Rita.—Sí, señora. Los dos.

D.ª Francisca.—Pero ¿se han ido fuera de la ciudad?

Rita.—Si no los he perdido de vista hasta que salieron por puerta de Mártires... Como está un paso de aquí.

D.ª Francisca.—¿Y es ese el camino de Aragón?

Rita.—Ese es.

D.ª Francisca.—¡Indigno!... ¡Hombre indigno!

Rita.—¡Señorita!

D.ª Francisca.—¿En qué te ha ofendido esta infeliz?

Rita.—Yo estoy temblando toda... Pero... Si es incomprensible... Si no alcanzo á descubrir qué motivos ha podido haber para esta novedad.

D.ª Francisca.—¿Pues no le quise más que á mi vida?... ¿No me ha visto loca de amor?