180. Viage de Felipe II á Inglaterra, por Andrés Muñoz, Zaragoza, 1554 (Biblióf. Españ., Madrid, 1877, pág. 47): "Y estando algún tanto despejado el patio (el 1554 en Benavente, en las fiestas del Conde al Rey) salió Lope de Rueda con sus representantes y representó un auto de la Sagrada Escritura, muy sentido, con muy regocijados y graciosos entremeses, de que el Príncipe gustó muy mucho, y el infante don Carlos, con los grandes y caballeros que al presente estaban, que eran éstos: Duque de Alba (don Fernando el Grande), Duque de Nájera (don Juan Manrique de Lara), Duque de Medinaceli (don Juan de la Cerda), Condestable de Castilla (don Pedro Fernández de Velasco), Almirante (don Fernando Enríquez), Conde de Luna, Conde de Chinchón, Conde de Monterrey, Conde de Agamón (Egmont), Marqués de Pescara (don Francisco Dávalos de Aquino), con otros grandes que de su nombre no me acuerdo. Concluído esto, los ministriles tocaron de nuevo con las trompetas y atabales". "Don Gastón de la Cerda, dice Cotarelo (Pról. á la edic. de Rueda), nacido en 1504, débil, enfermizo y cojo, y á más segundo de su casa, fué destinado á la Iglesia, profesando como fraile en el convento de San Bartolomé de Lupiana. Murió sin sucesión su hermano mayor, y entonces trató de exclaustrarse, y aun obtuvo licencia pontificia para ello, y solicitó que su padre le declarase inmediato superior; pero opúsosele su hermano menor, don Juan de la Cerda, apoyado por su madre, que no lo era de don Gastón, y el padre pudo transigir estas diferencias, conviniendo todos en que don Gastón heredaría la casa y la poseería durante su vida, pero no se casaría, y á su muerte le sucederían su hermanastro ó sus hijos. Murió luego, en 20 de enero de 1544, el duque viejo; entró don Gastón en posesión de los estados paternos, y á la vez profesó en la Orden de Malta ó de San Juan, siendo Gran Prior de Castilla; asignó una buena parte de las rentas á su hermano, que en realidad empezó á representar la casa ducal, y él se retiró á Cogolludo, donde pasaba su vida, llena de enfermedades, en recreos y deportes poco fatigosos. En el año 1545 acertaron á pasar por la villa de Cogolludo dos mujeres que iban camino de Aragón, y, según manifestaron, sabían cantar y bailar. Oirlo el Duque y mandarlas venir á su presencia fué todo uno, y satisfecho de la habilidad de la llamada Mariana, le dijo se quedase en su compañía; aceptó la cómica, y su compañera siguió el camino que llevaba. Seis años bien cumplidos estuvo Mariana en la casa del Duque, divirtiéndole en cantar, bailar y "decir gracias"; y tan imprescindible llegó á serle, que le hizo cortar el cabello y vestir de paje, "con un jubón y unos zaragüelles á manera de calzas", y así le acompañaba en las cacerías y viajes, porque "el Duque se holgaba mucho de vella estar en el hábito de hombre". Respecto de la habilidad de la dama, todos los testigos del pleito, y todos competentes, por ser músicos y maestros de enseñar á bailar y danzar, convienen en que era extremada. Alguno asegura "que la dicha Mariana es en extremo única é sola en lo que hace". Otro añade "que era una mujer muy graciosa é gran cantadora é bailadora". Pero aunque el Duque le había dicho que le pagaría muy bien sus servicios y aun la casaría de su mano y con buena dote, falleció sin cumplirlo en su palacio de Cogolludo el 29 de diciembre de 1551. Salió entonces Mariana de aquella casa, con toda la servidumbre del difunto magnate, y muy poco después debió de contraer matrimonio con Lope de Rueda, pues en 14 de julio de 1554 uno de los testigos declara haber ya "más de dos años" que estaban casados y velados ambos recitantes. Rueda, en