64. Después de escribir el Diálogo de la lengua, se dió enteramente Valdés á la propaganda de sus doctrinas religiosas, con aquellos dulcísimos modales y hablar halagüeño y atractivo, con aquella respetada autoridad de maestro, que se ve en el mismo Diálogo. Juntábanse en su casa, ó en el palacio de la princesa Julia Gonzaga, ó en el del señor Bernardo Guesta, y más á menudo en la quinta de Chiaja, cerca del Posílipo, sus discípulos, todos personas de cuenta de Nápoles. El Alfabeto es un diálogo entre Valdés y Julia Gonzaga, tenido en 1535, de vuelta de los sermones del padre Ochino; perdióse el original castellano y sólo se conserva la traducción italiana, retrotraducida al castellano por Usoz. Consérvanse de sus traducciones, hechas del original griego, las epístolas de San Pablo á los romanos y primera á los corintios, impresas en Génova: la primera, en 1556; la segunda, en 1557. Es fiel y puntual versión, siguiendo el texto de Erasmo é inspirándose en Lutero, Melanchton y Bucer. También tradujo del hebreo el Psalterio, inédito y descubierto por Boehmer en la Biblioteca Imperial de Viena, con un comentario sobre el primer libro, y el Comentario á San Mateo, que está en la Biblioteca Imperial de Viena. Su principal obra religiosa son las Consideraciones divinas (1538-1539), cuyo original castellano no se ha impreso, sirviéndonos hoy de texto la traducción italiana publicada en Basilea, 1550, por Celio Segundo Curión: así que Usoz hizo tres ediciones castellanas, conforme á una traducción castellana hecha en 1558 de la traducción italiana y vertiéndolas él mismo del italiano. Últimamente se ha descubierto en Viena el texto castellano original. Murió Valdés en Nápoles, dejando heredera á Julia Gonzaga, no sólo de su espíritu, sino también de sus manuscritos. Guardó ella muchos de éstos en su poder como sagradas reliquias, hasta que, á su fallecimiento, los legó á sus amigos, quienes los publicaron poco á poco, traducidos del castellano al italiano. Apenas murió Valdés, se establecía la Inquisición en Nápoles, desperdigando á sus partidarios y discípulos. Fué un reformador religioso y literario, y con ideas políticas de castiza cepa española, sustentadas con brillantez y brío durante todo el siglo xvi por muchos teólogos, filósofos y juristas, como Las Casas, Falcón, Fox Morcillo, Simón Abril, Mariana.
65. Rivadeneira, en el t. LX Autor. Esp., pág. 597: "Comenzó á picar la herejía entre gente principal, siendo maestro della Valdés, hermano del secretario Valdés". Caracciolo, Vida de Paulo IV (César Cantú, Gli eretici d'Italia, pág. 333): "En 1535 vino de Nápoles un cierto Juan de Valdés, noble español cuanto pérfido hereje. Era (según me dijo el cardenal Monreal, que mucho le recordaba) de hermoso aspecto, de dulcísimos modales y de hablar suave y atractivo; hacía profesión de lenguas y sagrada escritura; habitó en Nápoles y Tierra de Labor... leía y explicaba en su casa á los discípulos y afiliados las epístolas de San Pablo". Nic. Balbani, Vida de Galeazzo Caracciolo: "Había por entonces en Nápoles un hidalgo español, que teniendo algún conocimiento de la verdad evangélica y, sobre todo, de la doctrina de la justificación, había comenzado á traer á la nueva doctrina á algunos nobles, con quienes conversaba, refutando las opiniones de la propia justicia y del mérito de las obras y poniendo de manifiesto algunas supersticiones... los discípulos de Valdés eran en Nápoles numerosísimos, pero en el conocimiento de la verdad cristiana no habían pasado más allá del artículo de la justificación y de rechazar algunos abusos del papismo; por lo demás, iban á las iglesias, oían misa y participaban de la común idolatría" (esto es, de la práctica católica). Miscellanea variarum rerum (en