D. Diego.—Muy bien... Adios... Todo te lo perdono... Vete con Dios... Y yo sabré también cuándo llegas á Zaragoza: no te parezca que estoy ignorante de lo que hiciste la vez pasada.

D. Carlos.—¿Pues qué hice yo?

D. Diego.—Si te digo que lo sé, y que te lo perdono, ¿qué más quieres? No es tiempo ahora de tratar de eso. Vete.

D. Carlos.—Quede usted con Dios.

(Hace que se va, y vuelve.)

D. Diego.—¿Sin besar la mano á su tío, eh?

D. Carlos.—No me atreví.

(Besa la mano á don Diego, y se abrazan.)

D. Diego.—Y dame un abrazo, por si no nos volvemos á ver.

D. Carlos.—¿Qué dice usted? No lo permita Dios.