demanda presentada en Valladolid el 6 de julio de 1554, pedía al nuevo duque, don Juan de la Cerda, los salarios de su mujer, á razón de 25.000 mrs. cada año, y obtuvo tres sentencias favorables, la última en 16 de marzo de 1557, condenando al Duque á pagarle 60.000 mrs. por todo. Por cierto que dos de los testigos que declaran en este pleito merecen particular recuerdo. Es el primero Pedro de Montiel, "hilador de seda", pero que entonces andaba en la compañía de Lope de Rueda, ayudándole en la representación de sus comedias y farsas. Montiel era cómico desde 1551, ó antes, pues dice en su declaración haber representado ante el Duque (acaso ya con Rueda) "algunas comedias é obras graciosas, é se las pagó muy bien". En estas funciones trabajaría la Mariana, y entonces la conocería también Lope. Es el otro Alonso Getino de Guzmán, "danzante y tañedor", de veinticinco años, casado y residente en Corte. Este personaje siguió muchos años su oficio de danzante y maestro de poner danzas en Madrid; fué, por último, alguacil de la Corte y muy unido á la familia de Cervantes, muy amigo de éste en 1569 y fiador de su madre en 1576 en las diligencias hechas para el rescate del cautivo de Argel". Colmenares, Histor. de Segovia, 1640, pág. 516: "Á la tarde, celebradas solemnes vísperas, en un teatro que estaba entre los coros, el maestro Valle, preceptor de Gramática, y sus repetidores, hicieron á sus estudiantes recitar muchos versos latinos y castellanos en loa de la fiesta y Prelado que había propuesto grandes premios á los mejores. Luego la compañía de Lope de Rueda, famoso comediante de aquella edad, representó una gustosa comedia, y, acabada, anduvo la procesión por el claustro, que estaba vistosamente adornado". Rueda otorgó testamento en Córdoba el 21 de marzo de 1565, y ni aun pudo firmarlo; puede verse extractado en la edición de sus obras, por Cotarelo. Los inventarios muestran que Rueda vivió bastante en Toledo.
181. Timoneda publicó en Valencia (1567) las cuatro únicas comedias, en prosa, que conocemos de Rueda: la Eufemia, la Armelina, la de Los engañados y la Medora; además, los dos coloquios pastoriles Camila y Tymbria, y el diálogo en verso Sobre la invención de las calzas. El mismo año de 1567 publicó el mismo Timoneda la colección de siete pasos ó entremeses para intercalar en la representación de las comedias y coloquios, titulada El Deleitoso; y en 1570 otra de seis pasos y un coloquio, Prendas de amor, titulada Registro de Representantes. Hay mención de otros coloquios. Se le atribuyen, no con toda certeza, Los desposorios de Moisén y la Farsa del Sordo; pero parecen ser suyos el Auto de Naval y Abigail y el opúsculo en prosa Flor de medicina, donde se burla de los malos médicos (Ms. de M. Pelayo). Otras muchas obras escribió Lope de Rueda, hoy perdidas.
Lo que Lope de Rueda trajo al teatro español de su propia cosecha son los que él llamó pasos, ó díganse cuadros de costumbres y de tipos vulgares de su tiempo y grandemente cómicos. Introdúcelos en sus comedias, las cuales más parecen ser como trama para presentarlos que no obra principal. Las comedias no las dejó preparadas como para publicarse; los pasos son obrillas acabadas y que podían meterse en cualquier comedia, y así Timoneda publicó sueltos los más. Es famoso el conocido por Las aceitunas. Los criados, aldeanos, ladrones, mujerzuelas, hablan su propio estilo y lenguaje. Éste es el verdadero teatro cómico popular español, creado por Lope de Rueda, y en esto está su mérito verdadero: pintura de tipos villanescos, diálogo vivo y chispeante, lenguaje tan popular, elegante y castizo como el de Cervantes y Rojas.
