D.ª Irene.—Sí, señor, ese plan se ha propuesto.

D. Diego.—¿Y de qué edad murió el venerable?

D.ª Irene.—De ochenta y dos años, tres meses y catorce días.

D.ª Francisca.—¿Me voy, mamá?

D.ª Irene.—Anda, vete. ¡Válgate Dios, qué prisa tienes!

D.ª Francisca.—¿Quiere usted (Se levanta, y después de hacer una graciosa cortesía á don Diego, da un beso á doña Irene, y se va al cuarto de ésta) que le haga una cortesía á la francesa, señor don Diego?

D. Diego.—Sí, hija mía. Á ver.

D.ª Francisca.—Mire usted, así.

D. Diego.—¡Graciosa niña! Viva la Paquita, viva.

D.ª Francisca.—Para usted una cortesía, y para mi mamá un beso.