Ya lo sé.

D. Die.

Pues bien: ahora obedece lo que te mando.

D. Car.

Lo haré sin falta.

D. Die.

Al meson de afuera. (A los dos criados que salen con los trastos del cuarto de D. Cárlos, y se van por la puerta del foro.) Allí puedes dormir mientras los caballos comen y descansan... Y no me vuelvas aquí por ningun pretexto, ni entres en la ciudad... cuidado. Y á eso de las tres ó las cuatro marchar. Mira que he de saber á la hora que sales. ¿Lo entiendes?

D. Car.

Sí, señor.

D. Die.