D. Hermógenes.—Aquí está mi reloj (Saca su reloj) que es puntualísimo. Tres y media cabales.
D.ª Agustina.—¡Oh! pues aún tenemos tiempo. Sentémonos, una vez que no hay gente.
(Siéntanse todos menos don Eleuterio.)
D. Serapio.—¿Qué gente ha de haber? Si fuera en otro cualquier día... pero hoy todo el mundo va á la comedia.
D.ª Agustina.—Estará lleno, lleno.
D. Serapio.—Habrá hombre que dará esta tarde dos medallas por un asiento de luneta.
D. Eleuterio.—Ya se ve, comedia nueva, autor nuevo, y...
D.ª Agustina.—Y que ya la habrán leído muchísimos, y sabrán lo que es. Vaya, no cabrá un alfiler, aunque fuera el coliseo siete veces más grande.
D. Serapio.—Hoy los Chorizos se mueren de frío y de miedo. Ayer noche apostaba yo al marido de la graciosa seis onzas de oro á que no tienen esta tarde en su corral cien reales de entrada.
D. Eleuterio.—¿Conque la apuesta se hizo en efecto? ¿Eh?