D. Jerónimo.—Este bribón, que ha sido su alcahuete... Al instante buscadme una cuerda.

Andrea.—Ahí había una larga de tender ropa.

Lucas.—Sí, sí, ya sé dónde está. Voy por ella.

(Vase por la izquierda, y vuelve al instante con una soga muy larga.)

D. Jerónimo.—Me las ha de pagar... Pero ¿hacia dónde se fueron? ¡Válgame Dios!

Andrea.—Yo creo que se habrán ido por la puerta del jardín que sale al campo.

Lucas.—Aquí está la soga.

D. Jerónimo.—Pues inmediatamente atadme bien de piés y manos al doctor aquí en esta silla... (Bartolo quiere huir, y Lucas y Ginés le detienen.) Pero me lo habéis de ensogar bien fuerte.

Ginés.—Pierda usted cuidado... Vamos, señor don Bartolo.

(Le hacen sentar en la silla poltrona, y le atan á ella, dando muchas vueltas á la soga.)