Adviértase que el ciego no muere aquí, porque Jesús le ha de dar después vista, y que aquí se pone tocino y en el Lazarillo longaniza por el chasco de ella y el nabo, y por la esquina se pone allí el poste, por el soportal adonde le llevaba á guarecerse de la lluvia. Además, las frases de este paso del Cancionero se hallan esparcidas en el Tratado primero del Lazarillo.

Las pullas contra clérigos menudean tanto en el Cancionero como en el Tratado segundo, así como las del escudero pobre y puntoso del Tratado tercero. Las damas interesadas, que "tienen por estilo yrse á las mañanicas del verano á refrescar y almorzar sin lleuar qué por aquellas frescas riberas" del Tajo, están bien pintadas en el Cancionero (266-267): "Silv.: ¿Pues qué estilo se ha de tener con las damas para que quieran bien sin se mudar?—Eco.: Dar.". Ése es el estilo que tienen, frase del Lazarillo y del Cancionero. Ahora puede leerse el "almuerzo qu' él y otros dos licenciados y otro amigo suyo lego hizieron en una guerta una mañana á la orilla de Tajo, con tres pollos rellenos y un jamón de tocino y una bota de vino" (Cancionero, página 210), cosas que el escudero echaba menos en el Lazarillo. Bastará la primera estrofa:

Al tiempo que el sol salía
con sus rayos orientales,
en la guerta con la fría
por donde el Tajo corría,
estaban quatro zagales:
Todos muy listos andaban
aguzando bien los dientes,
y tres pollos desguaçaban,
que bien rellenos estaban
con todos sus aderentes.

El Lazarillo alude á la canción Señor Gómez Arias, como notó Morel-Fatio, el cual no supo que Horozco la glosó en su Cancionero y se picaba de haberla entendido mejor que nadie: no es extraño se acordase de ella al escribir el Lazarillo. Por no alargarme, no copio más que el título (pág. 68): "El auctor sobre la canción vieja y mal entendida, que dize ansí...".

En el Tratado quarto del Lazarillo no está más que encentado lo del frayle de la Merced; pero en el Cancionero (pág. 152) se introduce éste mismo con el buldero, que viene tras él en el Tratado quinto:

Mercenario. ¡Santo Dios, si hallaría
quien me diese una pitança!
Que juro, por vida mía,
desde ayer á mediodía
ayuna mi pobre pança;
maldigo mi mala andança,
que sin vicio
no puedo haber un servicio,
aunque sea en una aldea,
de algún pobre beneficio.
Quiero buscar otro oficio
donde algún provecho vea.
Yo no sé quién ser desea
mercenario,
pues su mayor ordinario
es ganar medio real
de pitança por salario:
así que le es necesario
vivir en el hospital.
Del clérigo sin caudal
y sin renta
se hace muy poca cuenta,
aunque sea un Salomón.
Mas ¿quién es este qu' enfrenta?
Quiero, porque no me sienta,
meterme en este rincón.

Questor. Si dais para sant Antón,
gente honrada,
alguna cosa sobrada,
algún lechón ó borrego,
porque guarde la posada
y todo el hato y manada
señor sant Antón, de fuego.
Por vuestro provecho os ruego
ved si dais,
y los perdones ganáis
con cualquier cosa ó dinero.

Merc. Buen hombre, ¿qué demandáis?

Quest. ¿Para qué lo preguntáis?
¿Vos sois el alcabalero?

Merc. No os enojéis, compañero,
en preguntar,
que poco os questa hablar.