(Los dos primeros salen de su casa.)
D. Enrique.—¿Dijiste al ama que no me espere?
Cosme.—Sí, señor.
D. Enrique.—Pues cierra y vamos, que aunque sepa atropellar por todo, he de hablarla esta noche.
(Cierra Cosme la puerta con llave.)
Cosme.—¡Noche toledana!
D. Enrique.—Y á pesar de quien procura estorbarlo, ella y yo seremos felices.
(Doña Rosa, después de haberse alejado un poco hacia el fondo del teatro, vuelve encaminándose á casa de don Manuel; don Gregorio se adelanta igualmente y la observa. Ella se detiene.)
D.ª Rosa.—Él se acerca á la puerta de don Manuel. ¿Qué haré?... Ya no es posible... (Se retira llena de confusión hacia el fondo del teatro. Don Enrique se adelanta, la reconoce y la detiene.) ¡Infeliz de mí!
D. Enrique.—¿Quién es?