Ferm. Caballero): "Paréceme, dice Jacobo Bonfadio, que veo á v. señoría suspìrar con íntimo afecto por aquella tierra y acordarse de Chiaja y del hermoso Posílipo... Pero ¿adonde iremos, después que el señor Valdés ha muerto?" Allá acudía el elocuente capuchino sienés fray Bernardino Ochino, general de su Orden, varón de ayunos y maceraciones, siempre descalzo y á la intemperie, pidiendo limosna de puerta en puerta, durmiendo en el campo al pie de un árbol y que predicaba con tal espíritu y devoción, que hacía llorar á las piedras, en frase de Carlos V. Juan de Valdés, en 1536, se lo atrajo para sí, y con él á otros religiosos de su Orden. Iban también Pedro Mártir Vermigli, canónigo regular de San Agustín y abad de Spoleto; Marco Antonio Flaminio, buen médico y elegante poeta latino; monseñor Pietro Carnesecchi, noble florentino, protonotario y secretario de la Sede Apostólica, embajador del Duque de Ferrara, muy protegido por Clemente VII y por todos los Médicis; Galeazzo Caracciolo, marqués de Vico; Marco Antonio Magno, apoderado de la Duquesa de Trajetto; el humanista é historiador de Génova Jacobo Bonfadio: tales eran los discípulos más allegados, sin contar con que más ó menos claudicaban en la fe los Arzobispos de Otranto, Sorrento y Reggio; los de Catania, La Cava, San Felice, Nola y Policastro, y más de tres mil afiliados, según Caracciolo. Las más nobles señoras de Nápoles, Catalina Cibo, duquesa de Camerino; Isabel Briceño, Victoria Colonna y Julia Gonzaga, eran de su partido, ó participaban más ó menos de sus doctrinas. Pero la discípula querida de Valdés, la que inspiró casi todos sus escritos religiosos, fué Julia Gonzaga, duquesa viuda de Trajetto y condesa de Fondi, de famosa hermosura y de no menos maravilloso menosprecio del mundo, del cual se apartó para darse á la caridad y devoción. La traducción del Alfabeto al italiano por Marco Antonio Magno se imprimió en 1546, y el único ejemplar conocido, descubierto por Wiffen, sirvió á Usoz de texto para las versiones castellana é inglesa de entrambos: Alphabeto Christiano, che insegna la vera via d' acquistare il lume dello Spirito Santo... M.D.XLVI. Alfabeto Christiano, scritto in lingua Spagnuola por Giovanni di Valdés. E dallo stesso manoscrito autografo recato nell' Italiano por M. A. Magno. Otra ristampata fedelmente la versione italiana, pagina per pagina, con l' aggiunta di due traduzioni, l' una in Castigliano, l' altra in Inglese... Londra. L' anno MDCCCLX, por Usoz y Wiffen. Según Carnesecchi había trabajado sobre todas las epístolas de San Pablo, menos la de los Hebreos. Comentario ó declaración breve y compendiosa sobre la Epístola de San Pablo Apóstol á los romanos, Venecia, 1556. Comentario ó declaración familiar y compendiosa sobre la primera Epístola de san Paulo Apóstol á los Corinthios, Venecia, 1557; reimpresa modernamente sin lugar ni año. Esta publicación la hizo en Ginebra, con el rótulo de Venecia, el calvinista español Juan Pérez. Hay ejemplares en la Bibl. de San Isidro y entre los libros de Usoz, el cual las reimprimió (ts. X y XI de su colección), Madrid, 1856. Le cento et dieci divine Considerationi del S. Giovanni Valdesso: nelle quali si ragiona delle cose più utili, più necessarie et più perfette della Christiana professione, Basilea, 1550 (ejemplar en la Bibl. de M. Pelayo). Hay traducción francesa, tres veces impresa, Lyon, 1563; París, 1565; Lyon, 1601; dos traducciones inglesas, Oxford, 1638; Londres, 1865. Ediciones di Usoz: Ziento i diez consideraziones de Juan de Valdés. Ahora publicadas por primera vez en castellano... Año de MDCCCLV, t. IX de Reformistas. Ziento i diez consideraziones leídas i explicadas hazia el año de 1538 á 1539. Por Juan de Valdés. Conforme á un manuscrito