D. Eleuterio.—En cuanto á escribir, yo aprendí en los Escolapios, y luégo me he soltado bastante, y sé alguna cosa de ortografía... Aquí tengo... Vea usted... (Saca papel y se le da á don Pedro.) Ello está escrito algo de prisa, porque esta es una tonadilla que se había de cantar mañana... ¡Ay Dios mío!
D. Pedro.—Me gusta la letra, me gusta.
D. Eleuterio.—Sí, señor, tiene su introduccioncita, luégo entran las coplillas satíricas con su estribillo, y concluye con las...
D. Pedro.—No hablo de eso, hombre, no hablo de eso. Quiero decir que la forma de la letra es muy buena. La tonadilla ya se conoce que es prima hermana de la comedia.
D. Eleuterio.—Ya.
D. Pedro.—Es menester que se deje usted de esas tonterías.
(Volviéndole el papel.)
D. Eleuterio.—Ya lo veo, señor; pero si me parece que el enemigo...
D. Pedro.—Es menester olvidar absolutamente esos devaneos; esta es una condición precisa que exijo de usted. Yo soy rico, muy rico, y no acompaño con lágrimas estériles las desgracias de mis semejantes. La mala fortuna á que le han reducido á usted sus desvaríos necesita, más que consuelos y reflexiones, socorros efectivos y prontos. Mañana quedarán pagadas por mí todas las deudas que usted tenga.
D. Eleuterio.—Señor, ¿qué dice usted?