Leandro.—No, señor, personalmente no me conoce.
Bartolo.—¿Y ella le quiere á usted? ¿Es cosa segura?
Leandro.—¡Oh! de eso estoy muy persuadido.
Bartolo.—¿Y los criados?
Leandro.—Ginés no me conoce, porque hace muy poco tiempo que entró en la casa; Andrea está en el secreto; su marido, si no lo sabe, á lo menos lo sospecha y calla, y puedo contar con uno y con otro.
Bartolo.—Pues bien, yo haré que hoy mismo quede usted casado con doña Paulita.
Leandro.—¿De veras?
Bartolo.—Cuando yo lo digo...
Leandro.—¿Sería posible?
Bartolo.—¿No le he dicho á usted que sí? Le casaré á usted con ella, con su padre y con toda su parentela... Yo diré que es usted... boticario.