¿Para qué tramó así su novela el autor? Claro se ve que para hacer un cuadro de las costumbres del pueblo español de su tiempo, de los de arriba y de los de abajo, de los amos poderosos, ricos, apretados y miserables, y de los criados ó mozos que con tales amos tenían que padecer mil lacerias, miseria y hambre en el cuerpo y humillación y vileza en el ánimo. Mil lacerias laceró y padeció el lacerado Lázaro, cifrando en sí lo que padecían y laceraban todos los que servían á amos en España. De niño tuvo que vivir con su madre, viuda y abarraganada con un negro ladrón, y que acabó en la horca. Sirvió de adestrar á un ciego, que "ganaua más en un mes que cien ciegos en un año"; pero "jamás tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me mataua á mí de hambre". Pasó á servir á un clérigo, que "cinco blancas de carne era su ordinario para comer y cenar"; pero "el primero trayame muerto de hambre, y dexandole, topé con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura". Siguióse un escudero, á quien hubo de mantener el criado con lo que pordioseaba, en vez de mantenerle á él el finchado y puntoso amo. Después el callejero del fraile de la Merced y el tuno del buldero, el capellán, el alguacil y el arcipreste de San Salvador, con quienes se tuvo que rebajar para poder vivir, llegando hasta sufrir pacienzudamente los cuernos. ¡Y á esto último de la cornamenta llama su prosperidad y la cumbre de toda buena fortuna! La ironía corre tan honda y encubierta por todo el libro, que no la han visto los que lo han creído escrito por un pobre pelagatos. Ella es el alma de la crítica social de la novela, que á las veces rompe afuera en quejidos de tanta potencia filosófica como éstos: "E todo va desta manera". "¡Quántos deue de auer en el mundo, que huyen de otros, porque no se veen á sí mesmos!" "No nos marauillemos de un clérigo ni frayle, porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, quando á un pobre esclauo el amor le animaua á esto". Y así otras al mismo tenor. Dígase ahora si estas honduras filosóficas, si esta delicadísima ironía, si esta traza ingeniosa para criticar á toda la sociedad en pocos personajes, si este recoger en uno los tipos legendarios, son cosas que ocurran á un pregonero, tan con cuernos cuan sin letras. Y el lenguaje llano y tan acomodado á un hombruco de ese jaez y los medios tan sencillos para tan cumplidamente lograr tan grandes efectos, ¿no dicen á voz en grito que el autor fué tan discreto como filósofo, tan artista como castizo escritor? Atribuído antes el libro á don Diego Hurtado de Mendoza, es muy probablemente de Sebastián de Horozco, escritor erasmista, ducho en refranes y en cosas del pueblo, y que, por la elevada condición de toda su parentela, ni publicó sus versos ni este libro, que pudo sustraérselo alguno de sus amigos, imprimiéndolo fuera de Toledo, donde él vivía.

176. Que hubo del Lazarillo una edición príncipe de Amberes, 1553, lo insinuó Brunet (Manual, 1862): "Hurtado de Mendoza: Lazarillo de Tormes, 1553, in-16, Anvers, que nous n'avons pas vue". Ni ha visto nadie tal edición. Que la hubo, sin embargo, de aquel año ó anterior, parece sacarse de lo que dice la de Alcalá de 1554: "nuevamente impresa, corregida y de nuevo añadida en esta segunda impresión". ¿Á qué primera alude, pues ésta de Alcalá salió el 26 de febrero de 1554 y no parece ser reimpresión de la de Burgos del mismo año, pues ni tiempo material parece que hubo para que de Burgos llegara á Alcalá y allí se corrigiese, añadiese é imprimiese, aun en el caso que en Burgos se hubiese impreso á principios de año? Véanse las primitivas ediciones: Burgos, Juan de Junta, 1554; Alcalá, Salzedo, 26 de febrero de 1554; Amberes, Nucio, 1554; Amberes, Simón, 1555 (con la Segunda Parte). La de Amberes, Nucio, 1554, parece reproducción de la de Burgos, 1554. La de Alcalá no parece ser reproducción de la de Burgos, sino de otra edición anterior.

El año de 1555 salió de las prensas de Martín Nucio, de Amberes, con privilegio imperial, la Segunda parte del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, que comienza con la última frase del primer Lazarillo: "En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna". Sus andanzas debajo del mar, convertido en atún, encierran en símbolo alusiones que no podemos descifrar; pero que ponen al libro en otro género muy diferente de crítica simbólica que la del Lazarillo de Tormes primitivo. Desconócese su autor. En 1620, un español que vivía en París hizo otra Segunda parte de Lazarillo, publicada en castellano y en francés. Llamábase H. Luna, intérprete de lengua española, y debe de ser el Juan Luna que en 1619 publicó otro libro bilingüe: Diálogos familiares, en los cuales se contienen los discursos, modos de hablar, proverbios y palabras españolas más comunes, muy útiles para los que quieran aprender la lengua castellana, pues no era raro escribir Juan con H. "Se imprimió dos veces, dice Menéndez y Pelayo (Heterod., II, 519): una en París, 1620, y otra también en el extranjero, aunque dice falsamente Zaragoza, en 1652". El lenguaje es tan castizo como el del primer Lazarillo y más corrido, mejor construida la frase. Si no hizo ruido fué por no haberse impreso en España, ser muy libre contra el Santo Oficio y no tener la originalidad del librito, que imitó tan galanamente, pues de suyo es una verdadera joya literaria y pintura real y viva de la sociedad de su tiempo. También imitó al Lazarillo Juan Cortés de Tolosa en el Lazarillo de Manzanares, con otras novelas, publicado en Zaragoza, 1617, y en Madrid, 1620. Fué el primitivo Lazarillo prohibido por la Inquisición, Índice de Valdés de 1559, á causa de sus críticas clericales; pero como seguía leyéndose y trayéndose del extranjero, se imprimió, expurgado, en Madrid, 1573; Tarragona, 1586; Zaragoza, 1599; Medina del Campo y Valladolid, 1603.