Como poeta alaba Cervantes á Rueda por sus versos pastoriles, y nos quedan de ellos el trozo que cita el Príncipe de nuestros Ingenios en Los baños de Argel y el Colloquio llamado Prendas de amor. Otras clases de versos hay en el Diálogo sobre la invención de las calzas, y en la Comedia llamada Discordia y Question de amor, en quintillas, si es obra suya. Conoció Rueda el teatro de Plauto, pues el valentón Sigüenza está tomado del Miles gloriosus; pero mucho más el teatro italiano de su tiempo, del cual tradujo, imitó y tomó asuntos para las cuatro comedias que conocemos. No tiene, pues, en esto ninguna originalidad.
182. Las primeras dos elegantes y graciosas comedias del excellente poeta y representante Lope de Rueda, sacadas á luz por Juan de Timoneda: éstas son Comedia Eufemia; Comedia Armelina, Valencia, 1567. Las segundas dos comedias del... Comedia de Los Engañados; Comedia Medora, Valencia, 1567. Los colloquios pastoriles de muy agraciada y apacible prosa por el excelente... son el Colloquio de Timbria y el Colloquio de Camila... Diálogo sobre la invención de las calças que se usan agora... Tabla de los pasos graciosos que se pueden sacar de las presentes comedias y colloquios y poner en otras obras. Las cuatro comedias y dos coloquios pastoriles del excelente poeta y gracioso representante Lope de Rueda, sacadas á luz por Juan de Timoneda, Segunda impresión, Valencia, 1570; Sevilla, 1576. El Deleitoso, compendio llamado: El Deleitoso, en el qual se contienen muchos pasos graciosos del excelente poeta y gracioso representante Lope de Rueda, por poner en principios y entremedias de colloquios y comedias: recopilados por Joan de Timoneda (siete pasos y un coloquio), Valencia, 1567; Logroño, 1588. Registro de representantes, Valencia, 1567 (son diez, de ellos siete de El Deleitoso). Farsa llamada del Sordo, 1549; Alcalá, 1616. Coloquio pastoril, Valencia, 1567. La Comedia llamada discordia y questión de Amor, en la qual se trata en subido metro y conceptos muy sentidos la inconstancia de Amor y sus variables efetos, Barcelona, 1617; fué hallada en París, en 1902, por Francisco R. de Uhagón, y reprodújola en Rev. de Archivos, 1902, con tirada aparte. Á ella aludió Gracián en Agudeza y arte de ingenio, cap. XLV. El Auto de Naval y Abigail está en el ms. del siglo xvi, que tiene 96 piezas dramáticas anteriores á Lope de Vega, y está en la Bibl. Nacional, y fué publicado por Rouanet: el estilo y lenguaje son de Rueda. En el mismo códice se halla el Auto de los desposorios de Moisén, que también sabe á Rueda, aunque no tanto; menos aún la Farsa del Sordo, Valladolid (hacia 1549?); Alcalá, 1568, reimpresa por Gallardo (I, pág. 1147); Sevilla, 1616.
