D.ª Francisca.—Yo no sé... ¡Qué poco merece toda esa bondad una mujer tan ingrata para con usted!... No, ingrata no, infeliz... ¡Ay, qué infeliz soy, señor don Diego!
D. Diego.—Yo bien sé que usted agradece como puede el amor que la tengo... Lo demás todo ha sido... ¿qué sé yo?... una equivocación mía, y no otra cosa... Pero usted, inocente, usted no ha tenido la culpa.
D.ª Francisca.—Vamos... ¿No viene usted?
D. Diego.—Ahora no, Paquita. Dentro de un rato iré por allá.
D.ª Francisca.—Vaya usted presto.
(Encaminándose al cuarto de doña Irene, vuelve y se despide de don Diego besándole las manos.)
D. Diego.—Sí, presto iré.
ESCENA IX.
SIMÓN, DON DIEGO.
Simón.—Ahí están, señor.