Castellano escrito el año 1538, existente en la Biblioteca de Hamburgo. Y ahora publicadas por primera vez con un facsímile... España. Año MDCCCLXII, t. XVI de Reformistas antiguos españoles. Pero el ms. de Hamburgo no es el original de Valdés, sino una traducción del italiano, hecha con poco esmero por algún protestante español en 1558. Tornó Usoz á publicar las Ziento i diez consider..., traducidas por él mismo, Londres, 1863, t. XVII de Reformistas, con notas, apéndices y documentos sobre los hermanos Valdés. La traducción italiana fué reimpresa por Boehmer, Halle, 1860; su mujer las tradujo al alemán, Halle, 1870. De este libro saca M. Pelayo que Valdés fué antitrinitario y arriano, creyendo que Cristo tuvo la imagen de Dios, pero que no fué Dios, sino algo intermedio entre Dios y el hombre. Fué de severo ascetismo y tuvo á la carne por enemiga de Dios, tal como suena, entendiendo por ella, no los pecados y obras carnales, como San Pablo, sino el mismo cuerpo humano y sus actos fisiológicos. Atribuye á Dios el mal y el pecado, como verdadero autor de él; condena la ciencia y el deseo de saber; no desecha las imágenes; cree que la unión con Dios se hace por el amor, que nace del conocimiento intuitivo. M. Pelayo le tiene por luterano, cerrado en lo de la justificación y la fe; por unitario, en lo de la Trinidad, y, en lo demás, por un iluminado, predecesor de Jorge Fox y de Barclay. Es un místico frío y sin unción, por lo que tiene de islamita y arriano. M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 203: "¿Y hay algo de español en el ingenio de Valdés? Á mi juicio, dos cosas: la extremosidad de carácter, que le lleva á sacar todas las consecuencias del primer yerro, y de erasmista le convierte en luterano, y de luterano en iluminado, y de iluminado en unitario; en segundo lugar, la delicadeza de análisis psicológico y la tendencia á escudriñar los motivos de las acciones humanas, que es lo que más elogian en él los extranjeros, y el único parecido que tiene con nuestros místicos ortodoxos".
66. Juan de Valdés, Diálogo de Mercurio y Carón, ed. E. Boehmer, en Romanische Studien (1881), t. VI, Heft XIX. Diálogo de la lengua, ed. E. Boehmer, en Romanische Studien (1895), t. VI, Heft XXII. Trataditos, ed. E. Boehmer, Bonn, 1880. Ziento i diez consideraziones, ed. L. de Usoz i Rio, Londres, 1863. Le cento e dieci considerazioni di Giovanni Valdesso, ed. Boehmer. Commentary upon 1 Cor., tr. por J. T. Betts, London, 1883. El Evangelio según San Mateo, Madrid, 1880. Consúltense: B. B. Wiffen, Life and writings of Juan Valdés otherwise Valdessio, London, 1865. E. Boehmer, Spanish Reformers, Strassburg-London, 1874-1883, ts. I y II. Fermín Caballero, Conquenses ilustres, Madrid, 1875, t. IV. M. Carrasco, Alfonso et Juan de Valdés, leur vie et leurs écrits religieux, Genève, 1880. M. Menéndez y Pelayo, Historia de los Heterodoxos españoles, t. II, págs. 149-206, y t. III, págs. 843-848. E. Boehmer, Revista Cristiana, Madrid, 1885-1887. C. A. Wilkens, Geschichte des spanischen Protestantismus im 16. Jahrhundert, Gütersloh, 1888. W. Webster, Gleanings in Church History, London, 1903, págs. 136-157. B. Croce, Una data importante nella vita di Juan de Valdés, en Archivo storico per le provincie napolitane (1903), fasc. I. Diálogo de Mercurio y Carón, trad. danesa por E. Gigas, Kjöbenhavn, 1904. A. Stor, Julia Gonzaga y Juan de Valdés, en La Ilustración Española y Americana (1906), t. LXXXI, págs. 124, 126-127. E. Boehmer, en Realencyclopädie für protestantische Theologie und Kirche (Leipzig, 1908), t. XX, págs. 380-390. J. Heep, Juan de Valdés in seinem Verhältnis zu Erasmus und dem Humanismus, Leipzig, 1909. Id., J. de Valdés, seine Religion, sein Werden, seine Bedeutung, Leipzig, 1909.
