Rita.—Ya ha venido.

D.ª Francisca.—¿Cómo?

Rita.—Ahora mismo acaba de llegar. Le he dado un abrazo con licencia de usted, y ya sube por la escalera.

D.ª Francisca.—¡Ay, Dios!... ¿Y qué debo hacer?

Rita.—¡Donosa pregunta!... Vaya, lo que importa es no gastar el tiempo en melindres de amor... Al asunto... y juicio. Y mire usted que en el paraje en que estamos, la conversación no puede ser muy larga... Ahí está.

D.ª Francisca.—Sí... Él es.

Rita.—Voy á cuidar de aquella gente... Valor, señorita, y resolución. (Se va al cuarto de doña Irene.)

D.ª Francisca.—No, no, que yo también... Pero no lo merece.

ESCENA VII.

DON CARLOS (sale por la puerta del foro), DOÑA FRANCISCA.