DON ELEUTERIO, DON SERAPIO, DON ANTONIO, DON PEDRO, DOÑA AGUSTINA, DOÑA MARIQUITA, PIPÍ.

D. Eleuterio.—¡Ingrato, embustero! Después (Se sienta con señales de abatimiento) de lo que hemos hecho por él.

D.ª Mariquita.—Ya ve usted, hermana, lo que ha venido á resultar. Si lo dije, si me lo daba el corazón... Mire usted qué hombre; después de haberme traído en palabras tanto tiempo, y lo que es peor, haber perdido por él la conveniencia de casarme con el boticario, que á lo menos es hombre de bien, y no sabe latín ni se mete en citar autores, como ese bribón... ¡Pobre de mí! Con diez y seis años que tengo, y todavía estoy sin colocar; por el maldito empeño de ustedes de que me había de casar con un erudito que supiera mucho... Mire usted lo que sabe el renegado (Dios me perdone); quitarme mi acomodo, engañar á mi hermano, perderle, y hartarnos de pesadumbres.

D. Antonio.—No se desconsuele usted, señorita, que todo se compondrá. Usted tiene mérito, y no la faltarán proporciones mucho mejores que la que ha perdido.

D.ª Agustina.—Es menester que tengas un poco de paciencia, Mariquita.

D. Eleuterio.—La paciencia (Se levanta con viveza) la necesito yo, que estoy desesperado de ver lo que me sucede.

D.ª Agustina.—Pero hombre, ¿que no has de reflexionar?...

D. Eleuterio.—Calla, mujer; calla, por Dios, que tú también...

D. Serapio.—No, señor; el mal ha estado en que nosotros no lo advertimos con tiempo... Pero yo le aseguro al guarnicionero y á sus camaradas que si llegamos á pillarlos, solfeo de mojicones como el que han de llevar no le... La comedia es buena, señor; créame usted á mí; la comedia es buena. Ahí no ha habido más sino que los de allá se han unido, y...

D. Eleuterio.—Yo ya estoy en que la comedia no es tan mala, y que hay muchos partidos; pero lo que á mí me...