular por exceso de aristocracia en sus venas y de enfermiza admiración por la poesía culta. Quiso romper enteramente con la tradición é hizo bien en lo que toca á la poesía erudita, la única que él entendía; pero, menospreciando la popular, como su antiguo pariente Santillana, no hizo obra nacional, sino de pura imitación seudoclásica. Carece del nervio, del realismo, del color y de la sinceridad, cualidades propias del alma española, que sacrificó por una versificación intachable, una dulzura que á la larga empalaga y unos asuntos que no llenaban á los españoles. Sus versos no hieren el alma: pasan rozándola suavemente, como un rumor músico que agrada al oído, pero que no nos dice nada. Transparéntase por demás el amaneramiento y el artificio y su idealismo no arranca de la vida real española, de modo que son puras nubes, que toman variadas formas y se coloran ricamente, pero que se ve no llevan dentro sustancia alguna, sino que son puro aire. Si alguno imitando consiguió fama, fué Garcilaso en España, como en Roma Virgilio; porque imitó con libertad y puso de su cosecha elementos realmente poéticos: la música, la frase, la dulzura, el sosiego, la nobleza de sentimientos. Es una rozagante y deslumbradora tela recamada de oro; pero hecha con filamentos de tela de araña. Increíble parece que este poeta escribiese "tomando ora la espada, ora la pluma", como él dijo, sin que jamás se oyese en sus versos el chasquido de las espadas y sólo veamos la pluma de un cisne traída de la remota Arcadia, que melopea suavemente sin decirnos cosa. El simbolismo en los nombres de sus pastores, etcétera, nada añade de poesía después de conocidas las personas que expresan, al igual que en Virgilio, á quien se parece mucho, cuanto á la técnica y dulcedumbre de expresión, quedando, sin embargo, muy lejos de él en el sentimiento y en la plasticidad y relieve de sus pinturas, que son en Garcilaso descoloridas y sin bulto. Logró lo que Boscán no pudo lograr: la españolización casi completa del endecasílabo, doblegando la lengua castellana á su ritmo de una manera maravillosa, naturalizando el soneto, ensanchando el marco de la canción, amoldando el período castellano á su libre y redondeada amplitud, para lo cual nuestro idioma es tan acomodado. Acertó en el terceto y en la octava rima, aunque no tanto en la rima al mezzo. Suya es la estructura de la oda y de la silva (versos de siete y once sílabas).
La alta sociedad española, cada vez más cortesana, refinada y elegante é italianizada, gustó sobremanera de la manera de Garcilaso: y sus versos, impresos con los de Boscán en lindas ediciones de bolsillo, andaban en boca de todas las gentes de cuenta, hasta el punto de que los no tan avenidos con las insulseces extrañas y clásicas del fondo, los acomodaran á lo divino, haciendo centones con ellos. Así Sebastián de Córdova Sazedo publicó Las obras de Boscán y Garcilaso trasladadas en materias cristianas y religiosas, 1575; Juan de Andosilla publicó Cristo N. S. en la Cruz, hallado en los versos de Garcilaso. Fuera de España apreciaron su maestría, y François de Belleforest arregló con su segunda égloga la Pastorale amoureuse (1569), y Mariano le ponía junto á Ronsard, en su Galleria (1619), aunque valía mucho más que él. Paulo Jovio, en el l. XXXIV y en los elogios de los hombres doctos, alaba las Odas, que escribía con la suavidad de Horacio. Pedro Bembo, en carta latina que le dirigió (1535), y en otra toscana á Fasitelo, piensa que no sólo á los españoles, pero que excederá á los italianos si no se cansa en aquel estudio. Versos en su favor, véanse en Herrera.