67. Año 1529. Aurelio é Isabella. Amorosa historia de Aurelio é Isabella, hija del Rey d'Escocia, Venecia, 1529; Amberes, 1556; Bruselas, 1596, 1608.—Diego de Cabranes, del concejo de Villaviciosa, maestro en Artes y en Santa Teología, religioso de la Orden y caballería del glorioso Apóstol Santiago del Espada, et capellán de S. M., publicó la Clave espiritual para abrir la alta materia de la predestinación, Toledo, 1529. Abito y armadura espiritual, Puebla de Guadalupe, 1545.—Miguel de Eguía, impresor de Alcalá, publicó La Memoria de la Passión de Christo, Alcalá, 1529.—Coloquio espiritual de la Pasión de N. S., Sevilla, 1529, hoy desconocido (Reg. Colón).—Estímulo de Amor, de S. Buenaventura, Logroño, 1529; Alcalá, 1597 (dos ed.).—Fray Martín de Castañega, franciscano, publicó el Tratado muy sotil y bien fundado de las supersticiones y hechizerías y vanos conjuros y abusiones: y otras cosas al caso tocantes y de la possibilidad é remedio dellas, Logroño, 1529. (Se funda en el proceso contra el aquelarre de Zugarramurdi, en Logroño, 1527, por el que fueron condenados 150 brujos).—Alfonso Martínez publicó De la complexión de las Mugeres, Medina, 1529. Otros le llaman Antonio Martínez ó Alonso Martín.—Fray Rodrigo Navarro, dominico, publicó Discursos Evangélicos, Alcalá, 1529.—Antonio Polo, canónigo de Cuenca, publicó Contra Sacerdotes Concubinarios, Venecia, 1529.—Regla de la orden de la cavallería de señor Santiago del Espada, Toledo, 1529; ibid., 1530. (Véase I, 502).—Sumario breve de los Sonetos Sacramentos, Sevilla, 1529.—Fray Luis Vicente tradujo Historia de todas las propriedades de las cosas, Toledo, 1529.—Luis de Villa Rubia publicó De preservatione ᘔ cura ab Epidemiali morbo, Toledo, 1529.
68. Año 1530. El padre M. Juan de Ávila (1500-1569), apóstol de Andalucía, beato desde 1894, nació en Almodóvar del Campo; fué hijo de Alonso de Ávila y Catalina Xixona y estudió Derecho en Salamanca (1514) durante cuatro años. Pero, como después decía él: "¿para qué se me daban á mí las negras leyes?" Vuelto de vacaciones á casa, recogióse (1518) en una celdilla y se entregó á las asperezas y vida devota, aunque, por consejo de un franciscano, se fué á estudiar Artes y Teología en Alcalá (1520), para mejor servir á Dios en su Iglesia. Oyó á fray Domingo de Soto, se hizo amigo de Pedro Guerrero, después Arzobispo de Granada, y, ordenado de sacerdote (1525), pensó en pasar á las Indias á predicar la fe; pero ya en Sevilla (1527), detúvole el arzobispo don Alonso Manrique, empleándole en la predicación, con la cual, por púlpitos, plazas y hospitales, y con la enseñanza del Catecismo á los niños, no es de creer el fruto que logró. En Écija convirtió á Dios á doña Sancha Carrillo, hija de los señores de Guadalcázar, para quien, aquel mismo año de 1530, escribió el Audi filia, paráfrasis en 113 capítulos del Salmo 44, publicado, sin autorización del autor, hacia 1538; volvióse á publicar en Alcalá, 1556, también furtivamente, y, prohibido por la Inquisición, rehízolo estando en Montilla, en 1557, y así es como salió con aprobación oficial en 1574 y 1577. Denunciáronle á la Inquisición algunos presumidos y envidiosos de su celo y fama y encarceláronle (1532), hasta que, aclarada la verdad de su ejemplar vida y doctrina y la calumnia de los delatores, fué dado por libre (1533), en sentencia definitiva y por voto unánime. De Sevilla pasó á predicar á Alcalá de Guadaira, Jerez, Palma, Écija, Andújar y Córdoba, donde hizo asiento por varios años, estando allí en 1535 y 1536; luego á Granada (1537), Guadalcázar, adonde fué para asistir á la muerte de doña Sancha, en 