Sin embargo, antes de tomar nuevo impulso, este movimiento de producción ha debido tener un principio y durar cierto tiempo, durante el cual el obrero, no habiendo aún producido, no podía ser pagado con su propio producto, como tampoco mantenerse del aire. ¿No se deberá, pues, suponer que la primera vez que la clase capitalista se presenta en el mercado para comprar la fuerza de trabajo, tiene ya acumulado, bien por sus propios esfuerzos o por sus ahorros, capitales que le permitan adelantar las subsistencias del obrero en forma de moneda? Aceptaremos provisionalmente esta solución, cuyo fundamento examinaremos en el [capítulo sobre la acumulación primitiva].
Todo capital adelantado se transforma más o menos pronto en capital acumulado.
Aunque así sea, la reproducción continua cambia muy pronto el carácter primitivo del conjunto del capital adelantado, compuesto de parte variable y parte constante.
Si un capital de 25.000 pesetas produce anualmente una supervalía de 5.000 pesetas, que consume el capitalista, es evidente que después de haberse repetido cinco veces este movimiento, la suma de la supervalía consumida será igual a 5.000 pesetas multiplicadas por 5, o sean 25.000 pesetas, es decir, el valor total del capital adelantado.
Si, por ejemplo, solo se consumiese la mitad de la supervalía anual, el mismo resultado se obtendría a los diez años en vez de ser a los cinco, pues multiplicando la mitad de la supervalía, que son 2.500 pesetas, por 10, se tiene la misma cantidad de 25.000 pesetas. En términos generales, dividiendo el capital adelantado por la cantidad de supervalía consumida anualmente, se halla el número de años al cabo de los cuales el capital primitivo ha sido consumido enteramente por el capitalista, y, por consiguiente, ha desaparecido.
Según esto, después de cierto tiempo, el valor-capital que pertenecía al capitalista se hace igual a la suma de supervalía que este ha adquirido gratuitamente durante ese mismo tiempo; la suma de valor que ha adelantado iguala a la que ha consumido.
Es cierto que tiene siempre entre manos un capital cuya cantidad no ha variado. Pero cuando un hombre consume su hacienda por las deudas que contrae, el valor de ella solo representa el importe de sus deudas; del mismo modo, cuando el capitalista ha consumido el equivalente del capital que había adelantado, el valor de este capital no representa más que la suma de supervalía monopolizada por él.
Por consecuencia, la reproducción simple basta para transformar más o menos pronto todo capital adelantado en capital acumulado o en supervalía capitalizada. Aunque a su entrada en el dominio de la producción fuera adquirido por el trabajo personal del empresario, al cabo de cierto tiempo se convertiría en valor adquirido sin equivalente, sería la materialización del trabajo no pagado de otro.
Consumo productivo y consumo individual del trabajador.
El trabajador hace un consumo doble. En el acto de producción consume, por su trabajo, medios de producción, con objeto de transformarlos en productos de un valor superior al del capital adelantado; este es su consumo productivo, que significa al mismo tiempo consumo de su fuerza por el capitalista a quien pertenece. Pero el dinero desembolsado para la compra de esta fuerza es empleado por el trabajador en medios de subsistencia, y esto es lo que constituye su consumo individual.