Otros hay que defienden una libertad especial del padre de familia, la que no suele ser otra cosa que un atentado legitimado contra el niño, que no puede llegar a ser por este motivo lo que su naturaleza le exige.
En nombre de la libertad del trabajo, se otorga al capitalista la libertad de explotar a su antojo al trabajador, y a este la obligación de someterse.
Esas libertades, tan pródigamente concedidas a algunos, tienen el mismo fundamento que tendría la libertad del guardagujas de manejar las agujas y hacer los cambios de vía a medida de su capricho.
La libertad es para cada uno, no el derecho, que nada significa, sino el poder moral y material de satisfacer sus necesidades naturales o adquiridas. Derivada de la igualdad ante los medios de desarrollo y de aplicación de las facultades orgánicas, o en otros términos, de la universalización de la instrucción y de la socialización de las fuerzas productivas, la libertad implica la acción común, la solidaridad.
El hombre aislado no reconocería otros límites a su acción que los de su propia fuerza, y su acción se vería, desde luego, singularmente limitada. Por esta razón, y a impulsos del interés personal, la acción común reemplaza cada día en mayor escala a la acción puramente personal. El hombre es para el hombre un auxiliar necesario; la comunidad de acción, que tiende por medio de funciones diferentes, pero respectivamente indispensables, a la realización de un fin común, el bienestar, debe completarse evidentemente con la comunidad de ventajas.
La solidaridad, que ha sido sucesivamente familiar, comunal, nacional, tiende a ser internacional. Desde este momento, la facultad que posee el hombre de obrar solo, de ser en absoluto independiente de la acción de los demás, en una palabra, la autonomía tan obstinadamente glorificada, si no fuera irrealizable, merced a la evolución económica que domina todas las relaciones humanas, sería un retroceso, una disminución de fuerza, es decir, de libertad, para el individuo, en lugar de ser un acrecentamiento.
Siendo la libertad tanto mayor cuanto menos subordinada está en su ejercicio a circunstancias extrañas a la voluntad, y siendo tanto más fáciles de vencer los obstáculos contra los que tropieza la voluntad cuanto menos diseminadas se hallen las fuerzas que los combaten, la centralización, merced a la cual se puede conseguir el máximum de resultados con el mínimum de esfuerzos, se impone como garantía de expansión para la libertad individual.
Por otra parte, la actividad corporal e intelectual solo fuera del taller podrá revestir el carácter de libertad, que es su atractivo. En efecto, una organización mecánica no permite el desarrollo espontáneo de las facultades humanas; el hombre no es en tal caso sino un engranaje del maquinismo, reducido a adaptarse a los movimientos automáticos del conjunto. Cuanto más se perfeccione y universalice la máquina, menos trabajo tendrá que ejecutar el hombre; pero menos también el trabajo, tomado en conjunto, será resultado de la libre iniciativa humana, convirtiéndose en tarea enojosa para un gran número de trabajadores. Con la corta duración del trabajo, la diversidad sana en el aburrimiento inevitable será lo que pueda realizarse fácilmente.
Habrá, pues, dirán algunos, obligación de trabajar.
La libertad será en materia de trabajo todo cuanto esta pueda ser en cualquier otra materia, es decir, el ejercicio de la actividad humana no embargado socialmente y limitado solo por las fatalidades orgánicas exteriores. Supongamos que se permitiera a todo el mundo ir desnudo; las gentes, dada la temperatura de nuestros inviernos, continuarían vistiéndose, no obligadas por voluntad ajena, sino por una necesidad inherente a su organismo. Es libre el hombre cuya voluntad no se halla determinada sino por móviles nacidos de sí propio, los cuales puede acomodar a su antojo a las condiciones necesarias de su vida: era, pues, libre el hombre cuya voluntad de trabajar provenga solo, así como su voluntad de comer, de las necesidades personales que tenga que satisfacer, y solo trabaje en lo que le convenga, sabiendo que trabaja exclusivamente para sí propio y teniendo conciencia de que trabaja por su sola voluntad.