Desconócese el autor del Lazarillo. El primero que habló de él fué el padre Sigüenza, en la Tercera parte de la Historia de su Orden (l. I, cap. XXXV), atribuyendo la obra al padre jerónimo fray Juan de Ortega, elegido general en 1552. Cuenta que se decía haberlo compuesto en su juventud, estudiando en Salamanca, y que se halló en su celda el borrador. Esto escribía el padre Sigüenza el año de 1605. Dos años después, en 1607, se publicó el Catalogus clarorum Hispaniae scriptorum... opera ac studio Valerii Andreae Taxandri, donde se lee (pág. 44): "Diego Hurtado de Mendoza, persona noble y embajador de César cerca los venecianos dicen que escribió un comentario de Aristóteles y la guerra de Túnez que él mandó en persona. Poseía rica biblioteca de autores griegos, que dejó al morir á Felipe II. Compuso también poesías en romance y el libro de entretenimiento llamado Lazarillo de Tormes". Este Catalogus era como un índice de la obra de Schott, Hispaniae bibliotheca, en cuya edición de 1608, pág. 543, se dice: "Eius (Mendoza) esse putatur satirycum illud ac ludicrum Lazarillo de Tormes, cum forte Salmanticae civili iuri operam daret". El se dice muestra que corría tal opinión, como la otra del padre Sigüenza, á principios del siglo xvii; pero ni el editor de las poesías de Mendoza (1610) ni Baltasar de Zúñiga, que escribió su biografía (1627), hacen la menor mención de ello.

Tamayo de Vargas fué el que la propaló, tomando la noticia de Andrés y Schott y poniéndola en su Junta de libros, 1622, y al mismo tiempo cita el pasaje del padre Sigüenza. Ambas opiniones las repitió Nicolás Antonio en la Bibliotheca hispana nova, 1783, t. I, pág. 291. De aquí provino el tener por autor del Lazarillo al ilustre y aristocrático don Diego Hurtado de Mendoza, nacido el 1503 en Granada, muerto, según se cree, en 1575. Morel-Fatio (Étud. sur l'Espagne, i, 156), dice que un tal personaje era incapaz de rebajarse á escribir ni conocer siquiera estas pequeñeces y villano asunto de nuestra novela, y que de estudiante en Salamanca no lo pudo escribir, por la amargura satírica en que está empapado, cosa impropia de un mozo, é insinúa que ha de buscarse al autor entre los heterodoxos, los hermanos Juan y Alonso Valdés y sus amigos, tolerados en tiempo de Carlos V, tan entendidos en cosas de Estado, religiosas y sociales, y en literatura discípulos de Luciano y Erasmo: "Je chercherais aux alentours des frères Valdés... N'y aurait-il pas aussi quelque lointain cousinage entre notre nouvelle et un livre bizarre, mal composé, mais plein de détails de mœurs curieux, El Crotalon...? l'esprit en est à bien des égards le même". (Prefac., págs. xvi-xvii).

De entre los erasmistas españoles más famosos fueron Juan de Valdés, autor, según se cree, del Diálogo de la lengua, y que acabó haciéndose protestante; su hermano Alonso Valdés, secretario de Carlos V, queridísimo de Erasmo, como se ve por las cartas que éste le escribió (Apéndice á la edición londinense de las Consideraciones, 1855), y que, como Erasmo, se mantuvo en la fe católica; finalmente, el amigo de entrambos, y hasta poco ha desconocido Cristóbal de Villalón, de cuya biografía y obras ha tratado con la erudición que suele Serrano y Sanz, en su edición de la Ingeniosa Comparación (Bibliófilos españoles, t. XXXIII). Hasta M. Pelayo le tuvo por heterodoxo, aunque después rectificó, probando lo que es clarísimo para el que lea sus obras. Varón de singular entereza, que supo como nadie en España decir las verdades, manteniéndose firme y limpio en el dogma católico, á pesar de sus infinitos viajes, aventuras extraordinarias, variadísimas lecturas y singular conocimiento de lenguas, doctrinas y pueblos. Los hermanos Valdés apenas escribieron más que en materia de religión, y el estilo es harto conocido, por lo escogido y llano á la vez, por lo severo y suelto; en una palabra: por lo erudito y poco popular, tan diferente del estilo del Lazarillo. El Diálogo de la lengua se escribió antes de 1536, y su autor murió el 1540; imprimióse por primera vez el 1737. Villalón era muy capaz de escribir el Lazarillo; pero su estilo y prosa es más compuesta y humanista y suele preferir el diálogo.

