D. Jerónimo (sacando la bolsa y tomando de ella algunos escuditos).—Usted, amigo don Bartolo, estará en mi casa obsequiado y servido como un príncipe, y entre tanto quiero que tenga usted la bondad de recibir estos escuditos.

Bartolo.—No se hable de eso.

D. Jerónimo.—Hágame usted ese favor.

Bartolo.—No hay que tratar de la materia.

D. Jerónimo.—Vamos, que es preciso.

Bartolo.—Yo no lo hago por el dinero.

D. Jerónimo.—Lo creo muy bien, pero sin embargo...

Bartolo.—¿Y son de los nuevos?

D. Jerónimo.—Sí, señor.

Bartolo.—Vaya, una vez que son de los nuevos, los tomaré. (Los toma y se los guarda.)