Realizada en favor de todos la igualdad de los medios de acción y de desarrollo, y convirtiendo en carga social la manutención de los niños, así como su instrucción, y libres ya de la diferencia de nacimiento, no habrá lugar para la prostitución ni para el matrimonio, que en su conjunto, no es más que la prostitución ante el alcalde.
En efecto, la prostitución consiste en la subordinación de las relaciones sexuales a consideraciones económicas; y de cualquier modo que se la considere, la mujer es hoy la manceba del hombre. Las que no pueden hallar un marido encargado de subvenir a todos los gastos, se alquilan temporalmente para vivir; casadas o no, en general viven del hombre y para el hombre. Las más virtuosas protestas en nada cambiarán esta costumbre, la cual se practicará hasta que la mujer sea emancipada desde el punto de vista económico. No estando entonces dominadas las relaciones sexuales por móviles extraños a su fin natural, serán relaciones esencialmente privadas, y se basarán en lo único que las hace dignas, en el amor, en el deseo mutuo, y serán tan duraderas o tan mudables como el deseo que las provoque.
Desde el punto de vista político, la burguesía halaga a los obreros diciéndoles que si desean reformas son dueños de imponerlas, pues poseen el sufragio universal, que obra en las condiciones que ella se ha servido indicar, y en el momento escogido también por ella. Serían, pues, muy descontentadizos si no aceptasen este arma de papel, con la cual no pueden hacer daño alguno a sus adversarios.
La minoría detentadora de los medios de producción es dueña absoluta de la existencia de una mayoría que no puede satisfacer sus más urgentes necesidades orgánicas sino con auxilio del salario. Para obtener este salario indispensable tiene que doblegarse a la voluntad de los únicos que pueden proporcionárselo, los cuales disponen a su antojo de la vida y de la libertad de todos.
La soberanía sin la propiedad es no tan solo inútil, sino el más pérfido de los lazos. Antes del establecimiento del sufragio universal, el censo servía de barrera entre poseedores y desposeídos; exentos estos últimos del gobierno y de la propiedad, su organización en clase distinta —que hubiera amenazado las prerrogativas capitalistas el día en que hubiesen tenido conciencia clara de la inferioridad sistemática en que se los mantenía— resultaba del ostracismo legal a que estaban condenados.
De resultas de haber otorgado a todos el derecho de participación intermitente en los negocios públicos, sobrevino una confusión funesta. Los explotados, a quienes hasta entonces se había considerado tan solo como asalariados, soldados y contribuyentes, fueron víctimas de una ilusión, de que se aprovechó la casta gobernante: soberanos nominalmente, se creyeron los dueños. Con arreglo cada cual a su educación, a sus preocupaciones o a su temperamento, se alistaron en los diferentes partidos burgueses, engrosaron las filas de sus enemigos de clase, y dejaron que tal o cual fracción de la burguesía, con auxilio suyo, se impusiera a las demás.
El obrero no es ya obrero exclusivamente. Creyendo votar por correligionarios políticos, entrega el poder a hombres cuyos intereses económicos se oponen abiertamente a los suyos; en efecto, no puede haber comunidad de intereses entre el que puede explotar a su voluntad y el que se ve obligado a aceptar las condiciones de explotación que se le impongan.
Los que se hallaban bajo la dependencia económica de la clase burguesa se han convertido, merced al sufragio universal, en factores de su propia dominación política. Los gobernantes burgueses, cualquiera que sea el color de su bandera, están todos de acuerdo en oponerse a aquello que signifique algún atentado contra su propiedad y disminuya sus monopolios de casta. Por esto, si la forma gubernamental ha avanzado un paso con el establecimiento de la República, último término de la evolución puramente política, la organización social, causa inevitable de la miseria, no ha variado ni variará en tanto no se modifique la forma de propiedad.
El sufragio universal encubre, en beneficio de la burguesía, la verdadera lucha que debe emprenderse. Se entretiene al pueblo con las insulseces políticas, tratando de interesarle en la modificación de tal o cual rueda de la máquina gubernamental; mas, en realidad, ¿qué importa una modificación, si el objeto de la máquina es siempre el mismo, y lo será mientras haya privilegios económicos que proteger, ni qué importa tampoco a los que ella triturará mientras exista, un cambio de forma en el modo de triturarlos?
El pretender conseguir por medio del sufragio universal una reforma social, y el querer llegar por ese expediente a la destrucción de la tiranía del taller, de la más inicua de las monarquías, de la monarquía patronal, es formarse una idea singularmente falsa del poder del tal sufragio. Los hechos son innegables: examínense los dos países en que el sufragio universal se halla establecido desde hace más tiempo y favorecido su ejercicio por una amplitud de libertad de que todavía no gozamos en Francia.