Quest. Digo que tenéis razón.
Mandad, señor, perdonar,
y mi vivienda es echar
la questa de sant Antón.
Y hay tan poca devoción
en la gente,
qu' aunque ande diligente
y corra más qu' una posta,
é aunque trabaje y reviente,
aún no puedo amargamente
allegar para la costa.
Parece que la langosta
lo ha llevado,
y desde ayer no he llegado
una blanca para vino.

Mercenario. Yo también soy desdichado,
que maldito sea el cornado
e visto en este camino.

Quest. Si soys echacuervo fino,
dad acá;
esta questa predicá;
decid que venís de Roma:
desta manera quiçá
alguna persona avrá
que caiga, con que hombre coma.

Merc. Pues ves aquí donde asoma
un buen viejo:
quiero tomar tu consejo,
y con muy grand vehemencia,
pues que se ofrece aparejo,
en alta voz de consejo
publicar esta indulgencia.

Quest. ¡Sus!, póngase diligencia
sin tardar.

Merc. Señor, si nos queréis dar,
por Dios, para sant Antón,
con poco podéis ganar
y fácilmente alcançar
plenísima remissión,
concedida por León,
y después
confirmada: si querés,
verlo por bula patente.

Padre de las comp. Hermanos, mejor harés
trabajar, pues que podés,
que andaros ociosamente.

Quest. Este, mi fe, bien nos siente.
Pues, señor,
yo os pregunto: ¿no es mejor
pedillo, que no hurtar?

Padre. Hurtarlo será peor;
pero buscad, por mi amor,
en qué lo podáis ganar.

Mercenario. Aunque fuese á sarmentar,
lo haría,
pues que por la clerezía
no me puedo mantener.