En sus comienzos, el capital ha sido adelantado en forma de dinero; la supervalía, al contrario, existe desde luego como valor de cierta cantidad de producto bruto. Si la venta de este último, su cambio por dinero, vuelve al capital a su forma primitiva, la forma dinero, también transforma el modo de ser primitivo de la supervalía, que es la forma mercancía. Pero después de la venta del producto bruto, valor-capital y supervalía son igualmente sumas de dinero, y su transformación en capital, que tiene lugar en seguida, se efectúa de idéntica manera para ambas cantidades. El capitalista adelanta, pues, las dos sumas para comprar las mercancías con cuyo auxilio vuelve a empezar de nuevo, y ahora en mayor escala, la fabricación de su producto.

Sin embargo, para poder comprar los elementos constitutivos de aquella fabricación, es necesario que los encuentre en el mercado. La producción anual debe suministrar, por consecuencia, no solamente todos los artículos necesarios para reemplazar los elementos materiales del capital gastado durante el año, sino también una cantidad de dichos artículos mayor que la consumida, así como fuerzas de trabajo suplementarias, a fin de que pueda funcionar el nuevo valor-capital, que ya es mayor que el primitivo.

El mecanismo de la producción capitalista suministra esta demasía de fuerza de trabajo, reproduciendo a la clase obrera como clase asalariada cuyo salario usual asegura, no solo el sustento, sino aun la multiplicación. Únicamente se necesita para esto que una parte del sobretrabajo anual se haya empleado en crear medios de producción y de subsistencia además de los necesarios para la reposición del capital adelantado, no habiendo que hacer entonces más que añadir las nuevas fuerzas de trabajo suministradas cada año en edades diversas por la clase obrera, al exceso de medios de producción que contiene la producción anual.

La acumulación resulta, por consecuencia, de la reproducción del capital en proporción creciente.

Cuanto más acumula el capitalista, más puede acumular.

El capital primitivo se ha formado, en el ejemplo anterior, por el adelanto de 250.000 pesetas. ¿De dónde ha sacado estas riquezas el capitalista? De su propio trabajo o del de sus antepasados, responden a coro las eminencias de la Economía política; y su suposición parece que, en efecto, es la única conforme con las leyes de la producción mercantil.

No sucede lo mismo con el nuevo capital de 50.000 pesetas. Su procedencia nos es perfectamente conocida: dimana de la supervalía capitalizada. Desde su origen, no contiene la partícula más mínima de valor que no provenga del trabajo no pagado de otro. Los medios de producción a los cuales se añade la fuerza obrera suplementaria, así como las subsistencias que la mantienen, son partes del producto neto del tributo arrancado anualmente a la clase obrera por la clase capitalista. El hecho de que esta última, mediante cierta cantidad de dicho tributo, compre a la clase obrera una demasía de fuerza, aun en su justo valor, se asemeja a la magnanimidad de un conquistador que se halla dispuesto a pagar generosamente las mercancías de los vencidos con el dinero que les ha arrancado. Merced a su sobretrabajo de un año, la clase obrera crea el nuevo capital que permitirá el año próximo crear trabajo de más; esto es lo que se llama crear capital por medio del capital.

La acumulación de 50.000 pesetas por el primer capital supone que la suma de 250.000 pesetas, adelantada como capital primitivo, proviene del propio caudal de su poseedor, de su «trabajo primitivo». Pero la acumulación de 10.000 pesetas por el segundo capital supone la acumulación precedente del capital de 50.000 pesetas, que es la supervalía capitalizada del capital primitivo. Síguese de esto, que cuanto más acumula el capitalista, adquiere más medios de acumular. En otros términos, cuanto más trabajo no pagado de otro se haya apropiado anteriormente, más aún puede monopolizar en la actualidad.

La apropiación capitalista no es más que la aplicación de las leyes de la producción mercantil.

Este modo de enriquecerse resulta, es necesario comprenderlo bien, no de la violación, sino, al contrario, de la aplicación de las leyes que rigen la producción mercantil. Para convencerse de ello, basta echar una ojeada sobre las operaciones sucesivas que tienden a la acumulación.