Bartolo.—Un excelente didascálico... boticario que llaman ustedes... eminente profesor... Le he mandado venir para que disponga una cataplasma de todas flores, emolientes, astringentes, dialécticas, pirotécnicas y narcóticas, que será necesario aplicar á la enferma.

D. Jerónimo.—Mire usted qué decaída está.

Bartolo.—No importa, va á sanar muy pronto.

ESCENA V.

DOÑA PAULA, ANDREA, GINÉS, DON JERÓNIMO, BARTOLO, LEANDRO, LUCAS.

(Salen los tres primeros por la puerta de la izquierda.)

Bartolo.—Don Casimiro, púlsela usted, obsérvela bien, y luégo hablaremos.

D. Jerónimo.—¿Conque en efecto es mozo de habilidad? ¿Eh?

(Va Leandro, y habla en secreto con doña Paula, haciendo que la pulsa. Andrea tercia en la conversación... Quedan distantes á un lado Bartolo y don Jerónimo, y á otro Ginés y Lucas.)

Bartolo.—No se ha conocido otro igual para emplastos, ungüentos, rosolis de perfecto amor y de leche de vieja, ceratos y julepes. ¿Por qué le parece á usted que le he hecho venir?