Nadie. Yo lo sé, yo lo he visto, nadie me lo ha contado, y cuando se lo digo á usted, bien seguro estoy de que es verdad... Vaya, ¿qué llanto es ese?

D.ª Ire.

¡Pobre de mí! (Llora.)

D. Die.

¿A qué viene eso?

D.ª Ire.

¡Porque me ven sola y sin medios, y porque soy una pobre viuda, parece que todos me desprecian y se conjuran contra mí!

D. Die.

Señora Doña Irene...

D.ª Ire.