1537, y Granada otra vez, y allí predicó las honras de la Emperatriz (1539) con el efecto que todos saben en el Marqués de Lombay, después San Francisco de Borja. Allí había sido no menos instrumento de la conversión de San Juan de Dios (1537). Estuvo en Baeza, donde organizó la Escuela y Universidad, que el doctor Rodrigo López, capellán y familiar de Su Santidad, había fundado en 1538, siendo nombrado nuestro Beato su patrono por bula de Paulo III (1540), y haciendo él las constituciones de los estudios y eligiendo los maestros entre sus mejores discípulos. Fué gran parte para que, en 1544, se fundasen en Córdoba los estudios de Artes y Teología, nombrando él los lectores. Predicó en Montilla la Cuaresma de 1545, trabando amistad con el conde de Feria, don Pedro Fernández de Córdoba y Figueroa y su mujer doña Ana Ponce de León, á quienes acompañó en 1546 desde Córdoba á Zafra, donde predicó, así como en Fregenal (1547), volviendo á Córdoba para el 1549, año en que escribió á San Ignacio, respondiéndole á la que le había dirigido en enero exponiéndole las objeciones que los teólogos salmantinos movían contra el nuevo Instituto. Otra carta desde Córdoba, al mismo fundador de la Compañía, lleva fecha de 3 de agosto de 1551. Entre Córdoba y Montilla pasó el resto de sus días, molestado de enfermedades y entregado á la dirección espiritual de sus discípulos, entre los cuales merecen mención particular doña Ana Ponce de León, condesa de Feria, que se había entregado enteramente á Dios; don Diego de Guzmán, hijo de los Condes de Bailén, que entró en la Compañía; don Antonio de Córdoba, hijo de los Marqueses de Priego, adonde fué en 1552 para ayudar á bien morir al marqués don Pedro Fernández de Córdoba. En 1553 entró la Condesa de Feria en el convento de Santa Clara, de Montilla. Ayudó á la fundación de los colegios de la Compañía de Córdoba (1555) y Montilla (1558). San Ignacio y los demás padres hicieron cuanto pudieron para que entrase en su Orden. En 1557 rehizo, estando en Montilla, el Audi filia, para que, sin escrúpulo de la Inquisición, pudiera imprimirse. Predicó en Córdoba, el 1563, sus pláticas para sacerdotes, de las que se hizo edición en 1595 en la misma ciudad, y allí procuró se fundasen los estudios de clérigos de la Asunción, lo cual hizo (1564) don Pedro López, médico de Carlos V, levantándose más tarde edificio (1569) y alcanzando bula del Papa (1574). Vuelto á Montilla, parece que no tornó á salir de aquella ciudad, adonde le escribió San Francisco de Borja dos cartas en 1566. Envióle, en 1568, Santa Teresa el libro de su Vida y pecados, que, por consejo del inquisidor Soto, había escrito segunda vez, con el fin de que se lo examinase el padre Ávila, el cual le escribió el mismo año aprobando el espíritu de sus revelaciones. Agobiado de enfermedades, que se le recrecieron en 1569, de la gota que padecía diez y ocho años había, de un "corrimiento de ojos", que le dejó casi ciego en los últimos de su vida, con su "perdido estómago" y crueles dolores en "las conjunturas", falleció el 10 de mayo. Fué sepultado, según su voluntad, en la iglesia de la Encarnación de la Compañía, hoy de San Francisco de Asís, y en 1641 trasladaron sus restos en la misma iglesia adonde hoy está. Comenzada en 1623 su canonización, á instancias de la Congregación de Sacerdotes naturales de Madrid, fueron declaradas heroicas sus virtudes por decreto de Clemente XIII en 1759, aprobados sus milagros por León XIII en 1893 y beatificado por el mismo en 1894. De los muchos discípulos que dejó, baste nombrar á fray Luis de Granada, que le bebió su espíritu y escribió su vida.
