D. Diego.—No, dejarlos... ¡Pobre gente! ¡Quién sabe la importancia que darán ellos á la tal música!... No gusto yo de incomodar á nadie.
(Sale de su cuarto doña Francisca, y Rita con ella. Las dos se encaminan á la ventana. Don Diego y Simón se retiran á un lado, y observan.)
Simón.—¡Señor!... ¡Eh!... Presto, aquí á un ladito.
D. Diego.—¿Qué quieres?
Simón.—Que han abierto la puerta de esa alcoba, y huele á faldas que trasciende.
D. Diego.—¿Sí?... Retirémonos.
ESCENA II.
DOÑA FRANCISCA, RITA, DON DIEGO, SIMÓN.
Rita.—Con tiento, señorita.
D.ª Francisca.—Siguiendo la pared ¿no voy bien?