42. De Garcilaso sobre todo, como cabeza de los demás, hay que decir lo que escribe Rodríguez Marín (Barahona, pág. 282): "Nuestros poetas se apropiaron, como bienes mostrencos, las ideas que en aquellas formas habían vertido los italianos, y éstos y los clásicos antiguos de Grecia y Roma abastecieron á la musa ibérica, de tal modo, que en los unos y en los otros pueden buscarse, casi siempre con fruto, durante los dos últimos tercios del siglo xvi y una buena parte del xvii, las fuentes de nuestro vasto caudal de asuntos y pensamientos poéticos. Todos imitaban, todos traducían; trajímonos con los moldes la masa echada en ellos, y nuestro Parnaso perdió en originalidad genuinamente española cuanto ganó en brillantes atavíos, en amplitud de formas y en riqueza y variedad de modos de expresión". De su estilo escribió Francisco de Medina (Herrera, Anot., pág. 8): "Las sentencias son agudas, deleitosas y graves las palabras, propias y bien sonantes; los modos de decir, escogidos y cortesanos; los números, aunque generosos y llenos, son blandos y regalados; el arreo de toda la oración está retocado de lumbres y matices que despiden un resplandor antes nunca visto; los versos son tersos y fáciles, todos ilustrados de claridad y ternura, virtudes muy loadas en los poetas de su género". Herrera (Vida): "Es el estilo de G. L. inafetado, como se dixo de Xenofón, ó, por más cierto, que ninguna afetación lo puede alcançar halla con agudeza i perspicacia; dispone con arte i juizio, con grande copia i gravedad de palabras i concetos; que no podrá, aunque escriva cosas umildes, inclinar su ánimo á oración umilde. está lleno de lumbres i colores i ornato poético, donde lo piden el lugar y la materia; i de grandes afetos i eloquencia, no sólo esprimiendo, mas amplificando, i componiendo i ilustrando sus pensamientos con tanta elegancia, que ninguno le ecede. tiene riquíssimo aparato de palabras ilustres, sinificantes i escogidas con tanto concierto, que la belleza de las palabras da luz al orden, i la hermosura del orden da resplendor á las palabras, i aunque en algunas partes se pudieran mudar algunas vozes i ilustrar con mejor disposición; está todo tan lleno de ornamentos i bellezas, que no se puede manchar ni afear con un lunar, que se halle en él. Los sentidos, ó son nuevos, ó, si son comunes, los declara con cierto modo proprio sólo dél, que los haze suyos; i parece que pone duda si ellos dan el ornato, ó lo reciben. Los versos no son rebueltos ni forçados, más llanos, abiertos i corrientes, que no hazen dificultad á la inteligencia, si no es por istoria ó fábula. i con aquella claridad suave i fácil, i con aquella limpieza i ternura i elegancia i fuerça de sentencias i afetos se junta l' alteza de estilo á semejança de Virgilio. Sin la cual claridad no puede la poesía mostrar su grandeza; porque donde no ái claridad, no ái luz ni entendimiento; i donde faltan estas dos virtudes, no se puede conocer ni entender cosa alguna. i aquel poema que siendo claro tendría grandeza, careciendo de claridad es áspero y difícil. L' alteza nace en G. L. de las palabras escogidas i dispuestas con buen juizio; porque la primera, que es de materia alta y grande en invención i ornamento, no se halla en él por falta del argumento. tiempla la gravedad del estilo con la dulçura haziendo un ligamento maravilloso, i que raramente se halla aun en los poetas de más estimación, porque la grandeza aciende en sobervia, i la dulçura deciende en umildad. pero él anudó con tal temperamento estas dos virtudes, que juntas en sus versos hazen un' armonía igualmente proporcionada. las flores i lumbres, de que esparce su poesía, parece que nacieron para adornar aquel lugar, do las puso. Las figuras i traslaciones están de suerte, que no por ellas se pierde la inteligencia de los versos, no es más cuidadoso en escrevir proprio, que figurado, ni al contrario; antes tiempla uno con otro. porque no dize apuestamente para ostentación de ingenio, sino para alcanzar su intento con la persuasión i afetos. haze los assientos de los versos siempre llenos de hermosura i magestad en lugar, que quien lee respira i descansa. i aquel número tan suave i armonioso es sólo suyo. con su regalo i blandura i suavidad es estimado por mui fácil; porque es tanta la facilidad de la dición que á pena parece que puede admitir números, i tanto el sonido de los números, que á pena parece que puede admitir lenidad alguna. finalmente escrivió mucho en poco, porque no dexó en aquel género lugar para los que le sucedieron. Mas si alguna cosa ái en él, que de todo punto no satisfaga á los ombres, que entienden, puede dezir, como dixo Ovidio: "defuit scriptis ultima lima meis". i en otra parte: "Quicquid in his igitur vitij rude carmen habebit, | emendaturus, si licuisset, erat". Herrera, Anot. á Garcilaso: "Garci Lasso es dulce i grave (la cual mescla estima Tulio por mui difícil) i con la puridad de las vozes resplandece en esta parte la blandura de sus sentimientos; porque es mui afetuoso i suave. pero no iguala á sus canciones i elegías; que en ellas se ecede de suerte, que con grandíssima ventaja queda superior de sí mesmo. porque es todo elegante i puro i terso i generoso i dulcissimo i admirable en mover los efetos; i lo que más se deve admirar en todos sus versos, cuantos an escrito en materia de amor le son con gran desigualdad inferiores en la onestidad i templança de los desseos. porque no descubre un pequeño sentimiento de los deleites moderados, antes se embevece todo en los gozos, ó en las tristezas del ánimo". Hern. Hozes, Triunfos, 1554: "Después que Garcilasso de la Vega y Joan Boscan truxeron á nuestra lengua la medida del verso thoscano, han perdido con muchos tanto crédito todas las cosas hechas ó traduzidas en qualquier género de verso de los que antes en España se usaban, que ya casi ninguno las quiere ver, siendo algunas (como es notorio) de mucho precio". Á lo que añade Ticknor: "Si la opinión que indica este escritor hubiera prevalecido por más tiempo, no sería la literatura española lo que es hoy día". Y poco antes: "No cabe duda que Garcilaso hubiera hecho aún más por sí y por la literatura de su patria, si, en lugar de imitar tan completamente á los grandes poetas italianos, que justamente admiraba, hubiera acudido más á menudo á los elementos del antiguo carácter nacional". Pero lo extranjerizo le cegaba, hasta el punto de decir en su carta del Cortesano: "Porque yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escripto en nuestra lengua sino lo que pudiera muy bien escusar".
