Pero todo el cuento del ciego pasó del Cancionero (pág. 157) al Lazarillo, acomodándolo á las nuevas circunstancias. Véase allí el embrión:
Lazarillo. Es llamar al rey compadre
vozear.
Ciego. Escucha, que oygo llamar;
mira si hay quien algo dé.
Laz. Más débeseos antojar.
Ciego. Traidor, ¿quieslo tú sisar?
¿es torrezno, dime, ó que?
Yo lo güelo, por mi fe;
dalo acá.
Lazarillo. Creo que mal os hará:
que también yo he menester,
andando acá y acullá,
del rocío que Dios da
guardar algo que roer.
Ciego. ¿Yo no te doy de comer?
Laz. ¿Qué he comido?
Dístesme un güeso roído
¿Pensáis que soy algún tocho?
¿No veis qué negro partido?
Y aun en todo hoy no he bebido
sino solo un escamocho.
Ciego. Bebes y comes más que ocho,
y malcontento.
Laz. Pardiós, siempre ando hambriento;
porque un moço de mi estofa
no se mantiene del viento,
ni basta el mantenimiento
que me dais de la gallofa.