Las fuentes de algunas comedias de Rueda fueron señaladas por L. A. Stiefel, Zeitschrift für rom. Philologie, 1893, t. XV. La Eufemia arraiga en el Decamerón (II, IX) y es el mismo asunto que el de Cymbeline, de Shakespeare. La Armelina tiene bastante que ver con la Altilia (1550), de Antón Francesco Raineri, y con el Servigiale (1561), de Giovan Maria Cecchi (1516-1587): las tres parecen derivarse de una misma fuente. La Comedia de los engañados es imitación de Gl' Ingannati (1531), de Alessandro Piccolomini, ó quizá de algunos de los Intronati, academia literaria de Siena, y en la misma fuente bebió Shakespeare al componer Twelfth Night. La Medora es traducción, á veces literal, de la Zingana (1545), de Gigio Artemio Giancarli. La Eufemia, en ocho escenas é introito, que no suponen entrada ó salida de personajes, sino mudanza importante en la acción ó intercalación de algún paso episódico, se representó en la plaza pública antes del mediodía. De mayor enredo son Los engañados, comedia fundada en la semejanza de hermano y hermana, en diez escenas con introito. En la Armelina hay aventuras novelescas y personajes españoles, en seis escenas. La Medora tiene seis escenas y varios pasos. Stiefel, no hallando á los Pasos precedentes en España, supone que en ellos pudo imitar la Comedia alla villanesca de los venecianos; pero los Pasos estaban ya esbozados en Juan del Enzina, por ejemplo, en el Auto del Repelón y en las farsas de Carnaval, en Lucas Fernández y aun en casi todo el teatro de la primera mitad del siglo xvi, por ejemplo, en la Farsa del soldado, de Lucas Fernández; en las de Clérigo de Beira, Las Ciganas, dos Físicos, dos Almocreves y otras de Gil Vicente; en el entremés del Procurador y el litigante, de Sebastián de Horozco; en las más de Diego Sánchez de Badajoz, y hasta en las obrillas menudas publicadas por Rouanet. Los pasos son los autos anteriores llevados á perfección por Lope de Rueda.
183. Lope de Rueda, Obras, ed. Real Academia Española, E. Cotarelo y Mori, Madrid, 1908, 2 vols. [véase Alonso de San Martín, Silba de varia lección, etc.], Madrid, 1909; E. Cotarelo y Mori, Satisfacción á la Real Academia Española, etc., Madrid, 1909; Alonso de San Martín, Sepan quantos... Coroza crítica, etc., Madrid, 1910; Obras ed. Marqués de la Fuensanta del Valle, en Colección de libros raros ó curiosos, ts. XXIII y XXIV; Entremés del mundo y no nadie, ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1900), t. VII, págs. 251-255 [atribución dudosa]; Comedia llamada Discordia y questión de amor, ed. F. R. de Uhagón, en Revista de Archivos, etc. (1902), t. VI, págs. 341-354. Consúltense: A. L. Stiefel, Lope de Rueda und das italienische Lustspiel, en Zeitschrift für romanische Philologie (1891), t. XV, págs. 183-216 y 318-343; R. Ramírez de Arellano, Lope de Rueda y su testamento, en Revista Española de Literatura, Historia y Arte (1901), t. I, págs. 9-12; N. Alonso Cortés, Un pleito de Lope de Rueda, nuevas noticias para su biografía, Madrid-Valladolid, 1903; L. Rouanet, Intermèdes espagnols (entremeses) du xviie siècle; S. Salazar, Lope de Rueda y su teatro, Santiago de Cuba, 1911; E. Cotarelo, María Ladvenant. Estudios sobre la historia del arte cómico en España, Madrid, 1896.
184. Sobre lo que era el teatro en España antes de Rueda y el punto en que él lo puso dan luz varios testimonios. Juan de la Cueva, en su Ejemplar poético (Parn. españ., de Sedano, t. VIII, pág. 24): "El singular en gracia, el ingenioso | Lope de Rueda, el cómico tablado | hizo ilustre con él y deleitoso". Juan Rufo, en Las seiscientas apotegmas..., Toledo, 1596: "¿Quién vió apenas ha treinta años | de las farsas la pobreza | de su estilo la rudeza | y sus más humildes paños? | ¿Quién vió que Lope de Rueda, | inimitable varón, | nunca salió de un mesón | ni alcanzó á vestir de seda? | Seis pellicos y cayados, | dos flautas y un tamborino, | tres vestidos de camino | con un fieltro jironados. | Una ó dos comedias solas | como camisas de pobre; | la entrada á tarja de cobre | y el teatro casi á solas. | Porque era un patio cruel, | fragua ardiente