ACTO III.


ESCENA PRIMERA.

DON DIEGO, SIMÓN.

(Teatro oscuro. Sobre la mesa habrá un candelero con vela apagada, y la jaula del tordo. Simón duerme tendido en el banco. Sale don Diego de su cuarto acabándose de poner la bata.)

D. Diego.—Aquí, á lo menos, ya que no duerma no me derretiré... Vaya, si alcoba como ella no se... ¡Cómo ronca éste!... Guardémosle el sueño hasta que venga el día, que ya poco puede tardar... (Simón despierta, y al oir á don Diego se incorpora, y se levanta.) ¿Qué es eso? Mira no te caigas, hombre.

Simón.—Qué ¿estaba usted ahí, señor?

D. Diego.—Sí, aquí me he salido, porque allí no se puede parar.

Simón.—Pues yo, á Dios gracias, aunque la cama es algo dura, he dormido como un emperador.