D. Jerónimo.—Ahora bien, quede usted con Dios, que voy á ver si hay novedad, y volveré... Me tiene con tal inquietud esta chica, que no sé parar en ninguna parte.

ESCENA II.

LEANDRO (sale por la puerta de la derecha recatándose), BARTOLO.

Leandro.—Señor doctor, yo vengo á implorar su auxilio de usted, y espero que...

Bartolo.—Veamos el pulso... (Tomando el pulso, con gestos de displicencia.) Pues no me gusta nada... ¿Y qué siente usted?

Leandro.—Pero si yo no vengo á que usted me cure; si yo no padezco ningún achaque.

Bartolo (con despego).—Pues ¿á qué diablos viene usted?

Leandro.—Á decirle á usted en dos palabras que yo soy Leandro.

Bartolo.—¿Y qué se me da á mí de que usted se llame Leandro ó Juan de las Viñas?

(Alzando la voz. Leandro le habla en tono bajo y misterioso.)