El beato Ávila fué, ante todo, un verdadero predicador apostólico, un apóstol de Andalucía. Sus pláticas para sacerdotes no son más que apuntes ó esbozos. Nunca escribió sus sermones, contentándose, en las ocasiones de mayor aparato, con "una dobladura de una carta", donde apuntaba la noche antes algunos conceptos, hablando, por lo común, de improviso. Pero su preparación doctrinal había sido maciza y su vida entera, dada á la lectura de los santos Padres, á la meditación y á la oración, no era más que un estar siempre aparejado para hablar en público. Su venerable presencia, su voz fuerte y "sonorosa", la "blandura de caridad", lo bien "enhilados" que salían sus razonamientos, el ser "buen romancista", el saber las Escrituras "de coro", el hallarse siempre fervoroso y de "temple", según frases del padre Granada; su imaginación brillante y su alma fogosa y tierna, hacían que su predicación encantase y arrastrase á las gentes, y la sinceridad de su decir, acompañada del ejercicio de las virtudes que todos en él veían, ataba de pies y manos á sus oyentes, obrando maravillosas conversiones. La elocuencia sagrada española verdadera, la predicada en los púlpitos, en iglesias y plazas, sólo nos es conocida por lo que trasciende á los escritos que publicaron á otros propósitos nuestros oradores sagrados. La del beato Ávila tenemos que figurárnosla por lo que de la misma manera dejó escrito: el Audi filia, los Veinte y siete tratados del Santísimo Sacramento, otros del Espíritu Santo, de Nuestra Señora y de San José y las cartas dirigidas á personas particulares, recogidas por sus discípulos y dadas á la estampa con el título de Epistolario para todos los estados, Madrid, 1578. Jamás pensó su autor que habían de ver la luz pública. En ellas se retrata su fervoroso espíritu, su maciza doctrina, el nervio de su persuasivo decir, la valentía y fuego de su alma, la mansedumbre de su dulce trato, la discreción para encaminar á cada uno conforme al propio talento. Dictábalas según se ofrecía, sin premeditación ni estudio ordinariamente, á no ser en casos que pedían pensar sobre particulares consultas. Fué el primero que con estos libros dió comienzo en España al escribir libros espirituales y de oración, de manera que bien puede decirse haber sido el fundador de la literatura mística y ascética española, la cual, como derivada de esta tan pura fuente, se mostró siempre embebida en divina unción, sincera y sin pretensiones ajenas á la más pura intención de encaminar á Dios las almas de los fieles, haciéndoles llanos los más elevados conceptos de la teología católica, puestos en escena en los cuadros de la Sagrada Escritura, comentada al estilo de las homilías de los Santos Padres, con un realismo y colorido tan vivo y en lenguaje tan popular y castizo, que, el que no la conozca, puede asegurarse que desconoce la mitad del espíritu artístico de la literatura española y la mitad del inagotable tesoro del idioma castellano.
No es de esas místicas que se pierden en nebulosidades ni se soterran en el hondón de Taulero; siempre enderezada á la vida práctica, desde las más encumbradas concepciones del platonismo cristianizado ensímase en las más hondas reconditeces del alma apartada del mundo y de los sentidos, y entregada á sólo Dios, abátese y sube y vuelve continuamente al vivir cotidiano, á la pintura de las costumbres, á ensalzar la virtud y aborrecer el vicio. Puros místicos, que otra cosa no sean, no se dan á España; los más profundos jamás dejan de ser ascéticos, como Santa Teresa y San Juan de la Cruz. El despego de las cosas mundanas y de sí propio son en ella los medios para allegarse á Dios. La convicción más sincera, el fervor más encendido, el brío, el color, la popularidad en el lenguaje, la llaneza y claridad en la expresión, son sus cualidades. La mística, más que otras cualesquiera causas, comunicó la naturalidad, la fuerza, el color y el realismo á toda nuestra literatura. El día en que feneció la literatura mística, comenzó á enseñorearse de toda nuestra literatura el embustero convencionalismo, y por ende, la falta de personalidad y vida, la decadencia, en una palabra, manifestada en el gongorismo y el conceptismo del siglo xvii. El beato Ávila no escribió tratados de mística; el Audi filia lo dirigió á una alma piadosa, que comenzaba á servir en la religión á Dios, de manera que no podía ni debía meterse en las honduras de la contemplación, aunque él las tenía prácticamente bien conocidas, como se ve al aprobar las visiones de Santa Teresa. No es, pues, místico propiamente, ni tampoco ascético, que reglase el vivir espiritual. Fué predicador y director de almas piadosas; su oficio consistió en encenderlas en deseos de servir á Dios y apartarse del mundo y de sí mismos. Pero en sus escritos, á este fin enderezados, y cuya primera cualidad, por tanto, había de ser y es el fervor de espíritu, la unción y el atractivo hacia el bien y la virtud, no dejan de trasparentarse conceptos, á veces sublimes, verdaderamente místicos y reglas prácticas de sana ascética. Celebradísima fué, como que la copiaron Granada, Ribadeneira y otros muchos, la altísima idea del amor de Dios y de Jesucristo hacia los hombres, que tocó en varios lugares, sobre todo en uno de los tratados del Santísimo Sacramento. Fundada en la más firme teología y vista por aquellos sus ojos de humilde contemplativo y fino enamorado de Dios, es la idea más sublime que del amor divino ha podido escribirse. En suma: el beato Ávila, comúnmente fué un místico y ascético popular, puesto que dirigió sus escritos á personas comunes en el camino de la virtud, como dirigía al pueblo sus sermones.
