D. Carlos.—Hasta mañana. Con la luz del día veremos á este dichoso competidor.

Rita.—Un caballero muy honrado, muy rico, muy prudente; con su chupa larga, su camisola limpia, y sus sesenta años debajo del peluquín.

(Se va por la puerta del foro.)

D.ª Francisca.—Hasta mañana.

D. Carlos.—Adios, Paquita.

D.ª Francisca.—Acuéstese usted, y descanse.

D. Carlos.—¿Descansar con celos?

D.ª Francisca.—¿De quién?

D. Carlos.—Buenas noches... Duerma usted bien, Paquita.

D.ª Francisca.—¿Dormir con amor?