Se alude en el Lazarillo á las Cortes de Toledo, que las hubo en 1525 y en 1538. No pudo escribir el Lazarillo, según esto, antes de 1526, y nótese que en el tiempo de estas Cortes, después de la batalla de Pavía, Hurtado de Mendoza era probablemente soldado y no estudiante. Menos lo era por los años de 1538, cuando las segundas Cortes de Toledo. En este año de 1538 había allí un pregonero, que se llamaba Lope de Rueda, según halló De Haan, al cual fué á quien primero le ocurrió si sería Lope de Rueda autor del Lazarillo, aunque no sé que haya nada escrito sobre ello. El famoso Lope de Rueda, el dramaturgo, murió en 1565, y debió de nacer entre el 1510 al 1520, de modo que en 1538 tendría de diez y ocho á veinte años.

En favor de Lope de Rueda hay las siguientes razones. Él vivió, y tenía su residencia ordinaria, cuando no andaba de un lugar para otro, en Toledo. Basta leer su testamento, donde se ve que ni en Sevilla tenía tantas obligaciones. El pregonero, llamado Lope de Rueda, y que lo era en Toledo en 1538, según halló De Haan, podía ser nuestro autor, y cabalmente en la época en que se escribió el Lazarillo, que acaba siendo de este oficio, y lo era aquel año. Lope de Rueda es inferior á Torres Naharro y á otros poetas de su tiempo cuanto á la traza y manera de enredar, rodear y desenlazar sus comedias, y el Lazarillo tampoco tiene otra traza que la tradicional leyenda del criado de muchos amos, ni otro desenlace que el acabarse los pasos, en que toda la obrilla consiste. En cambio, donde Lope de Rueda no tiene igual es en pintar tipos cómicos, en ridiculizar un vicio, en dar vida á un carácter popular. Los juguetes con estos personajes bajos son los famosos pasos de Lope de Rueda. Ahora bien, el Lazarillo es una colección de pasos en que el personaje principal es un bobo socarrón, aunque los bobos de Lope suelen serlo sin socarronería. El habla se parece bastante en los dos autores, bien que en Lope sea más limpia y mejor construida que en el Lazarillo. Ambos autores vivieron en la misma época, y en Toledo, y Lázaro acaba siendo pregonero toledano, como lo era el Lope de Rueda que halló De Haan. Es mucha casualidad el que, en una misma época y en la misma ciudad, hubiese un pregonero llamado Lope de Rueda, un autor de pasos del mismo nombre y otro pregonero, que tanto se parece como escritor en el Lazarillo al Lope de Rueda de los pasos. He exagerado, adrede, este cotejo, porque, á pesar de todo, yo estoy en que el Lope de los pasos no escribió el Lazarillo. Ni en los asuntos ni en la ironía ni en la prosa se parecen estas obras.

He querido recorrer los autores que pudieran haberlo sido del Lazarillo, ya por haber vivido en aquel tiempo, ya por la libertad y desenfado en el criticar y pintar las costumbres, ya por otras circunstancias externas. Queda otro autor, que, no sólo por ellas, sino mucho más por las internas, por los asuntos y materias tratadas, por las alusiones particulares, por la ironía, modo de ver y criticar las cosas, por el estilo y lenguaje, si no puede darse enteramente por cierto, á falta de autoridad que lo testifique, es, á lo menos, el que mayores probabilidades ofrece de haber sido el que escribió el Lazarillo. Escribiólo, fuera quien fuera, en Toledo, aunque ponga el comienzo de la acción en Salamanca y se muestre bien enterado de aquella ciudad. Nada de esto compete de lleno más que á Sebastián de Horozco, de quien hemos tratado el año 1548. Escritor más libre y desenfadado que Sebastián de Horozco en criticar y reirse irónicamente de todos los vicios y miserias sociales, mayormente de clérigos y frailes, no lo hubo en aquellos tiempos, aun entrando en cuenta el mismo Villalón, si exceptuamos el famoso canto 17. No hay más que leer el Cancionero. Fuera de él no quedan más que el citado canto del Crotalón y el Lazarillo. Ahora bien; el autor del Crotalón escribía una prosa que con la del Lazarillo nada tiene que ver.

En cambio, cuanto es de elegante y bien redondeado el lenguaje en los versos de Sebastián de Horozco, tanto es de descuidada, llana y floja la prosa de sus Colecciones de varios sucesos, aunque tan castizo y toledano como el del Lazarillo sea su lenguaje. No sabe Horozco rodear un buen período en todos sus escritos y abusa de la conjunción y como en el Lazarillo, donde la y tanto se menudea y donde no hay un solo período bien rodeado. No dijera nadie ser uno el autor del Cancionero y el de las Colecciones: es tan acicalado versificador cuan descuidado prosista.