D. Manuel.—La juventud necesita...

D. Gregorio.—La juventud es loca, y la vejez es loca también muchas veces.

D. Manuel.—Pero ¿hay algún inconveniente en que se vaya con su hermana?

D. Gregorio.—No, ninguno; pero conmigo está mucho mejor.

D. Manuel.—Considera que...

D. Gregorio.—Considero que debe hacer lo que yo la mande... y considero que me interesa mucho su conducta.

D. Manuel.—Pero ¿piensas tú que me será indiferente á mí la de su hermana?

Juliana (aparte).—¡Tuerto maldito!

D.ª Rosa.—No creo que tiene usted motivo ninguno para...

D. Gregorio.—Usted calle, señorita, que ya la explicaré yo á usted si es bien hecho querer salir de casa sin que yo se lo proponga, y la lleve, y la traiga, y la cuide.