en el estío, | de invierno un helado río | que aun agora tiemblan dél". Agustín de Rojas, en el Viaje entretenido, escrito hacia 1600 y publicado en 1603 (edic. 1793, t. I, pág. 110): "Y porque yo no pretendo | tratar de gente extranjera, | sí de nuestros españoles, | digo que Lope de Rueda, | gracioso representante, | y en su tiempo gran poeta, | empezó á poner la farsa | en buen uso y orden buena, | porque la repartió en actos, | haciendo introito en ella, | que ahora llamamos loa, | y declaraba lo que eran | las marañas, los amores, | y entre los pasos de veras | mezclados otros de risa, | que, porque iban entre medias | de la farsa, los llamaron | entremeses de comedias. | Y todo aquesto iba en prosa | más graciosa que discreta; | tañían una guitarra | y ésta nunca salía fuera, | sino adentro y en los blancos, | muy mal templada y sin cuerdas | bailaba á la postre el bobo | y sacaba tanta lengua | todo el vulgacho embobado | de ver cosas como aquellas". (Ibidem, edic. 1901, t. I, pág. 150): "Solano: Habéis de saber que hay bululú, ñaque, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga, farándula y compañía. El bululú es un representante solo, que camina á pie y pasa su camino, entra en el pueblo, habla al cura y dícele que sabe una comedia y alguna loa, que junte al barbero y sacristán y se la dirá, porque le den alguna cosa para pasar adelante. Júntanse éstos y él súbese sobre una arca y dice: Ahora sale la dama, y dice esto y esto, y va representando, y el cura pidiendo limosna en un sombrero, y junta cuatro ó cinco cuartos, algún pedazo de pan y escudilla de caldo que le da el cura, y con esto sigue su estrella y prosigue su camino hasta que halla remedio. Ñaque es dos hombres (que es lo que Ríos decía ahora poco de entrambos); éstos hacen un entremés, algún poco de un auto, dicen unas octavas, dos ó tres loas, llevan una barba de zamarro, tocan el tamborino y cobran á ochavo, y en esotros reinos á dinerillo (que es lo que hacíamos yo y Ríos); viven contentos, duermen vestidos, caminan desnudos, comen hambrientos y espúlganse el verano entre los trigos y en el invierno no sienten con el frío los piojos. Gangarilla es compañía más gruesa; ya van aquí tres ó cuatro hombres: uno que sabe tocar una locura; llevan un muchacho que hace la dama; hacen el auto de la Oveja Perdida; tienen barba y cabellera; buscan saya y toca prestada (y algunas veces se olvidan de devolvella); hacen dos entremeses de bobo; cobran á cuarto, pedazo de pan, huevo y sardina y todo género de zarandaja (que se echa en una talega); éstos comen asado, duermen en el suelo, beben su trago de vino, caminan á menudo, representan en cualquier cortijo y traen siempre los brazos cruzados.—Ríos: ¿Por qué razón?—Solano: Porque jamás cae capa sobre sus hombros. Cambaleo es una mujer que canta y cinco hombres que lloran; éstos traen una comedia, dos autos, tres ó cuatro entremeses, un lío de ropa que le puede llevar una araña; llevan á ratos á la mujer acuestas y otras en silla de manos; representan en los cortijos por hogaza de pan, racimo de uvas y olla de berzas; cobran en los pueblos á seis maravedís, pedazo de longaniza, cerro de lino y todo lo demás que viene aventurero (sin que se deseche ripio); están en los lugares cuatro ó seis días, alquilan para la mujer una cama, y el que tiene amistad con la huéspeda dale un costal de paja, una manta y duerme en la cocina, y en el invierno el pajar es su habitación eterna. Estos, á mediodía, comen su olla de vaca y cada uno seis escudillas de caldo, siéntanse todos á una mesa y otras veces sobre la cama. Reparte la mujer la comida; dales el pan por tasa; el vino, aguado y por medida, y cada uno se limpia donde halla, porque entre todos tienen una servilleta ó los manteles están tan desviados que no alcanzan á la mesa con diez dedos. Compañía de garnacha son cinco ó seis hombres, una mujer, que hace la dama primera, y un muchacho la segunda; llevan un arca con dos sayos, una ropa, tres pellicos, barbas y cabelleras y algún vestido de la mujer, de tiritaña. Estos llevan cuatro comedias, tres autos y otros tantos