D. Enrique.—Bien, que esté donde quiera. Poco importa.

D.ª Rosa.—Allí, allí.

D. Enrique.—Sí, ya le distingo... No hay que temer, quieto se está... ¡Y qué bien hace en estarse quieto!... Adentro.

(Asiéndole de la mano se entra con ella en su casa, y Cosme detrás.)

D. Gregorio.—Pues, señor, se marchó á casa del galán. No puede llegar á más el abandono y la... Pero ¡regocijo siento al ver tan solemnemente burlado á este hermano que Dios me dió, necio por naturaleza y gracia, y presumido de que todo se lo sabe!... Vamos á darle la infausta noticia... (Se encamina á casa de don Manuel; después se detiene.) No, el asunto es serio, y si el tiempo se pierde, si yo no pongo la mano en esto, puede suceder un trabajo... Al fin es hija de un amigo mío... Sí, mejor es... Allí pienso que ha de vivir el comisario...

(Va á casa del comisario, y llama.)

ESCENA III.

UN COMISARIO, UN ESCRIBANO, UN CRIADO, DON GREGORIO.

(Salen los tres primeros por una de las calles. El criado con linterna. La escena se ilumina un poco.)

Comisario.—¿Quién anda ahí?