69. P. Ávila, en el pról. del Audi, 1562: "Y á cabo de pocos días supe que se había impreso un tratado sobre este mismo verso y con título de mi nombre en Alcalá..., año de 1556. Maravilléme de que oviese quien se atreva á imprimir libro la primera vez sin la corrección del autor... y procuré con más cuidado entender en lo comenzado, para que, impreso este tratado, el otro se desacreditase...".
Obras del beato Ávila. Libro espiritual que trata de los malos lenguajes del Mundo, Carne y Demonio..., Alcalá, 1577, había salido en Alcalá, 1556, sin noticia del autor. Primera (y segunda) parte del Epistolario Espiritual para todos estados, Madrid, 1578 (edición reimpresa por Vicente García de Diego, Madrid, 1912); Alcalá, 1579. Obras del P. M. Juan de Ávila. Aora de nuevo añadida la vida del Autor y las partes que ha de tener un predicador del Evangelio, por el padre fray Luis de Granada, Madrid, 1588. Primera (y segunda) parte de las obras del P. M. J. de Ávila, Madrid, 1595. Tercera parte, Sevilla, 1596. Tercera parte de las Obras del P. M. J. de Ávila..., que trata del Smo. Sacramento y del Stu. Sto. y de N. S.ª, Sevilla, 1603. Segunda parte de las obras..., Sevilla, 1604. Vida y Obras del M..., 2 vols., Madrid, 1618, 1674; ibid., 9 tomos, 1759-1760; 9 tomos, 1792-1806. Epistolario Español por D. Eugenio de Ochoa, t. I, Madrid. 1850 (t. XIII de Autor. Esp.). Nueva edición de las obras del beato J. de Ávila, con prólogos, notas, etc., por don José Fernández Montaña, 4 vols., Madrid, 1901. Epistolario esp., con notas, por Vicente García de Diego, Madrid, 1912 (La Lectura). M. F. Miguélez, Cartas inéditas y Sermones, en La Ciudad de Dios, 1909. Consúltense: A. Catalán Latorre, El beato Juan de Ávila, su tiempo, su vida y sus escritos y la literatura mística en España, Zaragoza, 1894. Vida del padre J. de Ávila, por fray Luis de Granada; íd. por Luis Muñoz (1671); íd. por el padre Longaro degli Oddi, S. J., traducida por don Luis de Durán, Barcelona, 1865; íd. por don José Fernández Montaña, Madrid, 1889 y aumentada por don Luis Delgado Merchán, ibid., 1894.
70. Año 1530. Diego Gracián de Alderete, secretario de Carlos V y Felipe II, excelente humanista, que estudió en Lovaina con Vives, publicó La coronación Imperial con todas las cerimonias, del latín, 1530. Apotechmas de Plutarcho, Alcalá, 1533. Los oficios de San Ambrosio, Toledo, 1534; Lyon, 1553. Las obras morales de Plutarcho, Alcalá, 1542, 1548; Salamanca, 1552, 1571. La Historia de Thucydides, Salamanca, 1564. La conquista de la ciudad de África en Berbería, de Calvete de Estrella, del lat., Salamanca, 1558. De Re militari, 5 vols., traducciones, Barcelona, 1566. Arrestos de Amor, del francés, de Marcial de París, Madrid, 1569. Isócrates, de la gobernación del reino; Agapeto del oficio y cargo de Rey; Dion, de la institución del Príncipe, Salamanca, 1570.