entremeses; el arca, en un pollino; la mujer, en las ancas, gruñendo, y todos los compañeros detrás arreando. Están ocho días en un pueblo, duermen en una cama cuatro, comen olla de vaca y carnero y algunas noches su menudo muy bien aderezado. Tienen el vino por adarmes, la carne por onzas, el pan por libras, y la hambre por arrobas. Hacen particulares á gallina asada, liebre cocida, cuatro reales en la bolsa, dos azumbres de vino en casa y á doce reales una fiesta con otra. En la bojiganga van dos mujeres y un muchacho, seis ó siete compañeros y aun suelen ganar muy buenos disgustos, porque nunca falta un hombre necio, un bravo, un mal sufrido, un porfiado, un tierno, un celoso ni un enamorado: y habiendo cualquiera déstos no pueden andar seguros, vivir contentos ni aun tener muchos ducados. Estos traen seis comedias, tres ó cuatro autos, cinco entremeses, dos arcas: una con hato de la comedia y otra de las mujeres. Alquilan cuatro jumentos: uno para las arcas, dos para las hembras y otro para remudar á los compañeros á cuarto de legua (conforme hiciere uno la figura y fuere de provecho en la chacota). Suelen traer entre siete dos capas, y con éstas van entrando de dos en dos, como frailes. Y sucede muchas veces, llevándoselas el mozo, dejarlos á todos en cuerpo. Estos comen bien, duermen todos en cuatro camas, representan de noche, y las fiestas de día; cenan las más veces ensalada, porque como acaban tarde la comedia hallan la cena fría. Son grandes hombres de dormir de camino debajo de las chimeneas, por si acaso están entapizadas de morcillas, solomos y longanizas, gozar dellas con los ojos, tocallas con las manos y convidar á los amigos; ciñéndose las longanizas al cuerpo, las morcillas al muslo y los solomos, pies de puerco, gallinas y otras menudencias en unos hoyos en los corrales ó caballerizas; y si es en ventas, en el campo (que es lo más seguro), poniendo su seña para conocer dónde queda enterrado el tal difunto. Este género de bojiganga es peligrosa, porque hay entre ellos más mudanzas que en la luna y más peligros que en frontera (y esto es si no tienen cabeza que los rija). Farándula es víspera de compañía; traen tres mujeres, ocho y diez comedias, dos arcas de hato; caminan en mulos de arrieros y otras veces en carros; entran en buenos pueblos; comen apartados, tienen buenos vestidos; hacen fiestas de Corpus á doscientos ducados; viven contentos (digo los que no son enamorados). Traen unos plumas en los sombreros, otros veletas en los cascos y otros en los pies el mesón de Cristo con todos. Hay Laumedones de ojos, decídselo vos, que se enamoran por debajo de las faldas de los sombreros, haciendo señas con las manos y visajes con los rostros, torciéndose los mostachos, dando la mano en el aprieto, la capa en el camino, el regalo en el pueblo, y sin hablar palabra en todo el año. En las compañías hay todo género de gusarapas y baratijas, entreban cualquiera costura, saben de mucha cortesía, hay gente muy discreta, hombres muy estimados, personas bien nacidas, y aun mujeres muy honradas (que donde hay mucho, es fuerza que haya de todo); traen cincuenta comedias, trescientas arrobas de hato, diez y seis personas que representan, treinta que comen, uno que cobra y Dios sabe el que hurta. Unos piden mulas, otros coches, otros literas, otros palafrenes, y ningunos hay que se contenten con carros, porque dicen que tienen malos estómagos. Sobre esto suelen tener muchos disgustos. Son sus trabajos excesivos, por ser los estudios tantos, los ensayos tan continuos y los gustos tan diversos (aunque desto Ríos y Ramírez saben harto), y así es mejor dejallo en silencio, que á fe que pudiera decir mucho". Cervantes, Prólogo á sus Comedias: "Los días pasados me hallé en una conversación de amigos, donde se trató de comedias y de las cosas á ellas concernientes; y de tal manera las sutilizaron y atildaron, que á mi parecer, vinieron á quedar en punto de toda perfección. Tratóse también de quién fué el primero que en España las sacó de mantillas y las puso en toldo, y vistió de gala y apariencia. Yo, como el más viejo que allí