Señora Doña Irene, hágame usted el gusto de oirme, de no replicarme, de no decir despropósitos; y luego que usted sepa lo que hay, llore, y gima, y grite, y diga cuanto quiera... Pero entretanto no me apure usted el sufrimiento, por amor de Dios.
D.ª Ire.
Diga usted lo que le dé la gana.
D. Die.
Que no volvamos otra vez á llorar, y á...
D.ª Ire.
No señor, ya no lloro.
(Enjugándose las lágrimas con un pañuelo.)
D. Die.
Pues hace ya cosa de un año, poco mas ó menos, que Doña Paquita tiene otro amante. Se han hablado muchas veces, se han escrito, se han prometido amor, fidelidad, constancia... Y por último, existe en ambos una pasion tan fina, que las dificultades y la ausencia, léjos de disminuirla, han contribuido eficazmente á hacerla mayor... En este supuesto...