D. Eleuterio.—Lo que cuesta un mal vestido que uno se haga.
D. Antonio.—En efecto.
D. Eleuterio.—El cuarto.
D. Antonio.—¡Oh! sí, el cuarto. Los caseros son crueles.
D. Eleuterio.—Y si hay familia...
D. Antonio.—No hay duda; si hay familia es cosa terrible.
D. Eleuterio.—Vaya usted á competir con el otro tuno, que con seis cuartos de callos y medio pan tiene el gasto hecho.
D. Antonio.—¿Y qué remedio? Ahí no hay más sino arrimar el hombro al trabajo, escribir buenas piezas, darlas muy baratas, que se presenten, que aturdan al público, y ver si se puede dar con el gallego en tierra. Bien que la de esta tarde es excelente, y para mí tengo que...
D. Eleuterio.—¿La ha leído usted?
D. Antonio.—No por cierto.