estaba, dije que me acordaba de haber visto representar al gran Lope de Rueda, varón insigne en la representación y en el entendimiento. Fué natural de Sevilla, y de oficio batihoja, que quiere decir de los que hacen panes de oro. Fué admirable en la poesía pastoril; y en este modo, ni entonces, ni después acá, ninguno le ha llevado ventaja; y aunque, por ser muchacho yo entonces, no podía hacer juicio firme de la bondad de sus versos, por algunos que me quedaron en la memoria, vistos agora en la edad madura que tengo, hallo ser verdad lo que he dicho; y si no fuera por no salir del propósito de prólogo, pusiera aquí algunos que acreditaran esta verdad. En el tiempo de este célebre español, todos los aparatos de un autor de comedias se encerraban en un costal, y se cifraban en cuatro pellicos blancos, guarnecidos de guadamecí dorado; y en cuatro barbas y cabelleras, y cuatro cayados, poco más ó menos. Las comedias eran unos coloquios como églogas, entre dos ó tres pastores y alguna pastora. Aderezábanlas y dilatábanlas con dos ó tres entremeses, ya de negra, ya de rufián, ya de bobo ó ya de vizcaíno; que todas estas cuatro figuras y otras muchas hacía el tal Lope, con la mayor excelencia y propiedad que pudiera imaginarse. No había en aquel tiempo tramoyas ni desafíos de moros y cristianos, á pie ni á caballo. No había figura que saliese ó pareciese salir del centro de la tierra por lo hueco del teatro, al cual componían cuatro bancos en cuadro, y cuatro ó seis tablas encima, con que se levantaba del suelo cuatro palmos; ni menos bajaban del cielo nubes con ángeles ó con almas. El adorno del teatro era una manta vieja, tirada con dos cordeles de una parte á otra, que hacía lo que llaman vestuario, detrás de la cual estaban los músicos cantando sin guitarra algún romance antiguo".
185. Año 1554. Alonso de Villegas Selvago (1534-después de 1615), cuyo segundo sobrenombre se lo puso tan sólo en la Comedia Selvagia, nació en Toledo, y á los veinte de su edad escribió esta comedia. Veintidós años después era capellán de los mozárabes de Toledo, con el aditamento de Licenciado, probablemente en Teología, y dedicó toda su larga vida á escribir graves y aun populares libros hagiográficos: el Flos Sanctorum, en cinco partes ó tomos, que se leyó por toda España, aun después del de Rivadeneyra, y cuya primera parte salió en Toledo (1578). En 1600, "siendo de edad de sesenta y seis años", acabó la Vitoria y Triunfo de Iesu Cristo, y publicóse en Madrid, 1603. En 1592 dedicó á Madrid la Vida de San Isidro labrador, que viene á ser la del Flos Sanctorum. En 1595 publicó la Vida de San Tirso, Toledo. En 1600 tradujo el libro ascético de don Florencio Harleman, cartujo de Lovaina (Ms.). Entre los Sermones predicados en la beatificación de la B. M. Teresa de Jesús, Madrid, 1615, hay uno de Villegas, pronunciado en la catedral de Toledo, y es la última noticia que tenemos de su persona. La prosa de Villegas es sencilla, pura, castiza, llena de piedad y devoción. Escribió la Comedia Selvagia en servicio de su señora Isabel de Barrionuevo (Toledo, 1554), imitando la primera Celestina, la de Feliciano de Silva, y la Tragicomedia de Lisandro y Roselia, acabando en festivas bodas. Es más dramática que todas, excepto la de Rojas, con ingenioso principio é inopinado desenlace, agradables peripecias y con más hábil desarrollo del plan que no lo hicieron Sepúlveda, Lope de Rueda, Timoneda y demás imitadores de los italianos. Es corta, en cinco actos y casi representable. Puede decirse, añade M. Pelayo, que adivinó mejor que ninguno lo que había de ser la futura comedia de capa y espada. Es de amor y de intriga, dos parejas enamoradas, confusión de damas, galantes coloquios por la ventana, historias novelescas de hijos perdidos y hallados, intervención de indianos, anagnorisis ó reconocimiento final. Algo de pedantería en las citas y de énfasis en los trozos aparatosos se le coló al joven estudiante, ya de sus años, ya de los dechados que imitaba; pero los personajes secundarios siguen hablando el idioma castizo y rico del pueblo, fresco, gallardo y natural.