43. Obras de Garcilaso, con las de Boscán, Barcelona, 1543, y otras varias ediciones, bonitas y de bolsillo, hasta que se imprimieron aparte: Las obras del Excellente Poeta Garcilasso de la Vega, en esta postrera imprissión corregidas de muchos errores que en todas las passadas auía, Madrid, 1570; con Anotaciones y Emiendas del M. Francisco Sánchez, conforme á la de Salamanca de 1581: Francisci Sanctii Brocensis Opera Omnia, t. IV, Génova, 1766. La primera edición, con notas del Brocense, es de Salamanca, 1574; después, 1577, 1581, 1589, etc. Estas notas señalan los pasajes de autores latinos é italianos imitados por el poeta. El gaditano Cobos se enfadó en un soneto de que pareciese censurarle esta imitación; pero Sánchez volvió á la carga en el prólogo de la edición de 1581. Obras de Garci-Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera, Sevilla, 1580, con el famoso discurso sobre la lengua castellana del maestro Francisco de Medina, uno de los más elegantes y de magnífico estilo que se han escrito en nuestra lengua, y la Vida de Garci Lasso de la Vega. Es el comento más acabado; pero de ésos que toman pie de una palabra para dilatarse en cosas que no vienen al caso. El Prete Jacopin, esto es, don Pedro Fernández de Velasco, replicó á los defectillos que Herrera le tacha. Garci-Lasso de la Vega, natural de Toledo, de don Thomás Tamayo de Vargas, Madrid, 1622: crítica, expurgo y fijación del texto y noticia de pasajes imitados. Obras de Garcilaso, ilustradas con notas, Madrid, 1765, por don José Nicolás de Azara, con prólogo sobre la decadencia del castellano. Poetas líricos de los siglos xvi y xvii, de Adolfo de Castro, Madrid, 1854. Garcilaso, edic. de Clásicos cast., Madrid, 1911, por Tomás Navarro Tomás. Las estrofas latinas de Garcilasso, dirigidas á Antonio Telesio, están impresas en las Opera de este erudito (Nápoles, 1762), págs. 128-129. Obras [facsímile de la ed. (Lisboa) de 1626, por Archer M. Huntington], New-York, 1903. Una oda latina de Garcilaso de la Vega, ed. P. Savj-López y E. Mele, en Revista crítica, etc. (agosto-setiembre, 1897), págs. 248-251. Una oda latina inédita de Garcilaso de la Vega y tres poesías á él dedicadas por Cósimo Anisio, en Revista crítica, etc. (junio-setiembre, 1898); Oda latina de G. L. de la V., ed. A. Bonilla en Rev. crít. (julio-agosto, 1899), págs. 362-371. Consúltense: E. Fernández de Navarrete, Vida del célebre poeta Garcilaso de la Vega, en Colección de documentos inéditos para la historia de España (1852), t. XVI, págs. 9-287. B. J. Gallardo, Ensayo, etc., t. III, col. 317-333; t. IV, col. 1271-1325. B. Croce, Intorno al soggiorno di G. de la V. in Italia, Napoli, 1894. F. Flamini, Imitazioni italiane in G. de la V., en La Biblioteca delle scuole italiane (Milano, julio, 1899), t. VIII (2.ª serie), págs. 200-203.
44. Año 1525. El doctor Francisco de Sá de Miranda (1495-1558), caballero portugués nacido en Coimbra, doctor en Derecho, perito en Griego y Humanidades, dejó la cátedra de Jurisprudencia que tenía en su patria, viajó por España é Italia y se retiró á un lugar, donde era Comendador de la Orden de Cristo; se casó con doña Briolanda de Acevedo y se entregó á la poesía, en la que le tienen los portugueses por el segundo después de Camoens. De las 190 composiciones que Michaëlis de Vasconcellos ha recogido en su edición, 75 están en castellano. Compuso al principio cantigas y esparsas al estilo antiguo, que se hallan en el Cancionero general, de Resende; pero después de viajar por Italia (1521-1526) se hizo bastante italiano, sin dejar enteramente la manera antigua. Pastoril es la Fábula de Mondego (1528); más italiana es la égloga Alexis (1528-1532), en que ensaya el endecasílabo. Hasta entonces no parece habían influido en él Boscán ni Garcilaso; pero en 1534 ó 1535 Antonio Pereira Marramaque le dió, en copia manuscrita, los versos de entrambos, y se despertó en él la admiración por Garcilaso, cuya muerte lamenta en Nemoroso, la mejor de sus cinco églogas castellanas. Á pesar de algunos portuguesismos, escribió en castellano correcto. Usó, como Boscán, versos agudos é imitó bastante bien á nuestros dos poetas italianizantes. Hizo Sátiras en portugués y ocho Églogas, de ellas seis en castellano.