186. Comedia Selvagia en servicio de su señora Isabel de Barrionuevo, siendo de edad de veinte años en Toledo, su patria. Según esto, que se lee en los versos acrósticos de la Comedia Selvagia, publicada el año 1554 en Toledo, si acababa entonces de componerla, su autor nació en 1534, lo cual se confirma por otras sus obras. En un ms., de 236 páginas, se lee: Via vite. Libro que contiene instituciones y exortationes espirituales para el christiano; en que se enseña de qué manera ha de comenzar y proseguir el camino de las virtudes hasta llegar á ser perfecto, hecho por Don Florencio Harlemano, monje cartuxo en Lovayna. Tradúxole de lengua teutónica en latín, Tácito Nicolao Zegero, del orden de menores; y en español el maestro Alonso de Villegas Toledano. En el prólogo: "aviendo, pues, yo acabado los seis libros y partes del Flos Santorum y siendo Dios servido de darme vida sobre sesenta y seis años, determiné, por no estar ocioso, que siempre desde la primera edad aborrecí y evité, traducir en nuestra lengua española el libro de Florencio". Y en otro códice de la Nacional: Coronyca de las antigüedades despanna... Luego se lee: "este es mi parecer y doyle en 18 días de julio, año de 1594, en que la acabé de leer, siendo de edad de sesenta años. m.º Alonso de Villegas". En 1602 firmó una aprobación de El Poema de S. José, de Valdivielso. En un cuadro de Blas de Prado, del Museo Nacional, está retratado Villegas (Pedro Madrazo, Catálogo descr. é hist. de los cuadros del Museo del Prado, pte. I, pág. 519). La Selvagia se reimprimió con la Serafina en la Colecc. de libr. raros y curiosos, Madrid, 1873. Según Tamayo, en su Junta de libros, hizo lo que pudo por recoger y destruir la Selvagia. Las ediciones más conocidas del Flos Sanctorum son: 1.ª pte., Toledo, 1578, 1583, 1591; Zaragoza, 1580, 1585; Madrid, 1595: Flos Sanctorum... van añadidas las vidas de Santos, que de nuevo han mandado summos Pontífices se reze dellos... y juntamente corregido conforme á los Anales de César Baronio, Madrid, 1595 (es la 1.ª parte); 2.ª pte., Toledo, 1589, 1594; Venecia, 1596; Toledo, 1609; 3.ª pte., Toledo, 1588, 1589, 1595; Valladolid, 1614; 4.ª pte., Madrid, 1589, 1593 (dos edic.); Cuenca, 1591, 1592, 1593, 1594; 5.ª pte., Cuenca, 1594, 1604. Otras ediciones: Barcelona, 1608; Alcalá, 1616; Zaragoza, 1616; en ital. Venecia, 1592 (1.ª pte.). Pero la bibliografía de esta obra está por hacer, y los ejemplares son muy raros. Vida de S. Isidro Labrador, Madrid, 1592. Favores de la Virgen, Valencia, 1635. Un sermón de Villegas, en Sermones, Madrid, 1615. Sobre Villegas: Pérez Pastor, Bibliografía Madrileña, III, pág. 516.